RED ROCKET

La imagen que devolvemos

Red Rocket - Revista Mutaciones

Red Rocket (Sean Baker, 2021) abre con un llamativo montaje musical del tema Bye Bye Bye de NSYNC que acompaña a los títulos de crédito iniciales. Baker, que también se ocupa de montar la película, configura los cortes de esta secuencia para que sigan el ritmo de la canción, presentado en una suerte de videoclip el decadente estado de su protagonista (Simon Rex), el marco en el que va a situar el resto de la cinta, así como un tema recurrente que va a sonar a lo largo de ella. Si bien este montaje es interrumpido una vez terminan los créditos (quedando aún buena parte de la canción), el uso de este dispositivo será constante, y que, siguiendo una estética lógica con el resto de la filmografía de su director, recoge la intención última de un cine que es rabiosamente contemporáneo.

Se decide rodar en 16mm y en scope porque ante todo, se está buscando una estética –o más bien una sensación de estética- por encima de una harmonía con su estilo de dirección o de montaje. Este afán por la imagen lleva acompañando a las películas de Baker desde siempre, pero que nunca deja de sorprender, porque tampoco ha dejado de experimentar con sus  posibilidades. Él es un apasionado declarado de rodar en cinta, pero que nunca ha tenido problemas en utilizar el digital si la producción lo requiere, de modo que uno podría pensar que el fetiche por lo analógico viene más bien de un gusto superficial por el medio. Pero de nuevo, sus películas juegan de manera tan evidente con los contrastes, que al final este dilema entre lo digital y lo físico termina adquiriendo un significado inherente dentro de la estética de la película, aunque sea por mera asociación a un tipo de estética. Una suerte de mirada más allá de una pátina interesante, y una exploración desde las herramientas más indispensables -las imágenes y de qué manera son captadas- de cómo éstas pueden influir en el fondo de la película.

Red Rocket - Revista Mutaciones

Los paisajes de Red Rocket son suburbios texanos, fábricas, calles vacías, lugares precarios que, esta vez, son retratados con una mirada que no busca la fantasía del lugar como pudiera pasar en The Florida Project (2017), pero que tampoco tiene reparos en entrar en esa imaginería del videoclip en la que el tiempo puede ralentizarse, expandirse o disociarse. Que se haya podido rodar la película con una factura y unos medios tan específicos demuestran un control de estos experimentos visuales que invitan al disfrute de sus caprichos como amante de la estética.

Baker rehúye de la harmonía, porque sus historias no podrían estar más lejos de semejante estado. Red Rocket es la historia de un manipulador que trae caos y desidia a su Texas natal después de haber fracasado en el mundo del entretenimiento para adultos de Los Ángeles, de haber destrozado su vida personal y su imagen pública. El montaje es llamativo porque busca una subjetividad con el protagonista que ningún otro elemento formal podría aportarle, y porque quiere que contraste con la deprimente realidad que le rodea y que en gran medida él mismo ha generado. No puede evitar otorgarle un tema profundamente irónico (el ya mencionado Bye Bye Bye de NSYNC, que suena hasta en cuatro ocasiones a lo largo de toda la película) porque ese planteamiento estético necesita una excusa musical para existir, y que además sirva como perfecta representación de su hipocresía. Un tema pegadizo, pop y súper reconocible que bien podría salir de la imaginación de un personaje que se sabe el protagonista y que pone banda sonora a sus momentos clave dentro de la ficción, sin caer en la paradoja que es el haber elegido esa canción para acompañarle en esos instantes.

Red Rocket (Estados Unidos, 2021)

Dirección: Sean Baker / Guion: Sean Baker y Chris Bergoch / Fotografía: Drew Daniels / Montaje: Sean Baker / Música: Matthew Hearon-Smith / Intérpretes: Simon Rex, Bree Elrod, Brenda Deiss, Ethan Darbone, Brittney Rodriguez

 

 

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