Fuera de Campo

Despertando del sueño americano: la desilusión en el cine de Sean Baker

Un deje de desesperanza tiñe el mosaico de fracasos que expone el cine de Sean Baker. Compuesta de estampas que perfilan la decadencia del sueño americano y la precariedad que anida en los márgenes del sistema, su filmografía se asienta en la realidad, con sus amargos contrastes, para no ceder ante las engañosas narrativas del éxito y la prosperidad. Sus personajes -strippers, migrantes, estafadores, actores porno…- dispensan el testimonio de una clase arraigada en la desilusión.

Desde sus primeros títulos (Prince of Broadway (2008), Take out (2004)…) hasta sus últimas y galardonadas películas (como su más reciente Anora (2024), premiada con la Palma de Oro en Cannes), el director navega por las vivencias de la clase obrera; aquella repudiada por la sociedad y el sistema capitalista sobre el que se sostiene, aquella que avanza hacia futuros inciertos, aquella que se resguarda en la difusa esperanza de triunfo. Sus protagonistas, siempre en movimiento y siempre en busca del siguiente paso de un plan que no parece tener fin, anhelan una oportunidad escurridiza. La realidad es encarada a regañadientes cuando, tras perseguir el ilusorio brillo de las promesas, no queda otra alternativa que la de aceptar la derrota. No obstante, en la filmografía de Baker los fracasos de sus personajes (tanto individuales como colectivos) se sugieren mucho antes de su revelación. Estos no pueden evadirse por completo de una cierta desilusión precoz: la contienen, como en un aliento asfixiado por las circunstancias, y la enmascaran con una ansiedad ante la perspectiva de lograr lo que planean, hasta exhalarla en un suspiro amargamente liberador.

En la crítica que el autor estadounidense articula en sus cintas, ese singular desengaño acecha en las relaciones humanas. En el seno de un sistema que alienta la individualidad y el egoísmo, en el que se jerarquiza a las personas en base a su valor material, no resulta difícil apreciar cómo los vínculos se resienten y deterioran. Estos lazos, viciados en su raíz, se debaten en una cruda ambigüedad siempre en jaque – entre su supuesta autenticidad o su papel como meras transacciones o medios para un fin -. Atendemos así al extraño remordimiento de la protagonista de Starlet (2012), el cual le lleva a trabar una improbable amistad con una mujer mayor; o a la problemática relación en Red Rocket (2021) entre una estrella del porno en horas bajas y una supuesta joven promesa que le permitiría retomar su éxito. Ambos dilemas ponen de manifiesto esta compleja disyuntiva y testimonian la dificultad para conjugar unas relaciones ajenas a la lógica capitalista.

Despertando del sueño americano: la desilusión en el cine de Sean Baker. Revista Mutaciones - 1

Precisamente esta dialéctica es la que vertebra con lucidez la historia de Anora. La protagonista, que da nombre al título, es una stripper que vive su particular cuento de Cenicienta cuando conoce al hijo de un oligarca ruso y ambos contraen matrimonio de forma precipitada. Deshaciéndose de los anclajes románticos del sueño americano, la cinta registra, en última instancia, el insidioso control que opera la clase privilegiada sobre las acciones e ilusiones de la clase obrera. Esta se ve forzada a asentir, obedecer y resignarse, desencadenantes de una desilusión ilustrada a través de gestos contenidos, como la fría mirada de Igor, la que cubre su rostro siempre que acata órdenes; la media sonrisa con la que la mujer de la limpieza en casa de Ivan soporta sus pesadas bromas; o, de forma más clara, la profunda decepción que se asienta gradualmente en la expresión de Ani. Hacia el final del film, el juego de roles que el sistema maneja se revela sin demasiada sorpresa, salvo, en cierto modo, para su protagonista. No obstante, no es una torpe ingenuidad precisamente lo que la mantiene desprevenida de esta revelación, al igual que tampoco es ingenuidad lo que lleva a Anora a creer en la posibilidad de un futuro deslumbrante o lo que alimenta su empeño por creer en la excepcionalidad de su historia frente a la norma. Estos intentos por luchar contra la resignación se sustentan en una alienación de clase que se percibe en esa distancia que ella establece entre sí misma y sus iguales, otras personas de su misma clase social (como Igor, como sus compañeras de trabajo) a las que mira de soslayo. En la secuencia final un importante gesto, el de Igor devolviendo a Anora su anillo, diluye de forma significativa esta distancia: no es un mero signo de bondad, es la materialización del reconocimiento de un otro que se percibía ajeno y que se revela como cercano.

Esta intersección entre sistema y vínculos afectivos genera también, en ocasiones, un remanso de solidaridad. Pese a que el cine de Baker se reafirma en la noción del sueño americano como una fragmentada ilusión de una clase alienada de su conciencia y destinada a vivir su vida ansiando lo que está fuera de su alcance, también reserva un limitado espacio para estos resquicios de afecto y apoyo. Es con esas notas de esperanza con las que acaba la historia del protagonista ahogado por las deudas de Take Out o la frenética trama de Tangerine (2015). Esta última, ambientada durante una intensa Nochebuena en las calles de Hollywood, sigue a Sin-Dee, una trabajadora sexual, en el momento en el que emprende la búsqueda de su novio (y proxeneta) con el fin de encararle debido a los rumores de su infidelidad. Cuando, hacia el final de la cinta, la protagonista se reencuentra con él y descubre la decepcionante verdad, su mejor amiga, Alexandra, acude en su ayuda tras un desagradable incidente tránsfobo. Es Alexandra quien la acompaña durante su caótico camino de venganza, consintiéndole sus arrebatos, y quien se revela como la única persona en quien puede apoyarse (aunque también la haya traicionado). El director se permite aquí deshacerse de cualquier atisbo de cinismo y del humor desde el que exhibe ese lado oculto del sueño americano para retratar un vínculo que, pese a la crudeza de las circunstancias (las que experimentan dos trabajadoras sexuales trans racializadas), perdura.

Despertando del sueño americano: la desilusión en el cine de Sean Baker. Revista Mutaciones - 2

Al igual que ocurre con Sin-Dee, cuya ilusión más profunda es casarse con su proxeneta y novio, los sueños de los personajes de Baker están cercados por sus contextos. Es en el terreno de la prosperidad anhelada (idealizada bajo varias formas) donde convergen todos. La fijación en este anhelo se infiltra en el lenguaje, siempre compuesto por verbos en futuro que encapsulan esa ansia por un mañana distante y próximo, borroso y lúcido, que otros se han encargado de esbozar engañosamente. Resultaría, no obstante, injusto, tildar a los personajes de Baker de ilusos, puesto que esos sueños que persiguen con tanto ahínco no les pertenecen del todo: el capitalismo invoca los sueños de la clase trabajadora, los dirige y los rompe; y así lo demuestran sus historias.

Ni tan siquiera los inocentes y felizmente ignorantes sueños de la infancia están a salvo de este destino, tal y como expone The Florida Project (2017), un retrato de la precariedad que habita en los márgenes del privilegio. A las afueras de Disney World, el fulgor de su magia se enturbia: los castillos mágicos se convierten en moteles destartalados, los apartamentos en escombros sustituyen a las atracciones, y las peleas o incendios representan el único espectáculo digno de ser grabado. Es en este espacio donde la pequeña protagonista de la película, Moonee, estira con vehemencia cada pedacito de diversión, como esos helados compartidos junto a sus amigos, y expresa así, a través de los juegos, su particular resistencia a las inclemencias de un entorno hostil, resignificando lo que le rodea. Sin embargo, Moonee descubre forzosamente que su irreverencia ante las rígidas normas del mundo adulto tiene límites, designados por su contexto: aunque el emotivo final de la cinta nos traslade al castillo mágico de Disney, en un intento de fuga de la realidad, el romanticismo de esta escena no puede (ni pretende) ocultar la crudeza de ese cuento que muy probablemente no pueda permitirse el lujo de un final feliz.

En el cine de Baker, una desilusión precoz resuena en cada sueño, ilusión o deseo expresado. El sueño americano que pincela en sus relatos toma la realidad como escenario, obstinado en su intención de deshacerse de la impostura del éxito prometido. Los engranajes del capitalismo solo parecen moverse para quienes triunfan, y así lo ejemplifican los fracasos que encara el elenco de personajes que confluyen en la filmografía del realizador. En ella, las historias de una clase alienada de sus sueños y esperanzas demuestran que incluso la capacidad de soñar está mediada por el privilegio capitalista. La esencia de estos relatos transporta esta certeza y, a través de ella, dibuja las ilusiones como frágiles indicios de su expiración, como precedentes prácticamente inequívocos de la decepción que acarrean.

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