CAFARNÁUM

Radio(porno)grafía de la miseria

En 2017 y 2018 llegaron a las carteleras dos películas, Verano 1993 y The Florida Project, dos cintas muy diferentes formal y narrativamente, pero que incidían en el punto de vista de la infancia para desarrollar su mirada y su discurso. Ambos trabajos, dirigidos respectivamente por Carla Simón y Sean Baker, se adentraban en el peligroso territorio del melodrama infantil (con todo lo que ello conlleva) a partir de dos maneras de entender la puesta en escena diametralmente opuestas. En Verano 1993, Carla Simón entregaba un dispositivo aparentemente naturalista pero en cuyo interior anidaba un discurso acerca de las posibilidades de la confrontación entre el campo y el fuera de campo que sumaba capas de lectura a la aparente sencillez de lo representado. En contraposición, The Florida Project se servía de la visión magnificada de la mirada infantil que nos adentraba en la historia y el contraste entre los suburbios que habitaban dichos infantes, con la cercanía de un Disneyland -metáfora de la fantasía cartón piedra del sueño americano- que servía a Sean Baker para dotar de grandes dosis de esteticismo (sin caer en el efectismo) a una propuesta que podría haberse regodeado en lo miserabilista y sensacionalista, aportando además una atmósfera y un tono diametralmente opuestos al conjunto de cintas de denuncia y ostracismo social realizadas con anterioridad.

No ocurre lo mismo con Cafarnaúm, el nuevo trabajo de la directora libanesa Nadine Labaki, nominado al Oscar a la mejor película extranjera y ganador del Premio del Jurado en el pasado festival de Cannes. Labaki pervierte y traiciona su punto de partida inicial – un punto de vista único puro, basado en la limpieza sin aristas de la mirada infantil- entremezclando sin rigor una puesta en escena que se sirve de la falsificación de la mirada objetiva -sugerida por una cámara en mano que sigue incesantemente a Zain, el protagonista del relato- con una composición del plano donde la preciosista paleta cromática solo sirve para entregar bellas pero vacías estampas, más cercanas a los polémicos y sensacionalistas trabajos publicitarios de Oliviero Toscani para Bennetton en los años 90. Porque, aunque las decisiones formales a simple vista pretenden sugerir al espectador que nos encontramos ante una mirada horizontal, donde el juicio moral brilla por su ausencia y Labaki solo pretende que seamos testigos de un documento distanciado, las decisiones tanto formales como de estructura narrativa indican todo lo contrario.

Cafarnáum entrega una mirada miserablemente preciosista, tan artificiosa como moralmente reprobable, donde la duración interminable de los planos pretende forzar una reacción emocional extenuante, (de nuevo recordamos la máxima de Godard acerca del travelling como cuestión de moral) con una partitura que subraya las ya de por si obvias imágenes, sin permitir segundas lecturas o una interpretación crítica de los acontecimientos mostrados. A su vez, la película pretende mostrar no solo la situación infantil de una gran parte de la población libia, sino también abarcar todo el espectro de problemas sociales y culturales de la región: el conflicto sirio, la crisis de refugiados etíopes, los abusos sexuales infantiles encubiertos en matrimonios concertados, el tráfico de personas… Todo ello con una narrativa fragmentada cronológicamente, basada en un suspense altamente traicionero (la decisión de comenzar la cinta en el futuro judicial del protagonista es un buen ejemplo de ello) y unos golpes de efecto que provocan bandazos narrativos, con unos personajes protagonistas polarizados entre el bien y el mal absolutos. Nada en la película favorece una lectura crítica o permite comprender a unas personas que han traspasado hace ya mucho tiempo los límites de la pobreza. Personajes capaces de llegar a realizar actos terribles y reprobables, que Labaki observa desde una distancia tan lejana como esos amplios planos cenitales con los que la cineasta nos presenta ese enjambre que es Cafarnáum, el pueblo pesquero donde transcurre esta morbosa y sensacionalista representación de los problemas de Oriente Medio.


Cafarnáum (Capharnäum, Líbano, Francia, EEUU, 2018)

Dirección: Nadine Labaki Guion: Nadine Labaki, Jihad Hojeily, Michelle Keserwany Producción: Michel Merkt, Khaled Mouzanar / Música: Khaled Mouzanar / Fotografía: Christopher Aoun / Montaje: Konstantin Bock, Laure Gardette / Diseño de producción: Hussein Baydoun / Reparto: Zain Al Rafeea, Yordanos Shiferaw, Bolutawife Treasure Bankole, Kawsar Al Haddad, Fadi Yousef, Haita ‘Cedra’  Izzam, Alaa Chouchnieh, Nadine Labaki, Elias Khouri

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