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VIVIR LA TIERRA

Y la vida continúa…

Vivir la tierra Revista Mutaciones

Vivir la tierra (Sheng xi zhi di, Huo Meng, China, 2025) parece construirse sobre una paradoja en la que, cuanto más tiempo se detiene la cámara en lo que sucede frente a ella, más evidente resulta que lo importante es el tiempo que permanece cuando la acción principal ya concluyó. Durante esa suspensión temporal, Huo Meng, encuentra una forma de realismo para registrar la vida de una familia en la China rural de los 90 y, al mismo tiempo, hacer palpable aquello que la atraviesa, es decir, la tierra que trabajan, que condiciona sus vínculos y que, incluso después de la muerte, es el lugar al que regresan.

La película sigue a Chung (Wang Shang), un niño de diez años que vive con su familia materna ya que sus padres trabajan en la ciudad y no pueden mantenerlo. Si bien el protagonista es un espejo de la propia historia vital del director, la mirada de Huo Meng rehúye de convertirlo en el centro absoluto de la historia. Chung es, más bien, el punto de partida desde el que se dan a conocer a los demás personajes de la familia. Así, el guion de Meng, opta por una narrativa coral en la que ninguna de sus historias puede separarse completamente del espacio que habitan. Por esto es que el costumbrismo pictórico de la película se construye desde una distancia espacial que, paradójicamente, termina acercando al entramado familiar. Por ejemplo, la escena en la que están cortando el trigo comienza con un plano casi detalle de unas manos en primer término con el machete tajando las espigas de trigo y, en la siguiente sucesión de planos, la cámara se acerca paulatinamente a ellxs hasta que toman un descanso para comer helado. Es en esta pausa donde, la cámara, al volver a alejarse en un plano general, encuadra de una manera que rememora al costumbrismo, enseñando el lugar ocupa cada unx de lxs personajes en la orquesta familiar, aún cuando las acciones principales (cosechar el trigo y compartir un helado) ya han terminado.

Esta insistencia en permanecer encuentra uno de sus ejemplos más claros en las escenas de mayor violencia explícita. Cuando el padre de Jihua, Tuanjie (Zhong Wan), le rompe un palo de madera en la espalda a su hijo por haber pisado el algodón de la vecina. Una vez que Tuanjie deja de gritar y perseguir a Jihua, la vecina se va y, aunque el plano podría cortarse, no lo hace inmediatamente. Se mantiene en esa espera para desvelar cómo funciona la dinámica familiar en realidad. De nuevo, el director insiste en establecer una verídica relación con la realidad, por permanecer en el instante que le sigue al corazón de la escena. En este caso, muestra cómo Chung, el primo favorito de Jihua, se lo lleva consigo a su casa para protegerlo y, mientras tanto, Tuanjie vuelve a desgranar el trigo como si nada hubiera ocurrido, enseñando la crudeza real después de tal acto de violencia. Así, Huo Meng, parece comprender que tanto la violencia como el trabajo, no terminan cuando acaban los gestos que los provocan, sino que quedan suspendidos en el tiempo, donde cobran otro valor. Aunque siguen siendo momentos en los que -en términos estrictamente narrativos- podría haberse producido un corte, Meng decide esperar para construir una transparencia que se acerca a una terrible realidad por su símil al tiempo no ficcional.

Vivir la tierra Revista Mutaciones

Es precisamente en esta suspensión donde la película puede ponerse en diálogo con el Shan Shui, el estilo de pintura china de paisajes que enmarca una mirada más amplia que la perspectiva lineal occidental y hace posible la libertad de mirar al mismo tiempo diferentes puntos del cuadro. Este estilo pictórico permite establecer un vínculo entre lo humano y la naturaleza que lo excede y captura, con esa amplitud, una espiritualidad que trasciende a la veracidad de la propia imagen. En Vivir la tierra, Huo Meng traslada esta concepción a lo cinematográfico a partir de retratar un paisaje que permite que lxs personajes que lo habitan, realmente parezca que existan tanto dentro de él como en la infinidad en la que lxs enmarca. Es así, que se muestran pequeñxs dentro de los planos generales; cruzan el campo de trigo, desaparecen entre la niebla o atraviesan el horizonte… sin llegar a volverse insignificantes. Al contrario, encuentran en esta escala de representación una peculiar comprensión. De la misma manera que ocurre en los paisajes de la pintura china, la familia protagonista de Vivir la tierra, forma parte de un ciclo mayor. La conversación entre Chung y su bisabuela (Yanrong Zhang) sobre la posteridad de sus cenizas, condensa con una preciosa sencillez esta observación. Ella pregunta adónde van las cenizas al cremarse, a lo que él responde: “a la tierra, al río”. La respuesta en sí misma, tal vez no tendría más valor que la propia poesía del diálogo si no fuese por el último plano de la película, donde la cámara, al alejarse completamente del camino que atraviesan para esparcir las cenizas de ella, convierte su muerte en una nueva forma de pertenencia. El cuerpo que más ha permanecido en esa tierra, vuelve al mismo espacio que habitó en vida, solo que lo hace en una materialidad diferente. Incluso por si esa mimesis no fuese lo suficientemente explicita, Huo Meng, lo reafirma haciendo que a Chung se le caiga la urna mientras van en la carreta, en una especie de gag que refuerza la idea de que la vida continúa a pesar de los accidentes o las acciones “principales”. 

En esta misma línea de lectura, el trigo que la familia cosecha, el algodón que utiliza para hacer las mantas que lxs ayudan a atravesar el invierno y los ladrillos de barro que hacen para el horno, funcionan más que solo elementos que construyen la ambientación de la vida rural. Se presentan también como las materias con las que la película construye su propia textura poética, donde la familia no vive simplemente en la tierra, sino que vive a través de ella. Por eso resulta tan significativo que, cuando llega la apabullante tormenta, la familia se preocupe primero por cubrir el trigo cosechado antes que por protegerse a sí mismxs. “Aquí está el dinero espiritual”, dice uno de los tíos al referirse a la tierra, expresando verbalmente la idea principal que atraviesa la película: la naturaleza que posee un valor espiritual es también de lo que depende la supervivencia económica. Y hace, entonces, que la tierra sea simultáneamente espíritu y subsistencia.

Desde esta mirada, la película se distancia de un Shan Shui puramente contemplativo. Huo Meng toma su lógica espacial y espiritual y la perfora de cuerpos que trabajan. Allá donde la pintura podía representar al ser humano como una figura diminuta frente a la inmensidad de la montaña, Vivir la tierra coloca campesinxs que cosechan, que fabrican ladrillos, que celebran bodas y entierran a sus muertos, todo en la misma tierra. De esta forma, el paisaje, deja de ser solo un espacio para convertirse en la condición material de su existencia. Y así, el director traza una posible lectura donde la contemplación no implica mirar con distancia al objeto que se retrata sino que, por el contrario, la contemplación a la tierra (objeto) significa mirar lo que la contiene (el trabajo tanto espiritual como físico).

En esta lógica simbólica de la película, el elemento del aire ocupa un lugar central. Como el vacío -el Liubai– en la pintura tradicional china, representa un espacio en activo y no una ausencia, la bruma que aparece en varias ocasiones (ya sea por el humo propio de alguna fogata que hacen lxs vecinxs de la familia, por el polvo de la tierra que se levanta al andar algún coche o por la niebla misma de la naturaleza) permite que el paisaje respire, que el tiempo se dilate y que los cuerpos aparezcan y desaparezcan dentro de ella. Por ejemplo, en el plano de la cueva después de la muerte en fuera de campo de Jihua, la cámara permanece inmóvil mientras la polvareda de tierra atraviesa el cuadro y, la oveja de Jihua, que está junto al cuerpo que yace en la tierra, mantiene la mirada a cámara. Esta permanece en el espacio sin ninguna acción que registrar más que esa sórdida mirada del animal y la porosidad de la neblina, consiguiendo expresar con mayor claridad la idea de pertenencia que atraviesa a toda la película; la tierra lxs envuelve, incluso después de la muerte y lxs vela en su ausencia hasta volver a integrarlxs con ella. Quizás en esta cosmovisión cíclica reside la inmensa poética de Vivir la tierra, en la cual, el verbo «vivir», connota no tanto el habitar la tierra, más bien, el dejarse atravesar por ella.


Vivir la tierra (Sheng xi zhi di, Huo Meng, 2025)

Dirección, montaje y guion: Huo Meng / Producción: Zhang Fan, Yao Chen / Dirección de Fotografía: Guo Daming / Diseño de Producción: Yu Shuyao / Diseño de Sonido: Li Tao / Reparto: Wang Shang, Zhang Chuwen, Zhang Yanrong, Zhang Caixia, Zhou Haotian, Zhong Wan.

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