BLUE EYES AND COLORFUL MY DRESS

Explorar la pureza infantil

Blue Eyes and Colorful my Dress es un documental observacional de Polina Gumiela que tras su paso por la Berlinale llega a España con el festival La inesperada. La película sigue durante varios días a una niña por las calles de un pueblo búlgaro. A través de sus ojos y con gran precisión vemos cómo Zhana descubre el mundo desde su inocente fascinación infantil.

Al igual que Yasujiro Ozu colocaba la cámara a la altura de una persona sentada sobre un tatami, Polina Gumiela lo hace a la altura de una niña de tres años. Ambos consiguen una imagen costumbrista y cercana, muy lejos del artificio. Al filmar a niños de este modo consiguen una ausencia total de paternalismo. La niña tiene el control, toma sus decisiones y se mueve como quiere, pero nunca recibe instrucciones ni reproches provenientes de adultos.

Blue Eyes and Colorful my Dress. Revista Mutaciones

Del mismo modo que la niña observa embelesada el agua saliendo de una fuente, o los patines de su compañera de juegos, el espectador contempla a la niña. Hay algo de hipnótico en mirar cómo alguien descubre aquello que desconoce, sin embargo, el film no solo juega con esta idea. Aunque Blue Eyes and Colorful my Dress sea un ejercicio de inocencia desmedido, la directora  usa, precisamente, la carencia de inocencia de los que miramos para generar una cierta tensión. Lo hace a través de escenas o situaciones que, en ocasiones, parecen tener una intención provocadora.

En primer lugar, durante toda la película la niña camina sola, y aunque hace nuevos amigos y amigas, su única compañía adulta es la de la cámara. Sin embargo, sí vemos cómo los otros niños están acompañados. Por otro lado, cuando oscurece después de un largo día de juegos, algunos niños se marchan a casa, mientras que la protagonista se queda sola y camina en alguna dirección. Desconocemos su hogar y a sus tutores, lo único que confirma que existen y que los días pasan es su vestido, que cada día es distinto.

Hay un momento, avanzada la película, cuando ya conocemos de sobra el mecanismo de Blue Eyes and Colorful my Dress, en el que la niña interactúa con un grupo de hombres que la invitan a pasar a una suerte de almacén en el que guardan pequeñas atracciones para niños. Estos momentos −y sobre todo la última situación− despiertan una irremediable sensación de desasosiego en el espectador. Aunque la película deje de lado algunas aclaraciones porque pretende centrarse exclusivamente en las cotidianas exploraciones de Zhana, consigue generar una incertidumbre infundada, ya que realmente va acompañada del equipo en todo momento. Sin embargo, la niña ignora la presencia de la cámara y termina por contagiarnos de esa pasividad.

Blue Eyes and Colorful my Dress. Revista Mutaciones

Blue Eyes and Colorful my Dress es una mirada introspectiva en la que tendemos a comparar la inocencia de Zhana con la oscuridad que nos otorga la propia experiencia. Hay algo melancólico en esto, y es que la protección infantil, aunque innegablemente necesaria, coarta la libertad y la capacidad de descubrir de los más jóvenes. Esto, sumado al contraste entre la ingenuidad de la pequeña y la arquitectura en decadencia que la rodea, intensifica esta visión de los niños como víctimas y como agentes de pureza caduca.


Blue Eyes and Colorful my Dress (Polina Gumiela, Alemania, 2020)

Dirección: Polina Gumiela / Guion: Polina Gumiela / Producción: Deutsche Film- und Fernsehakademie Berlin / Fotografía: Polina Gumiela / Montaje: Polina Gumiela / Reparto: Zhana Henkes.

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