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ESTRANY RIU (EXTRAÑO RÍO)

Corrientes sensoriales entre la vida y el ensueño

Estrany Riu. Revista Mutaciones - 4

De la floresta borrosa a la calma del Danubio, con la sencillez de dos escenas Jaume Claret Muxart plantea ese ciclo de cambio y madurez: una sucesión de planos en movimiento, donde la nitidez se empaña a causa de la rapidez con la que la cámara sigue a las bicicletas descendiendo río abajo, se contrapone a un plano general que sostiene la contemplación del espectador ante la calma de aquel quien ha encontrado su orilla. Todo ello viene guiado por la mirada de Dídac (Jan Monster), quien justo al comienzo de ese arranque detiene el movimiento y divisa la cámara de cara; un gesto que parece atravesar la pantalla y sentenciar a la audiencia: esta va a ser mi historia y así es como la veo yo. 

No es insólito que Estrany riu (Extraño río) sostenga un carácter de ensoñación, pues a veces la mirada no solo se construye en base a hechos, sino que se alterna también entre la imprecisión de los recuerdos y las proyecciones del deseo. Así, hay una coherencia formal para reforzar esta sensación tanto desde la fotografía, con esa apuesta por el 16mm, como desde  la música, que parece franquear de la aventura, al romance al misterio (ante lo desconocido). Y también, desde la presentación de Alexandre, el misterioso personaje con el que se encuentra Dídac. Jaume Claret Muxart lo introduce como si fuera una criatura mitológica, una sirena, un vampiro… Todos a la vez quizás. Primero, es tan solo una silueta sumergida que danza alrededor de Dídac, una criatura subacuática que parece haber sido sacada de una obra postimpresionista de Sorolla (como parte de esos Chicos en la playa). Después, es una sombra emergiendo del río, de noche, todo oscuro, como una fantasmagoría. Así pues, se va materializando ese lienzo fantástico sobre un argumento que recoge la naturaleza de la fábula. 

Estrany Riu. Revista Mutaciones - 2

Creado ese contexto, la película se va zambullendo en el cripticismo de ese deseo adolescente y de esos sueños anclados a la sexualidad de su protagonista. Aunque aquí no es solo el encuentro de los cuerpos y su roce lo que va encendiendo el despertar, sino la relación del propio sujeto con el espacio cambiante. En ese descubrimiento de los distintos espacios y rincones, Dídac se va encontrando a sí mismo hasta el punto en que uno se pregunta… ¿qué es sueño y qué es realidad? ¿En qué punto ambos se dan la mano? No hay un esclarecimiento concreto sobre ello y el director parece apelar a las palabras de sus personajes: Deixa que els corrents decideixin per tu (Deja que las corrientes decidan por ti). Y así las localizaciones invocan al agua -la lluvia, las corrientes, los canales en la ciudad, el propio río que da título a la película- como elemento de purificación y cambio. 

Al mismo tiempo, aunque el film no llega a una complejidad coral, sí que contempla a los personajes circundantes como piezas cruciales en el viaje de Dídac. Sobre todo, devienen centrales la figura de la madre y el hermano mediano. La primera muestra esa cara del pretérito, de un deseo pasado, y sus reminiscencias desvelan las resonancias maternofiliales, esa herencia silenciosa que se traslada de unos a otros y más que un gesto heredado, es un gesto compartido: lo que no se dice, lo que se reaprende y lo que se repite transformándose al mismo tiempo. En cuanto al hermano, es esa mirada de quien contempla un cambio que aún no le toca vivir; persigue al primogénito como si lo viera ir cogiendo carrerilla antes de echar a volar y no quisiera verlo marchar. El hermano deviene la efigie de un presente divergente y un futuro aún por fundarse. Consecuentemente, hay un cambio en la relación de Dídac con el resto de la familia (y sus hermanos). Lo que comienza como un intencionado aislamiento dentro del plano -los personajes lo dejan solo apoyado en una barandilla, él mismo se aleja nadando del resto o simplemente se queda al margen del grupo, como cuando su padre habla sobre la arquitectura en una de sus visitas y él se mantiene con los ojos cerrados a un lado-, acaba transformándose en un acercamiento en primer plano. El rostro de sendos hermanos se superponen, Dídac le cede los cascos con la canción que ambos estaban compartiendo y se sale de plano; no es una huida ya, sino que el protagonista le pasa el testimonio. Tot conflueix cap al Danubi (Todo confluye hacia el Danubio) se sentencia en un momento de Estrany riu y así sucede: presente y futuro se dan de la mano, una historia llega a su cierre y se abre un nuevo círculo. ¿Es ahora el hermano quien se queda contemplando, en ese plano general, el Danubio?

Estrany Riu. Revista Mutaciones - 5

Como el propio protagonista, el largometraje rehuye las etiquetas o las clasificaciones en pos de una experiencia sensitiva y contraria a un tipo de narratividad clásica. En cierto modo, hay en la fragmentación del relato una coherencia con la fuente que, según  Jaume Claret Muxart, motivó su obra: una serie de fotografías de los viajes de su familia por Europa. La fotografía surge como un elemento que contiene un instante y no una historia de principio a fin y esto se refleja en un avance de escenas por corte súbitos, donde incluso parece sortearse el conflicto narrativo como argumentalmente está concebido (Dídac se permite huir en barco y luego regresar sin mayor importancia, como un pequeño paréntesis) o no se busca una resolución evidente de lo ocurrido. Ese desconcierto parece emular aquel que siente el propio protagonista en su viaje de descubrimiento, pero se hace desde la ternura y no desde el dolor, el trauma o el conflicto. En esencia, si un poema pudiera verse o escucharse como una película, sería algo cercano a dejarse llevar por las imágenes de Estrany riu  y sus corrientes de sensorialidad.


Estrany riu (Extraño río) (España-Alemania, 2025)

Dirección: Jaume Claret Muxart / Guion: Jaume Claret Muxart, Meritxell Colell / Producción: Sophie Ahrens, Fabian Altenried, Xavi Font, Kristof Gerega, Andrea Vázquez / Dirección de fotografía: Pablo Paloma / Montaje: Maria Castan de Manuel, Meritxell Colell / Reparto: Jan Monter, Nausicaa Bonnín, Jordi Oriol, Bernat Solé, Francesco Wenz, Roc Colell

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