DREAM SCENARIO
La cancelación del subconsciente
Los paralelismos entre lo cinematográfico y lo soñado han sido abordados desde múltiples perspectivas a lo largo de la historia. Surrealistas, psicólogos o mercaderes buscando exprimir hasta el último centavo de una concepción industrial del cine interesada en equipararla a una “fábrica de sueños” han tendido puentes más o menos sólidos entre la ensoñación y el estadio de duermevela que se le presupone a todo espectador cinematográfico. Quizás por eso resulta difícil no asumir lo planteado por la entretenida Dream Scenario (Kristoffer Borgli, 2023) como la prolongación mainstream, auspiciada por la producción de Ari Aster y la compañía A24 como garantes de cierta singularidad, de aspectos de Sick of Myself (2022) (interesante primera película de su director, guionista y montador de la que hereda también su director de fotografía, Benjamin Loeb), aunque contemplados desde la sátira hacia algunos de los efectos de la cancelación cultural tanto en el cine en particular como en la industria del audiovisual en general.

Su punto de partida y desarrollo se dirían un eco atenuado de los que años ha hicieron fortuna bajo la pluma de guionistas como Charlie Kaufman y la batuta de cineastas con el relumbrón (y demostradas capacidades) de Michel Gondry, Spike Jonze o el propio Kaufman en sus esporádicas incursiones tras las cámaras: Paul Matthews (Nicolas Cage) es un profesor universitario que pasa sus días acomplejado por saberse un don nadie para la mayoría de los que le rodean y que parece haberse eclipsado en su deteriorado matrimonio con Janet (Julianne Nicholson) y la relación con sus dos hijas: Hannah (Jessica Clements) y Sophie (Lily Bird).
Pero su anonimato termina cuando, sin motivo alguno, Matthews comienza a aparecerse en los sueños de los demás, convirtiéndose de la noche a la mañana en una singularísima celebridad de alcance mundial.
Pero su fama (y ascenso social), se torna en su contra después de un incómodo incidente que pone a prueba su ego, dando pie a una noche de insomnio llena de reproches y culpa que coincide, casualidad o no, con un cambio de tercio en sus apariciones oníricas. Desde ese momento, Paul pasa a intervenir en los sueños como asesino, protagonizando mil y una pesadillas y convirtiéndose en el trasunto consciente de Freddy Krueger y en la causa de un trauma social aunque él, como repite una y otra vez, no tiene culpa alguna ya que no ha hecho nada en realidad.
Pese a la originalidad de este planteamiento, lo afilado de muchos de sus dardos y de su agradecida renuncia a explicar el porqué de la capacidad de Paul para ocupar la duermevela ajena, Borgli opta ya desde su guion por un desarrollo cómplice con el espectador dándole la forma de una divertida comedia ligera que oculta no pocas cargas de profundidad sobre los desmanes de una sociedad situada a un paso de juzgar y castigar los pensamientos como si fueran acciones. Aun con toda esa buena voluntad, no cuesta ver en Paul el artista soñado por el surrealismo por su espontánea capacidad para hacer del subconsciente colectivo su campo de acción creativa o, a la luz del juicio sumario al que es sometido y algunos elementos que se repiten en su trama, en el sosías de muchos de los cineastas que han sido cuestionados por los incómodos efectos de sus obras sobre los espectadores y lo que creemos que éstas nos dicen de sus autores.

En Dream Scenario proliferan los diálogos sobre la naturaleza de los sueños como espacios de libertad y depuración de todo aquellos que nos perturba pero, al mismo tiempo, nos humaniza en paralelo con la recurrencia de escenarios de representación en forma de tarimas docentes, mesas de firmas literarias o teatros, que permiten establecer una evolución del lugar que la fama y sus indeseables consecuencias van deparando al gris protagonista interpretado por un Nicolas Cage capaz de dotar de ternura y humanidad a la película con un personaje que sobre el papel bascula entre el patetismo y la autocompasión.
Las esporádicas salidas de tono en lo que a puesta en escena se refiere, con intermitentes y rapidísimos cortes y momentos de descoordinación entre sonido e imagen, no logran empañar un conjunto mainstream que pese a resultar más que agradable en su falta de pretensiones no logra dotar de atmósfera a Dream Scenario en instantes tan proclives a la abstracción o la retranca expresiva como pueden ser la descripción de los sueños de muchos de sus personajes. Incluso en estos momentos, la puesta en escena de Borgli apenas difiere de la de la vida cotidiana, y no tanto, se diría, para equiparar sueño y vigilia sino como parte de un todo que renuncia a adentrarse en territorios más atrevidos de los señalados por su guion en favor de una mayor (y productiva) amabilidad.
Guion que, por otra parte, ni siquiera se molesta demasiado en llevar el drama personal de Matthews a puerto, en cuanto cede su conclusión a una subtrama tardía pero también muy lúcida sobre la rentabilización que de la cultura de la cancelación (y del necesario derecho a la protesta que lo insufla) se está llevando a cabo desde al menos una parte de la industria del audiovisual. Y aunque este último tramo remata lo obvio del discurso general de la película también brinda un bonito y agridulce broche nerd que demuestra, a pesar de la histeria social desatada por Paul Matthews entre sus congéneres, que algunos sueños, como ocurre con películas tan simpáticas como Dream Scenario, no son más que inofensivas purgas internas que apenas dejan huella al despertar.
Dream Scenario (EEUU, 2023)
Dirección y guion: Kristoffer Borgli / Producción: Lars Knudsen, Ari Aster, Tyler Campellone, Jacob Jaffke y Nicolas Cage para A24, Square Peg y Wildling Pictures / Dirección de fotografía: Benjamin Loeb / Montaje: Kristoffer Borgli / Música: Owen Pallett / Intérpretes: Nicolas Cage, Julianne Nicholson, Michael Cera, Tim Meadows, Dylan Gelula, Dylan Baker, Jessica Clements, Lily Bird.

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