LOS SUDARIOS
La negación de la pérdida

Pocas noticias mas positivas pueden rescatarse en los últimos tres años de panorama decepcionante para la cinefilia que el regreso de un David Cronenberg en plena forma. Es una postura recurrente entre la crítica española abominar del streaming, pero no será sino gracias a Filmin que los españoles podrán disfrutar del último trabajo del maestro en esta nueva y desconcertante etapa iniciada con la jugosa Crímenes del futuro (David Cronenberg, 2022). Presentada en la edición 2024 del Festival de Cannes, resulta indicativo que medianías deficitarias como Emilia Pérez (Jacques Audiard, 2024) o La sustancia (Coralie Fargeat, 2024) monopolizaran el discurso, cuando esta Los sudarios (David Cronenberg, 2024) es, y de largo, además, uno de los títulos con mas enjundia allí presentados, amén de una de las grandes propuestas de este año. Turbia y apesumbrada, esta incursión minimalista protagonizada por Vincent Cassel y Diane Kruger no solo es una película personal y conmovedora, sino una lúcida representación de fascinantes problemáticas de nuestro presente, representadas con unas formas difíciles de dilucidar a simple vista.
Ya desde sus primeras secuencias, Cronenberg despeja todas las dudas: la tecnología le sirve como mirilla para disparar al amor. El personaje de Cassel, cuyo peinado no puede disimular su condición de émulo del propio realizador, busca reconciliarse con la pérdida de su pareja. Cronenberg perdió a su compañera, y transmite sus angustias por la aceptación de este vacío a través de los devaneos de un protagonista elegante y distante y su empresa tecnológica, que ofrecen video-vigilancia mortuoria como intento desesperado de mantenerse unido al ser amado. La tecnología nos permite poseer los cuerpos aún incluso después de la muerte. En una distopía digital deshumanizada, Los sudarios nos vincula con la angustia y con la naturaleza humana, pero desde las inquietudes maquinales del presente. El ser humano contemporáneo vive inmerso en la multipantalla y obsesionado con el seguimiento en tiempo real con cámaras en 4K como manera desesperada de intentar atrapar aquello material que le es esquivo.
Pese a la extravagancia macabra de su premisa, lo mas sugerente de la película es su habilidad para reflexionar con punzón sobre inquietudes muy propias de nuestro presente digital. Su lucidez a la hora de diseccionar la soledad, desconfianza y extravío del hombre moderno, frustrado con la presencia de una máquina que solo puede deparar una compañía cosmética. Los dispositivos móviles o la IA son ingredientes recurrentes en la perturbadora crítica que Cronenberg suscita en un universo alternativo de desangelada e higiénica asepsia. Universo donde el deseo sexual ha quedado relegada al tormento onírico o al incómodo reflejo del avatar ortopédico de los asistentes personales. Pocos apuntes cómicos más efectivos y críticos que el de la asistente virtual femenina y sus estremecedoras insinuaciones sexuales encontrarán en el audiovisual del 2025.

Tras un universo paralelo nocturno de edificios señoriales de madera destartalados como fascinante escenario de Crímenes del futuro, el relato de romanticismo mortuorio se ambienta en un entorno aséptico, tan limpio y elegante como deshumanizado y frío, propicio a la par que desconcertante. Espacios corporativos de personalidad difusa, a imagen y semejanza de los no-espacios virtuales del post-internet. La vida y la muerte se separan por una línea cada vez más fina, y las identidades resultan tan confusas como la de esas hermanas gemelas interpretadas por Diane Kruger, en la que la superviviente canaliza el imposible deseo hacia la mutilada ausente.
Así como sus subtramas románticas envuelven en su seducción sepulcral, sus apuntes sobre las teorías conspiranoicas quedan más desdibujadas y confusas, pertinentes en el diagnóstico posmoderno de esta realidad alternativa pero apenas esbozado desde la superficie. En sintonía con ellas, la relación del protagonista con el personaje de Guy Pearce va despojándose de las capas de cebolla virando de la complicidad al resentimiento y la venganza, pero su descripción de personaje nunca recibe el tiempo necesario para que trascienda la condición de distracción puntual.
Su ausencia en las salas de cine es una amarga tragedia, pero bien mereció la pena la espera de casi una década para seguir siendo estimulados por las incógnitas de un creador único que sigue buscando formas y mirando al abismo del cuerpo, el subconsciente y el deseo en su setentena. Una trayectoria en duermevela llena de reinicios, con una envidiable actitud crítica y curiosa que, aún si apenas logra contagiar un 5% al público, habrá merecido la pena.
Los sudarios (The Shrouds, Canadá y Francia, 2024)
Dirección y guion: David Cronenberg / Dirección de fotografía: Douglas Koch / Montaje: Christopher Donaldson / Dirección de producción: Martin Katz, Saïd Ben Saïd, Steve Solomos y Anthony Vaccarello / Música: Howard Shore / Reparto: Vincent Cassel, Diane Kruger, Guy Pearce, Sandrine Holt, Ingvar Sigurdsson.

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