ROMA

Una crítica de Roma

Narrar un recuerdo no es algo fácil. Para empezar, ya se sabe que la memoria es traicionera y le encanta generar espejismos y certezas infundadas. A esa inestabilidad se une otra aún mayor, que es la inherente a contar lo vivido. Recordar no es describir una situación, sino que su materia prima son las sensaciones y las emociones de ese momento particular. Sin eso, el recuerdo se convierte en crónica y deja, por tanto, de ser recuerdo. Por eso muchos cineastas a lo largo de la historia han optado por acercarse a la memoria asumiendo que no se trata de recuperar el hecho, lo fundamental es recuperar la emoción que el hecho provocó en nosotros. De ahí que la infancia de Fellini en Amarcord (1973) esté revestida de semejante exceso o la narración de Tale of Tales (Yuri Norstein, 1979) aparezca fragmentada hasta el punto de perder toda lógica argumental: ambos cineastas prefieren la emoción al hecho.

Roma - Revista Mutaciones

Es posible que con una perspectiva similar se plantease Alfonso Cuarón su nueva película, Roma. Como se ha dicho ya una y otra vez, se trata de una narración autobiográfica sobre la infancia del director en un barrio de familias pudientes y su relación con la niñera que le cuidaba a él y sus hermanos. Solo que no puede ser una narración autobiográfica porque los niños apenas tienen importancia (apenas tienen nombre, de hecho). El foco está en la vida de Cleo, la joven indígena que se encarga de mantener en orden la vida de esa familia mexicana que de alguna forma debe parecerse a la que Cuarón recuerda de la suya propia en los años 70. Cuarón sigue a Cleo en su trabajo pero también fuera, mostrando sus momentos más íntimos. O sea, todos aquellos que él jamás pudo ver.

Por tanto, Roma solo puede ser retrato de la infancia de Cuarón de forma tangencial porque es sobre todo una construcción ficticia en base a un personaje o personajes reales de esa infancia. O, dicho de otra forma, Cuarón afronta su pasado y, al darse cuenta de que lo interesante está en la vida de un personaje habitualmente invisibilizado, se aparta para que podamos ver. Se trata de una pirueta narrativa muy propia del cine de Cuarón, pero también un acto de generosa humildad.

Para contar su pasado sin ser él el protagonista, Cuarón basa la puesta en escena en dos pilares principales: el plano general y la panorámica. En cada instante, y Roma está llena de instantes, la cámara nos coloca en el mejor espacio para verlo todo, asegurándose de que Cleo se va a mantener presente de una u otra forma, y después se mueve lenta, metódicamente. Como quien se coloca en un promontorio y lentamente otea el horizonte, admirando cada detalle. Incluso en los momentos más agitados, como esa brutal respuesta a una manifestación estudiantil, la cámara se mueve a ritmo calmado y constante, obligando al espectador a sentirse espectador, un intruso en el recuerdo de otra persona. Esta operación supone un notable enfriamiento de todos los momentos dramáticos, que uno siente como si los estuviera observando desde un cristal.

Ni siquiera las rupturas visuales (ese brillante montaje de planos cortos que definen al pater familias; el oleaje de agua y jabón con el que abre la película) y las de tono, tan comunes en el cine de Cuarón, logran caldear una película que se mueve en unas coordenadas más reflexivas que emocionales y a la que se podría acusar de ser excesivamente hermosa, de estar demasiado calculada, con sus impecables composiciones, su blanco y negro cuidadosamente contrastado y ese diseño de sonido que aprovecha todos y cada uno de los canales para resultar lo más inmersivo posible.

Puede que ambas cosas sean ciertas, pero eso no quita que el film de Cuarón sea un importante triunfo. El mexicano logra construir una mirada lo más compleja posible a la lucha de clases, el principal terreno de la película. Una noche, la familia entera se sienta a ver la televisión. Cleo los acompaña, arrodillada sobre un cojín junto al sofá, con uno de los niños en su regazo. Pero cuando la madre necesita algo, es Cleo la que no tiene más remedio que levantarse para lleva a cabo la tarea, por mucho que el niño se queje. El cariño de la familia rica hacia Cleo es real y sincero, pero la brecha que les separa (y que está impuesta por la propia familia) es insalvable. Sí, ellos la quieren casi como si fuera una más de la familia. Casi, porque es imposible querer a alguien plenamente en una relación como esa. Una relación que el propio Cuarón, en un acto de sinceridad que le honra, desnuda en esta notable película que busca aportar cierta horizontalidad a lo que siempre fue vertical.

Una experiencia personal con Roma

Hace ya unos cuantos días que asistí a la proyección de Roma en uno de los pocos cines de Madrid en que se ha podido ver antes del estreno mundial en Netflix. A lo largo de estos días, que han desfilado a la par que las muchas listas de lo mejor del 2018 (en las que Roma aparecía siempre), buena parte de la película se ha ido alojando en esos espacios ocultos de mi memoria a los que puedo acceder si es necesario pero que no están claramente a la vista.

Sin embargo, un plano, un único plano, sigue grabado en mi retina sin que me lo pueda sacudir de encima. Es un instante a mitad de la historia, un amplio y profundísimo plano de una sala de cine, con la protagonista y su novio casi en primer término y la pantalla al fondo, como si fuera la cola de un larguísimo ciempiés compuesto de butacas y sus respectivos espectadores, tan lejanos que solo se les puede calificar de personitas. Un filme alemán, aparentemente una especie de historia bélica de tono ligero, inunda la pantalla y baña el resto de la sala con sus blancos y negros. Desconozco el título del film, pero he preferido no buscarlo en Internet, hay algo atractivo en la idea de que esa película solo exista dentro de una sala de cine que solo existe en un plano de Roma.

Puede que haya otras razones ocultas por las que ese plano se ha quedado grabado a fuego en mi memoria, pero la principal que se me ocurre es que no puedo pensar en otra imagen que represente mejor que esa lo que supone ir al cine. Las salas de cine, en especial esas antiguas salas de cine grandes como campos de futbol, me fascinan porque son espacios públicos a los que acudimos para llevar a cabo una actividad, la de ver una película, que es profundamente solitaria. Pero esa no es su única paradoja.

A pesar de que el objetivo principal de acudir al cine es el de detener tu vida durante un par de horas para vivir la de otros, la sala oscura también es un espacio en el que suceden cosas. En la sala en la que vi la película de Cuarón, una mujer se desmayó en un momento de gran intensidad dramática; dentro de la propia película, en ese plano que no me puedo quitar de encima, Cleo y su novio se besan y ella le hace una confesión que va a marcar el devenir de la historia. Y una última paradoja más, la de que sea precisamente el más prestigioso título del catálogo de Netflix el que contenga un plano así.

Aunque tanta paradoja puede acabar por resultar un tanto irritante (a veces es agradable encontrarse con algo sencillo y claro), también puede ser un excelente indicativo de que se ha dado con algo interesante. En lo que a mí y a Roma respecta, he podido leer a mucha gente que habla de sus experiencias emocionales con la historia de Cuarón, experiencias con las que no me acabo de identificar por razones que detallo en la columna de al lado. Sin embargo, ese maldito plano del cine, que representa tan bien una idea que me ronda pero también una emoción que pierde toda su fuerza cuando la expreso, ese plano me acompañará toda la vida.

Roma - Revista Mutaciones

Roma (México, EEUU, 2018)

Dirección: Alfonso Cuarón Guion: Alfonso Cuarón Producción: Nicolás Celis, Alfonso Cuarón y Gabriela Rodríguez para Esperanto Filmoj y Participant Media / Fotografía: Alfonso Cuarón / Montaje: Alfonso Cuarón y Adam Gough / Diseño de producción: Eugenio Caballero / Reparto: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Diego Cortina Autrey, Carlos Peralta, Marco Graf, Daniela Demesa, Nancy García García, Verónica García

4 comentarios en «ROMA»

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.