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LETRAS ROBADAS

«Otra vieja canción rock de Carney, por favor»

Letras robadas Revista Mutaciones

En su novela, Alta fidelidad, sobre discos y relaciones sentimentales, escribe Nick Hornby algunas frases ingeniosas que debieran ser tenidas en cuenta para el pensamiento de algunas películas de John Carney. Hay una en particular que, aunque de sobra conocida, se antoja fundamental. Dice: «¿Escuchaba música pop porque estaba deprimido o estaba deprimido porque escuchaba música pop?». Todo queda así reducido a una cualidad de la música popular para definir nuestras relaciones y dotarlas de cierto sentido. Al menos como temática común para estos autores. Porque en su nueva película, Letras robadas (2026), Carney parece estar mirando al pasado con la nostalgia, que por descontado tiene, del que sabe que aquel tiempo nunca fue suyo y ha aprendido a asimilar el presente con cariño.

Desde la secuencia de apertura, el autor irlandés nos invita a disfrutar de un concierto con un entusiasmo fenomenal, a través de una puesta en escena sostenida desde el plano contínuo y en movimiento. El concierto en cuestión es poca cosa. Aunque Rick (Paul Rudd), cantante de bodas, imagina que está actuando en uno de esos lugares legendarios que quitan el hipo. Y lo hace sirviéndose de esas ensoñaciones visuales que ya conocíamos en películas anteriores del cineasta. Aunque, como si ese proceso incontrolable que es madurar fuese regido por la voluntad del personaje, estas fantasías serán poco frecuentes y prácticamente anecdóticas. Tras el concierto, y durante, conoce a Danny (Nick Jonas), estrella de una boy band. Un «buen chico» que prueba en solitario. Tocan música y beben, ríen e improvisan, y componen una canción a medias que será el detonante del conflicto. Todo esto se cuenta con cierta gracia, a decir verdad, porque la cámara se presta al efecto cómico y encuadra a ambos consciente de que una amistad puede forjarse. Los hace compartir plano progresivamente, y se aleja o acerca con sentido. Y esta es una manera de afrontarlo tan buena como la que más. Pero pronto, Carney deja de empeñarse en hacerte reír para expresar esa tristeza que le abruma. Y el encanto se va disolviendo como un azucarillo a medida que su argumento, precisamente, se edulcora. Y son varias cucharadas las que se echan.

«Siempre me doy cuenta de las cosas con retraso: el pasado se me da muy bien, no el presente. El presente no lo puedo entender». Otra de las frases de Rob, ¿o Hornby?, que podemos traer a las imágenes de Carney. Y que trata de responder, en su tercio final, cayendo en los males de ese cine sentimental, que fuerza la lágrima a base de acordes y melodías y discursos, que bien podría decirse que son deshonestos. Pero no deja de ser significativo, como si tuvieran nuestras vidas en sus manos, porque estas cuestiones empañan la película, pero no la terminan de condenar. Y puede resultar extraño, pero si se pudiesen pedir películas a placer, como a un disc-jockey, probablemente se repetiría más de una vez algo así como: «Otra vieja canción rock de Carney, por favor», porque, a pesar de que uno se la sabe de memoria, y es algo peor que sus mejores éxitos, sigue funcionando.

Y ya que hemos adoptado alguna de las frases de Rob, adoptemos también alguno de sus vicios. Porque la filmografía de Carney bien podría ser tema de conversación en aquella novela. Venga, lectores. Las cinco mejores películas musicales de Carney, por orden de preferencia: Once (2007), la primera y la más sencilla, como una maqueta que mejora a la versión de estudio. Luego está Sing Street (2016), y Begin Again (2013). Ahora, digamos, esta Letras robadas, y aquella antecesora suya, Flora y su hijo Max (2023). Tampoco hay mucho más donde elegir, parece. Y sucede que entre la tercera y Letras robadas no hay demasiada diferencia, por lo que podría colarse en el podio perfectamente sin ser tampoco una película fenomenal. Supongo que a alguno le hará falta un respiro. Horroroso sería que se tomen estos asuntos triviales más allá de estos juegos. A reírse, y en paz.


Letras robadas (Power Ballad, Estados Unidos, 2026)

Dirección: John Carney / Guión: John Carney, Peter McDonald / Fotografía: Yaron Orbach / Montaje: Stephen O´Connell / Producción: Screen Ireland, Fís Éireann/Sreen, 30 West, Treasure Entertainment, Likely Story / Música: John Carney, Gary Clark / Reparto: Paul Rudd, Nick Jonas, Peter McDonald, Jack Reynor

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