EL DIABLO ENTRE LAS PIERNAS

Rescoldos y recuerdos

En El diablo entre las piernas, Arturo Ripstein opta por una fotografía descarnada, en blanco y negro, en la que predominan los claroscuros motivados por una iluminación cuidada. No es novedad en la filmografía del director mexicano ya que en sus dos trabajos anteriores, Las razones del corazón (2011) y La calle de la amargura (2015), prevalecía la misma estética. Alejandro Cantú ha sido el director de fotografía de estas tres películas, hecho que unifica el tono de las tres obras. Sin embargo, es en El diablo entre las piernas donde el tono de la fotografía parece mimetizarse con los sentimientos y las relaciones de sus personajes. Una fotografía que da sentido a la oscuridad de la decrépita vivienda donde residen sus protagonistas, que ahonda en lo hórrido de su relación, y que consigue exacerbar las vejaciones y desprecios a los que ella es sometida.

Mediante una fotografía, Ripstein presenta a los dos protagonistas, Beatriz y el viejo, ambos por encima de los setenta y en una relación de concubinato particular. El viejo se levanta y deambula por una decadente vivienda atiborrada de objetos y decoración extravagante. Camina desde su habitación hasta la de Beatriz que yace en la cama. La desarropa y le levanta el camisón para fotografiar sus nalgas flácidas y arrugadas. A continuación, restriega su pene en un sujetador de ella y le dedica una sarta de improperios e insultos por haberse acostado con otro hombre. El sometimiento que ella recibe la convierte en un ser preso y angustiado que parece no conocer otro tipo de relación que la que mantiene con el viejo: un acuerdo de convivencia que les convierte tanto en presos como en víctima y verdugo.

En los últimos tiempos, grandes películas mexicanas se han presentado en España, muchas de ellas después de haber sido presentadas en festivales nacionales e internacionales. Sin señas partículas (Fernanda Valadez, 2020) o Nuevo orden (Michel Franco, 2020) han encontrado un lugar en las salas españolas, mientras que Roma (Alfonso Cuarón, 2018) o Ya no estoy aquí (Fernando Frías de la Parra, 2019) han conseguido gran difusión en VOD. De entre todas ellas, El diablo entre las piernas puede llegar a establecer un paralelismo con Roma. En la película de Cuarón se ensalzaba la figura de la criada de origen humilde que hacía de trabajadora del hogar, cuidadora de los menores y confidente familiar, a la par que establecía las diferencias de clase existentes en México en los años 70. El diablo entre las piernas se puede interpretar como el desenlace futuro de aquella familia burguesa. Una familia que, en la segunda década del nuevo milenio, ha perdido su alcurnia, ha dejado de poseer para consumir en cada suspiro una vida pueril basada únicamente en el interés por salvaguardar su estatus.

En las conversaciones entre Beatriz y el viejo subyace la energía que contamina al resto de relaciones: la del viejo con su amante, la de Beatriz con su compañero de baila, la de ambos con la criada…Así mismo, la memoria se ha convertido una losa a la que aferrarse para explicar el pasado y entender el presente. Una losa que les asfixia, al mismo tiempo que alivia su dolor: el recuerdo de unos hijos que ya no les visitan, el pasado congelado en unas imágenes que recuerdan tiempos mejores, la certeza de que los pliegues de su piel son el comienzo de la decadencia física. Así el juego de la memoria sirve como interfaz de su relación, nucleando gran parte de las conversaciones y convirtiéndolas en diatribas y soliloquios que le dan a la película una esencia más teatral que real, quizás en exceso, aunque bien es cierto que tampoco es novedad dentro de la filmografía del director. El diablo entre las piernas es una obra un tanto densa, que sostiene en cada palabra una verdad aderezada con excesos líricos y que encuentra su mayor valor en su puesta en escena barroca.


El diablo entre las piernas (México, 2020)

Dirección: Arturo Ripstein / Guion: Paz Alicia Garciadiego / Reparto: Silvia Pasquel, Alejandro Suárez, Greta Cervantes, Daniel Giménez Cacho, Erando González, Patricia Reyes Spíndola/ Producción: Antonio Chavarrías, Marco Polo Constandse, Miguel Necoechea, Mónica Lozano / Fotografía: Alejandro Cantú / Edición: Mariana Rodríguez / Música: David Mansfield.

 

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