URCHIN
Un cuerpo es social
El cine social británico –Loach, Leigh o Anderson– con sus tramas oscuras, cotidianas, protagonizadas por trabajadores; empleando en ocasiones actores no profesionales, buscando las imágenes inestables y sucias, centrándose en los primeros planos o los generales que contrasten el individuo con la fábrica, etc. ha configurado un mapa de encuentros y desencuentros políticos y estéticos alrededor de las crisis contemporáneas. El cine británico más social siempre ha sido uno de los cines más anclados al presente. Pero, como algunos críticos señalan, poco tiene que ver el cine social de los 60 y 70, en el que el foco era el trabajador como clase social, con el de los 90, en la que la clase trabajadora se representa como consumidora. Ahora, partiendo de la concepción del cine social más sombría y poco optimista de su país de origen, Harris Dickinson reta con Urchin, su debut como director, la concepción del cine social realista, o incluso naturalista, adentrándose en lo fantasioso y mágico para dirigir la atención hacia las personas sin hogar como víctimas no olvidadas, sino ignoradas.

Urchin es la Odisea de Mike (Frank Dillane), un joven que vive en la calle, alcohólico y violento, que tendrá la oportunidad de reinserción tras pasar un tiempo en la cárcel. Dickinson se propone, desde el realismo, destruir poco a poco lo que parece una historia de segundas oportunidades, de esfuerzo y aprendizaje, y un sueño romantizado de superación. Dibujar a Mike como víctima, aun reconociendo errores y violencias que ejerce sobre otros a lo largo de las distintas etapas (como si fueran aventuras efímeras que atraviesa), es reconocer la sociedad, la imagen más amplia en la que se encuadra la película pese a parecer a simple vista la historia de un individuo. Se propicia el aislamiento de Mike, se le atrapa en la pequeña habitación, en la cocina; sus palabras sólo encuentran el silencio como respuesta en la oficina de la trabajadora social, pero también se le encierra en el plano hermético y claustrofóbico que no le deja escapar. Estas cualidades denotan un constante fuera de campo agobiante que es la rueda neoliberal y capitalista que rechaza a Mike y a otros como él –será el caso del personaje que interpreta el propio director, un joven que el plano aprisiona hasta hacerlo pequeño para poder sobrevivir–. Al hablar de Mike como víctima, no se le blanquea o santifica: es decir, no se le victimiza, porque Mike posee agencia –roba, pega, grita– como respuesta a la soledad que se le ha obligado a soportar. La víctima simplemente es humana.
Quizás por esta razón Dickinson decide escoger el humor como forma de escape., Un humor negro que pone en el centro a Mike, en ocasiones desde el ridículo. No obstante, quizás la diferencia con otras películas que quieren utilizar el humor en el cine más social y político es que lo reducen, precisamente, a la ridiculez y a la broma repetida y exagerada, como le sucede a Ruben Östlund en el Triángulo de la tristeza (2022) –película protagonizada por Dickinson–. El humor de Urchin está muy anclado a la propia interpretación de Dillane: en su cadencia en la pronunciación, en sus gestos, la forma de moverse lánguida y serpenteante. El humor es una forma política, Mike minimiza lo que le sucede y lo que hace a través de su propia ridiculización ante otros. La risa que puede provocar Urchin es siempre agridulce y nunca satisfactoria porque nace del dolor.

Y aunque ni su narrativa ni humor permiten que en la película asome un atisbo de esperanza, en ocasiones brilla el optimismo, el sueño por algo mejor. Está en los insertos oníricos y mágicos que trasladan a Urchin al plano de la imaginación, pero también en las secuencias en las que Mike, por un momento, puede ser libre. Contrastando con esa cámara que le persigue siempre centrándole, cuando sale de fiesta con sus compañeros de trabajo o bebe y se droga en el campo con los amigos de su novia –tras romper su sobriedad– el movimiento trasciende la pantalla, rechaza que se le atrape, deja de ser un individuo para ser un pequeño colectivo, el cuerpo se multiplica, y aunque no se hace masa –quizás ya es imposible hacer cine sobre la masa–, hay un apoyo en otras personas. Son estos momentos los que precederán a la tormenta, a la caída de Mike. Urchin se aleja por completo, como lo hacía el cine social británico anterior, de cualquier idealismo de clase, político y cinematográfico. Mike está atrapado en un torbellino de violencia y abandono, al igual que dentro de la película, confinado en sus cuatro límites, abatido y encogido, solo.
Urchin (Harris Dickinson, Reino Unido, 2025)
Dirección: Harris Dickinson / Guion: Harris Dickinson / Producción: Eva Yates, Ama Ampadu, Alexandra Tynion, Oliva Tyson / Director de fotografía: Josée Deshaies / Montaje: Rafael Torres Calderón / Música: Alan Myson / Reparto: Frank Dillane, Megan Northam, Harris Dickinson
