STRANGERS: CAPÍTULO FINAL
Cuando la maldad se vuelve patética

Han pasado 18 años desde que una desconocida llamaba a la puerta preguntando por una tal Tamara. Con Los Extraños (2008), Bryan Bertino transformó el hogar en un lugar vulnerable, expuesto a una amenaza sin rostro que recordaba que el verdadero horror no necesita de lo sobrenatural, sino que nace del mismísimo ser humano. La película destacaba por su atmósfera, el tratamiento de sus antagonistas y unos diálogos tan breves como perturbadores. Una muestra del miedo de Estados Unidos ante todos estos horribles casos que se cometían. En definitiva, no era un slasher más.
Por eso resulta difícil entender cómo esta nueva trilogía ha terminado perdiendo precisamente aquello que la hacía especial. Las entrevistas del director Renny Harlin y del productor Courtney Solomon apuntaban a un respeto por la obra original y a una intención de profundizar en la maldad de este grupo de asesinos. Sin embargo, el resultado va en dirección opuesta: un primer capítulo que imita en su totalidad a la entrega original; un segundo capítulo cuya única premisa es repetir una y otra vez la misma secuencia; y un tercer capítulo que introduce elementos demasiado tarde para luego resolverlos de forma precipitada.
Teniendo todo eso en mente, no es de sorprender que incluso los elementos que ya de por sí no funcionaban, como su forma de generar terror, muestren en este capítulo su peor faceta. El ejemplo más claro es la escena del baño con la chica en el motel. Todo parece preparado para construir suspense: la música tétrica, junto a los planos que se van intercalando entre la cara de la protagonista de esa escena y el manillar de la puerta, y el ritmo lento que sirve como ese reloj invisible que marca el destino de la mujer. Pero, en el momento clave, la escena se derrumba. En lugar de sugerir la presencia del asesino mediante los espacios vacíos del plano o dejar que este se haga presente de forma progresiva, la película corta rápidamente y coloca a uno de los asesinos frente a la chica. Ya no es solo que falle en la ejecución de la atmósfera, sino que directamente no hay un intento de generar un sobresalto efectivo. La decisión elimina la ambigüedad y, con ella, cualquier sensación de inquietud.

La comparación con la original (e incluso con los capítulos anteriores) pesa muchísimo: los extraños ya no tienen sustancia. Antes su presencia era difusa, invisible; habitaban los rincones oscuros del encuadre. Aquí se convierten en figuras explícitas, demasiado visibles, incapaces de generar verdadera incomodidad. Se han vuelto adolescentes malcriados que juegan a ser asesinos. ¿Qué giro se le podía dar a un grupo de asesinos que tenían un trasfondo nulo en sus dos películas originales? La respuesta es básicamente desmitificar al asesino, volverlo humano y dejar en claro que el mito sobre su maldad era solo estético. Eso, al menos, es como se presenta en la teoría, ya que la ejecución dice otra cosa. La introducción de elementos religiosos es el ejemplo más evidente. Plantear a los antagonistas como ejecutores de una justicia retorcida falla por el simple hecho de que choca directamente con la caracterización que estos asesinos mostraron en los capítulos previos. No hay indicios previos (al menos no lo suficientemente significativos) para que esta revelación se sienta bien implementada.
En lugar de enriquecer a los personajes, estas decisiones los debilitan. Sus diálogos resultan pretenciosos y su comportamiento carece de coherencia. No se vuelven más interesantes, sino antagonistas inconsistentes y mal desarrollados. La película no logra profundizar en el mal, sino que deja al descubierto la prisa con la que fue escrito el guion.
El gran error de esto radica en que este nuevo panorama choca directamente con lo que se establece en su propia trilogía. No hay indicios previos (al menos no lo suficientemente significativos) como para dar a entender que la locura de estos psicópatas tiene relación con la fe. Incluso la forma en la que se intenta profundizar en su pasado no llega a ser realmente reveladora, porque lo único que la película decide mostrar son más asesinatos de estos jóvenes y no lo que hay detrás de sus mentes. ¿Qué los llevó a este punto o cómo empezaron a sentir estos impulsos que les producen ganas de asesinar a la gente? Todo esto hace que, en retrospectiva, los asesinos sean patéticos, no porque la película consiga volverlos vulnerables, sino porque los diálogos y sus interacciones se sienten pretenciosos hasta el punto de que, cuando intentan darles más profundidad, quedan desvirtuados. No porque la película busque dejar en claro que incluso el asesino más cruel puede ser patético, sino porque su construcción es tan pobre que se tambalea cada vez que se piensa en ella. El ejemplo más claro son todas las inconsistencias nacidas a raíz de la revelación del pasado de estos chicos, uno de los puntos más bajos de la película, que deja ver el pobre guion que se esfuerza en hacer verosímil la idea de que tres adolescentes son capaces de intimidar a un pueblo entero, un pueblo que no es explorado en ninguna de las tres películas y cuyos habitantes quedan como un puñado de ineptos que dejaban morir a decenas de personas por un miedo poco creíble.
Puede no parecer justo, pero un ejemplo perfecto de cómo desmitificar la figura del mal encarnado aparece en la versión de Michael Myers propuesta por Rob Zombie, donde el director, a través de su remake, no intentaba plagiar lo que una vez John Carpenter hizo en los 70, sino que mostraba cómo los progresivos abusos de una familia rota podían dar origen a uno de los asesinos más despiadados del género de terror, cómo el mal tenía un origen y cómo este nacía de un pequeño niño que, desde su retorcida mirada, solo quería volver a tener la familia que perdió.
Por supuesto, hay muchos más problemas que se pueden señalar, como el hecho de que su montaje y estructura, para una película de tan corta duración, resultan insostenibles, pues está repleta de escenas que no aportan nada o que deberían haber estado en cualquiera de los dos capítulos anteriores, como la mayoría de flashbacks acerca del pasado de estos enfermos. Pero es innecesario seguir profundizando en una película que, a todas luces, es el espejo de todo lo que estuvo mal con esta trilogía. Una producción que apostó más por el concepto superficial en sí mismo que por lo que este representa. El miedo frente a un ser que no odia, sino que simplemente mata porque sus víctimas estaban en el lugar y en el momento equivocados.
Strangers: Capítulo final (The Strangers: Chapter 3, Estados Unidos, 2026)
Dirección: Renny Harlin / Guion: Alan R. Cohen, Alan Freedland, Bryan Bertino / Fotografía: José David Montero / Música: Justin Caine Burnett / Producción: Lionsgate, Fifth Element Productions y Frame Film. / Reparto: Madelaine Petsch, Richard Brake, Ema Horvath, Gabriel Basso, George Young, Kyle Breitkopf.
