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DOS FISCALES

El proceso circular

El primer plano de Dos fiscales nos sitúa ante la puerta del edificio habilitado como cárcel durante el apogeo de las purgas estalinistas, abriéndose lentamente. Este primer anclaje visual, que anticipa la cuestión que sobrevolará el resto del filme, no será sin embargo comprendido en su totalidad hasta los segundos finales del filme, en el que esta misma puerta se cierre, en una inversión completa de papeles. Este juego de espejos vertebrará toda la película, no permitiendo obtener su significado hasta no revisar su arquitectura en conjunto.

Así, cuando Alexander Kornev entra por primera vez en el campo de concentración, lo hace en calidad de fiscal local, tras haber recibido una nota extraída clandestinamente —manuscrita con sangre— de uno de los falsos acusados por delitos contrarrevolucionarios. El ambiente enrarecido, las largas esperas y el acting a medio camino entre el hieratismo y el histrionismo de los guardias y altos mandos del campo (ya presente en parte del trabajo ficcional previo del cineasta como Donbass) le sirven a Loznitsa para retratar el carácter pesadillesco de la burocracia soviética. Este será evidenciado a lo largo de toda la cinta escenificando el funcionamiento del engranaje del sistema de purgas durante los mencionados años, en los que, como el director ucraniano ha dado buena fe a lo largo de toda su filmografía, las formas legales eran a menudo un mero simulacro y donde verdugo y reo podían resultar permutables. Esta idea cristaliza en los breves segmentos en los que Kornev es conducido a la celda del emisor de la misiva que le ha llevado allí. Los largos pasillos con patios, celdas y ventanas que se repiten sin aparente conexión —con Kafka siempre presente— devienen así casi en un pasaje alegórico que le sirve al cineasta para abstraer la lógica del terror y deshumanización del momento histórico. Loznitsa bascula con habilidad la escala de plano, el montaje y la composición para sembrar en el espectador la duda sobre el juego de poderes mostrado en pantalla. Los barrotes de la puerta que se abre son ahora los que encierran a Kornev cuando la atraviesa y los guardias agolpados, negando la referencia espacial de la composición, eclipsan casi por completo la figura del fiscal.

Dos fiscales Revista Mutaciones

Cuando finalmente Kornev puede hablar con el preso responsable de la nota, este explicita una vez más, en esta ocasión a golpe de diálogo, los horrores vividos dentro del campo: falsas detenciones de antiguos miembros afiliados al Partido, torturas físicas y psicológicas, la imposibilidad de establecer comunicación con el exterior… Se plantea así otra inversión de roles que pone de manifiesto las contradicciones del sistema: ¿delincuentes supuestamente contrarrevolucionarios sufriendo todo tipo de agresiones opuestas a la doctrina estalinista? Esta conversación será el detonante del viaje que parte la película en dos, llevando a Kornev a dirigirse a la fiscalía general, ubicada en Moscú, con la intención de denunciar la situación que allí se está viviendo. Este otro escenario, pese a compartir muchas similitudes con el gulag de la primera parte (que fácilmente podría asemejarse al castillo inalcanzable de Kafka o a la casa de Asterión imaginada por Borges con sus infinitos pasillos) plantea su propia geometría opresiva. El laberinto de puertas y barrotes es ahora sustituido por pulcros pasillos atestados de personas que circulan ininterrumpidamente sin un rumbo fijo visible. Así, Kornev se ve diluido en una marea de transeúntes sin ninguna pista de cómo llegar al despacho del fiscal general, mientras va siendo interpelado por extraños sujetos en su periplo burocrático. La cinta quizás encuentre su plenitud conceptual en la simbiosis entre dichos interiores y el esqueleto fílmico que los replica. Loznitsa depura así lo kafkiano en un artefacto cinematográfico donde fondo y forma se espejan, diluyendo del todo el espacio físico y narrativo.

Dos fiscales Revista Mutaciones

Cuando finalmente el fiscal parece haber llegado a su destino, el cineasta vuelve a esgrimir uno de los recursos que ya habían aparecido en el gulag. La parquedad en el tono y la refinación estética de la imagen actúan como perfecto complemento para la suspensión temporal de la espera a la que se ve sometido Kornev antes de ser recibido por el fiscal general. Así, la reiteración de la misma estructura de planos es casi lo único que hace avanzar el tiempo, introduciendo a protagonista y espectador en el tedio administrativo. Los compases finales de la película no tendrán otro fin que el de completar este ciclo. El plano inicial de la puerta abriéndose encuentra su reflejo en la clausura de ese mismo umbral. El juego de poderes se sella con el ruido del cerrojo, confirmando quizás que en ese laberinto todo intento por alcanzar la justicia conduce inevitablemente al punto de partida.


Dos fiscales (Zwei Staatsanwälte, Sergei Loznitsa, 2025)

Dirección: Sergei Loznitsa / Guion: Georgy Demidov, Sergei Loznitsa / Fotografía: Oleg Mutu / Música: Christiaan Verbeek / Montaje: Danielius Kokanauskis / Reparto: Alexander Kuznetsov, Anatoliy Beliy, Vytautas Kaniusonis

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