Estrenos

EL BESO DE LA MUJER ARAÑA

Adaptar lo ya adaptado

El beso de la mujer araña Revista Mutaciones

El beso de la mujer araña (2025), de Bill Condon, es la adaptación cinematográfica en clave musical de la novela homónima de Manuel Puig, protagonizada por Jennifer López, Tonatiuh y Diego Luna. La película se inscribe dentro de una genealogía compleja de adaptaciones del texto original: primero, la novela publicada por Puig en 1976; después, la adaptación teatral realizada por el mismo autor en 1982, dirigida en España por el cineasta José Luís García Sánchez y protagonizada por Juan Diego; en 1985, la versión cinematográfica dirigida por Héctor Babenco; y, más tarde, el musical de Broadway creado por John Kander y Fred Ebb en los años noventa. La película de Condon no aparece, por tanto, en un territorio virgen, sino sobre un material ya atravesado por capas sucesivas de lectura, reescritura y mitificación.

La novela del argentino Manuel Puig mezclaba política, deseo, cinefilia, represión y afecto dentro de un espacio mínimo: la celda de una prisión, de un país latinoamericano cualquiera. Allí convivían dos presos aparentemente irreconciliables. Por un lado, Valentín Arregui, militante político de izquierdas, serio, disciplinado y comprometido con la revolución. Por otro, Luis Molina, un hombre homosexual encarcelado por “corrupción de menores”, sensible, fantasioso y enamorado del cine clásico. La historia se construía casi por completo a través de sus diálogos, complementados por informes policiales, interrogatorios y notas al pie sobre psicoanálisis y sexualidad. En la frialdad de esta celda, Molina le contaba a Valentín películas que recordaba: melodramas, aventuras, cine romántico, historias de terror. Esos relatos funcionaban como evasión, pero también como una forma de seducción, cuidado y comunicación emocional. Lo que al principio parecía una incompatibilidad absoluta de caracteres se transformaba poco a poco en una relación de profunda complicidad. En la novela de Puig, el cine no era un simple ornamento cultural: era refugio, lenguaje íntimo y mecanismo de supervivencia.

La adaptación cinematográfica más famosa sigue siendo la película de 1985 dirigida por Héctor Babenco. La protagonizaron William Hurt como Molina (papel por el que ganó el premio al mejor actor en Cannes y el Óscar ese mismo año), Raúl Juliá como Valentín Arregui y Sonia Braga en los personajes femeninos y fantásticos ligados a las películas narradas por Molina. La gran decisión cinematográfica de Babenco fue convertir esos relatos en secuencias visuales, casi pequeños filmes dentro del filme, de una estética deliberadamente kitsch. Pero aquí lo kitsch no era utilizado como parodia, sino como reflejo del mundo interior de Molina: teatral, sentimental, excesivo y profundamente vulnerable.

Aquella película entendía que, para Molina, el cine no era un entretenimiento vacío. Él no contaba películas solo para pasar el tiempo; las contaba para cuidar a Valentín, para seducirlo, para explicarse a sí mismo y para resistir el encierro. El drama carcelario se abría así hacia una reflexión mucho más amplia sobre el poder de la ficción cuando la realidad se vuelve inhabitable.

A esa versión se sumó más tarde el musical de John Kander y Fred Ebb, también autores de los musicales Chicago y Cabaret. Estrenado en Broadway, y en cartel entre 1993 y 1995, el musical El beso de la mujer araña superó las novecientas funciones. En este nuevo enfoque teatral, la historia seguía encerrada en la cárcel, con Molina y Valentín como centro emocional, pero las fantasías cinematográficas se transformaban en espectaculares números musicales. Donde la novela utilizaba relatos de películas y Babenco escenas filmadas, el musical recurría a canciones, baile, iluminación, vestuario y presencia escénica. Y algunos números musicales más contenidos fueron utilizados para representar la intimidad entre Molina y Valentín, así como escenas políticas y carcelarias.

El beso de la mujer araña Revista Mutaciones 3

La versión de Bill Condon, estrenada en el Festival de Sundance de 2025, nos ofrece numerosas variaciones respecto a sus antecesoras. Así introduce, desde el primer plano de la película, un marco temporal muy concreto: Argentina, 1983. Es una decisión significativa, porque otras adaptaciones habían evitado una localización histórica tan precisa para hacer extensiva la denuncia a cualquier dictadura latinoamericana. Condon, en cambio, sitúa su relato en un contexto reconocible, aunque esa concreción no siempre se traduzca en una mayor dureza política.

El Valentín Arregui de Diego Luna es un revolucionario algo descafeinado, bastante más pendiente del mundo fantástico de Molina que el Arregui interpretado por Raúl Juliá. También cambia la administración del suspense: desde el primer minuto sabemos que Molina, ahora interpretado por Tonatiuh, ha sido colocado en la misma celda que Valentín para obtener información, algo que en la novela y en la película de Babenco no se revelaba hasta bien avanzada la trama. Asimismo, se suaviza el motivo de encarcelamiento de Molina, que pasa de “corrupción de menores” a “escándalo público”. Esta adaptación también intensifica la historia afectiva entre los protagonistas y rebaja el trato vejatorio que sufría el Molina de William Hurt por su homosexualidad.

A cambio, en el film de Condon, la trama de la película contada por Molina gana mucho en coherencia narrativa respecto a adaptaciones previas. Los números musicales y las coreografías, con bailes actuales y un movimiento de cámara muy dinámico, están sostenidos por una Jennifer López (muy bien acompañada por Tonatiuh y no tan bien por Diego Luna), que domina el artificio escénico con absoluta solvencia. En sus mejores momentos, esas secuencias musicales poseen el brillo, la ambición visual y el sentido del espectáculo del gran cine musical hollywoodiense de estudio.

Bill Condon no ha vuelto a realizar una película del nivel de Dioses y monstruos (1998), su espléndido biopic sobre James Whale, pero no cabe duda de que es un cineasta eficaz. La decisión de utilizar cámara en mano en todo lo filmado dentro de la celda aumenta la sensación de angustia y encierro. El contraste entre la iluminación y los colores de la ficción y la realidad (cálidos en las fantasías, fríos en la prisión), funciona con claridad expresiva. La narración paralela de ambas tramas, que avanzan hasta acabar solapándose, casi fundiéndose, en el tramo final de la película, está perfectamente hilvanada.

El beso de la mujer araña Revista Mutaciones 2

Sin embargo, el contexto industrial de la película también pesa. Aunque no pertenezca a una major, el paraguas del estilo Hollywood está muy presente. Condon realiza una película independiente en su contenido, pero mainstream en sus formas. Y eso parece obligarlo a explicar demasiado, a subrayar lo evidente y a hacer más explícito lo que en Puig o Babenco respiraba con mayor ambigüedad. Esto se nota especialmente en el último tramo, donde la película pierde parte de la potencia que había construido en su necesidad de describir lo que ya es evidente.

El beso de la mujer araña de Condon gana en la trama de ficción, pero pierde fuerza cuando se aproxima a la realidad de la celda. La dureza del mundo real, mucho más crudamente representada en la novela de Puig y en la película de Babenco, aparece aquí algo amortiguada. Y esa suavización aleja al filme de una de las ideas esenciales de Puig: la necesidad de que la realidad sea verdaderamente inhóspita para que el refugio mental del cine adquiera todo su sentido. Molina necesita escapar porque el mundo real lo anula; si ese mundo se vuelve menos brutal, el contraste con la fantasía pierde parte de su necesidad.

Aunque los títulos de crédito indiquen que la película se basa en la novela de Manuel Puig, no queda del todo claro si Condon está adaptando la novela, la obra de teatro, la película de Babenco, el musical de Broadway o una mezcla ya filtrada por todas ellas. Tal vez ahí resida el mayor interés, pero también el principal peligro de esta nueva versión: afrontar una obra que ya ha sido adaptada varias veces implica dialogar no solo con el original, sino con todas sus sombras. Y en ese juego de espejos, la película de Condon deslumbra cuando canta, baila y fantasea, pero se debilita cuando debe mirar de frente a la realidad de la que Molina tenía la necesidad de huir.


El beso de la mujer araña (Kiss of the Spider Woman, EEUU, Uruguay, Argentina, 2025)

Dirección: Bill Condon / Guión: Bill Condon (sobre la novela de Manuel Puig) / Fotografía: Tobias A. Schliessler / Montaje: Brian A. Kates / Producción: Ben Affleck, Matt Damon, Barry Josephson, Tom Kirdahy / Música: John Kander / Reparto: Tonatiuh Elizarraraz, Diego Luna, Jennifer López, Bruno Bichir / Duración: 128 min

 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.