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LA ZONA DE INTERÉS

Entre formas y convicciones elípticas

A estas alturas, debería estar permitido entrar en la sonada secuencia final (que ya fue un secreto a voces en Cannes) de la cinta que aquí nos reúne, sin que nadie se alarme por menciones explícitas. Al fin y al cabo, ahora que se ha estrenado en salas españolas, gran parte de la discusión de la película se ha articulado en torno a ella. El elíptico contraplano que Jonathan Glazer propone, concentra el peso de todo un ensayo moral de cómo filmar lo infilmable. Una decisión que resignifica el resto de imágenes compuestas y que pone en riesgo el corpus formal de la obra trayendo la narrativa al presente, en un gesto que puede ser percibido como barato. Y así sería si no fuera por el lenguaje cinematográfico aplicado por Glazer para convivir, a dos pasos del campo de concentración de Auswitch, con la familia del comandante nazi Rudolf Höss (Christian Friedel).

El cineasta británico se ha emparentado, consciente o inconscientemente, con Kelly Reichardt y su comprometida lógica de puesta escena, ligada al espacio-tiempo en el que sus historias se desarrollan. Meek’s Cutoff (Reichardt, 2010) achataba la imagen del western y sus paisajes bajo un formato 4:3 para fidelizar al espectador con la oprimida mirada femenina, mientras que First Cow (Reichardt, 2019) inventaba un idioma formal para la Oregón pre-industrial (con movimientos de cámara limitados) y otro para la invasora propiedad del jefe de comercio (caracterizada por visajes más envolventes). Casualmente, esta última finaliza igual que La zona de interés, con una elipsis que se sirve de un complejísimo retrato de una época de la historia reciente para cuestionar la actualidad. Evidentemente, la gravedad del tema de Glazer es mayor que el de Reichardt (aunque esta despliega sigilosamente un deprimente yugo que cada vez nos aprieta más: el del capitalismo), pero la dinámica para acercarse a ellos hace que ambos autores dialoguen en un riguroso retrato etnográfico. O lo que es lo mismo, la complicada tarea de la representación de la violencia.

Para ello, Glazer ha vuelto a su sistema de multicámaras estáticas, abandonando el set de rodaje (la vivienda de la familia en la ficción) y dejando espacio para que los actores se muevan de forma natural por él. La imagen, en la que aparecen encuadrados los exteriores del recinto nazi y se evita el horror con el fuera de campo, está dotada de un tenue cáliz de luz, fruto de una fotografía natural. Se han evitado focos y las fuentes lumínicas empleadas son lámparas de la época. A través de este marco, La zona de interés se dispara como un film dispositivo de estoica mirada y agotadoras (que no agotadas) convicciones. Un artefacto hermético, áspero e inquietante en la materialización de un mal ahora visto como espectro.

Llegado a un punto, al comandante Höss le ordenan abandonar su posición como director de Auswitch y reubicarse en Berlín. Es a partir de ahí que la narrativa de la cinta serpentea y sale de su espacio-burbuja, liberándose, en cierta medida, de la rigidez de su propuesta. Se mantiene, aún en otro país, la onda sonora que acecha a la familia, con la perturbadora música de Mica Levi extendiéndose como la sombra de la conciencia esquiva, la manifestación del mal que no quiere ver, pero no tiene más remedio que oír u oler. En relación a esto, basta con prestar atención a la escena en la que Hedwig Höss (Sandra Hüller) acerca a su bebé a las flores para que este se acostumbre a disimular el olor de los cadáveres calcinados en el crematorio.

Con La zona de interés, Glazer abandona la evocación que sus imágenes habían despertado y se encomienda a una bidimensionalidad tan lisa como certera. Un mensaje en una botella, reacio a terceras interpretaciones, conjugado en apenas media docena de movimientos de cámara (seis travellings laterales) e incontables planos fijos. Una película impulsada por las convicciones y ahogada (entiéndase esto para bien o para mal) en ellas.


La zona de interés (The Zone of Interest. Reino Unido, 2023)

Dirección: Jonathan Glazer / Guion: Jonathan Glazer / Producción: Tessa Ross, Ollie Madden, Reno Antoniades, Len Blavatnik, Daniel Battsek, Danny Cohen, David Kimbangi, Ke’Lonn Darnell / Fotografía: Lukasz Zal / Música: Mica Levi / Montaje: Paul Watts, Andreas D. Nold / Reparto: Sandra Huller, Christian Friedel, Freya Kreutzkam, Ralph Herforth, Max Beck, Ralf Zillmann, Imogen Kogge, Stephanie Petrowitz

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