CRÓNICA DIARIA SAN SEBASTIÁN #7 (SECCIÓN OFICIAL)
Decadencias y triunfos
El Festival de San Sebastián avanza hacia su cierre. El jueves, séptima jornada de proyecciones, fue el último día en el que completamos la lista de películas a competición antes del palmarés. Arrancamos la jornada con Ballad of a Small Player, de Edward Berger que desde su primera secuencia dejó claro el lugar donde quiere situarse: en el terreno del exceso visual. Banda sonora estruendosa, fotografía cuidada, colores saturados, un vestuario de lujo y una producción que busca deslumbrar al espectador. Y, en parte, lo consigue. Sin embargo, tras ese envoltorio reluciente late una historia aplastante, que insiste de manera machacona en mensaje sobre una inevitable caída tras sucumbir en la codicia. Colin Farrell sostiene con cierta dignidad la angustia de su personaje, pero la película se enreda en una mezcla de realismo y fantasía, donde los elementos fantásticos aparecen de manera mínima, casi decorativa, y nada funciona ni como drama psicológico ni como fábula onírica.
Más problemática resulta la mirada cultural que propone. El filme traza este cuento moral desde claves narrativas y estéticas marcadamente occidentales. La trama se centra en la caída de un hombre blanco en un universo de reglas que no entiende, enmarcado en un exotismo que nunca trasciende el cliché. El relato se erige así como una nueva muestra de cómo cierta industria sigue instrumentalizando culturas ajenas para contar dramas que en realidad pertenecen a su propio imaginario.

Nuremberg, de James Vanderbilt, reconstruye el célebre juicio a los altos cargos nazis que sobrevivieron al final de la guerra. El proyecto, ambicioso en sus pretensiones, se sostiene principalmente en la interpretación de Russell Crowe encarnando a Hermann Göring (aunque a ratos roce la sobreactuación). Frente a él, Rami Malek parece moverse en otro registro, sin alcanzar ni el tono ni la misma intensidad. Michael Shannon y Richard E. Grant aportan solidez, pero no logran compensar la falta de equilibrio en el conjunto en una película precisamente diseñada a partir de potentes diálogos y confrontaciones entre grandes egos y carismas.
Lo más cuestionable, sin embargo, no es la ejecución actoral, sino la estrategia narrativa. La película dedica gran parte de su metraje a mostrar a Göring desde el prisma de la humanización. Se subraya su papel como esposo y padre, con escenas que lo muestran cercano y entrañable, mientras que los aspectos más oscuros —sus orgías, su verdadera relación con las drogas, su brutalidad como líder nazi— se minimizan o directamente se omiten hasta el final. El guion juega con la idea de “desvelar” en el último tramo que Göring era en realidad un criminal despiadado, como si se tratara de un giro inesperado y no un dato histórico incontestable y conocido. Este juego con la historia, acaba resultando tramposo. Aun así, el filme logra momentos de potencia cinematográfica. Las escenas del juicio, están cargadas de artificio, pero consiguen la épica impostada de un drama judicial clásico, como en el clímax final, con la intervención del personaje de Grant en apoyo al fiscal Jackson interpretado por Shannon. Pero ese momento, que parece casi fortuito, no compensa el desbalance del resto del trabajo.
Frente a estas dos películas apareció un contraste revelador, Historias del buen valle de José Luis Guerin, un documental que operó como bálsamo (y que anhelamos que tenga un buen lugar en el palmarés). Guerin retoma aquí una línea de trabajo que le es propia: el retrato de la ciudad a través de quienes la habitan y la transforman. La película abre con recuerdos y memorias de los habitantes, hablan de la Rambla del Raval y el desalojo de numerosos vecinos a raíz del proyecto urbanístico. A partir de ahí, se sumerge en las voces de quienes hoy habitan Vallbona, tejiendo un mosaico de memorias personales y colectivas. Guerin escucha, observa, y deja que el espectador perciba las huellas de la historia en los relatos íntimos. En contraste con la saturación visual de Ballad of a Small Player y la manipulación narrativa de Nuremberg, Historias del buen valle propone una ética de la mirada basada en la escucha, en la humildad y en la dignidad de lo cotidiano.


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