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EL PACIFICADOR (TEMPORADA 2)

Totalitarismo Pop

En la segunda temporada de El Pacificador (Peacemaker, 2022-2025), James Gunn convierte lo que antes era una apertura festiva en un ritual fúnebre. ¿Es posible coreografiar la culpa? La secuencia inicial suplica su redención cuando abre directamente acompañada por la canción “Oh Lord” de Foxy Shazam, reemplazando la energía absurda de “Do You Wanna Taste It”. Las letras —“God knows I’ve had some rough fucking years”— resuenan sobre una puesta en escena que evoca tanto el teatro del absurdo como los bailes uniformes del totalitarismo. Los personajes rígidos, alineados, sin emoción, bailan bajo luces frías y un escenario simétrico que recuerda a los desfiles de Riefenstahl: la estética del orden al servicio del poder. Gunn, con su humor cruel, orquesta una sátira que funciona también como espejo del propio protagonista, Chris Smith, el soldado que solo se mueve por órdenes. Al unísono con su primera temporada, la coreografía, diseñada por Charissa Barton, mantiene un encuadre frontal e inmóvil… la cámara no se mueve, no hay profundidad ni matices. Todos los personajes comparten el mismo plano, la misma distancia, la misma falta de expresión. Lo que antes era una broma —ver a los antihéroes bailar torpemente— se transforma aquí en algo más, en un retrato de la obediencia mecánica. La neutralidad del plano fija los cuerpos en un orden autoritario, convirtiendo la comedia en un documento de control. En el fondo, Gunn está haciendo visible la disciplina que sostiene tanto al fascismo como a la cultura pop: la obediencia estética, el placer del espectáculo repetido, el gozo del frontalismo expresivo.

El pacificador Revista Mutaciones

El etalonaje metálico y la iluminación en rojo y azul —colores del patriotismo estadounidense, pero también del traje “superheroico” del padre de Chris (John Cena) y, por tanto, de su dolor— refuerzan la sensación de frialdad industrial. Ya no hay brillo de cómic, sino acero y neón. Este lenguaje visual se replica en toda la temporada y, especialmente, en el episodio 5 (Regreso a lo duro), donde la arquitectura de los espacios se comporta como una extensión del propio cuerpo, usando cristales y metales como espejos narrativos: cada reflejo es “otro” Chris, una versión paralela de sí mismo, un universo alterno donde sus errores no lo persiguen. Sin embargo, no hay escape. Todo es repetición. Todo es espejo.

La danza de la introducción anticipa esa lógica de duplicidad. Los movimientos idénticos, los gestos calcados, los rostros vacíos funcionan como coreografía de la alienación. Es imposible no pensar en las marchas del Tercer Reich, donde la sincronía del cuerpo colectivo suprimía toda individualidad. Gunn subvierte ese imaginario, pero no lo niega, sino que lo adopta con ironía, mostrando cómo el entretenimiento estadounidense hereda, sin quererlo, esa misma fascinación por el orden. En el mundo de El Pacificador, el humor disfraza la violencia.

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Eagly, el águila digital, entra en el baile con torpeza, intentando seguir el ritmo. Su figura sintetiza la paradoja de la serie: un símbolo de libertad obligado a bailar según una coreografía impuesta. Fue el propio James Gunn quien confirmó a través de su cuenta de Twitter que hizo el motion capture del ave, pero es esa misma ironía la que envuelve todo el espíritu del personaje de Chris, un hombre que se disfraza de ideal, mientras se ahoga en el deber. Entonces, el baile, que parecía un chiste, se revela como una confesión.

Técnicamente, la temporada se apoya en un diseño visual de precisión simbólica. Cada espejo, cada sombra y cada corte devienen extensiones de la culpa de Chris. El episodio 5, en particular, condensa este discurso visual. En una secuencia central, Pacificador se detiene frente a un espejo empañado y su reflejo se disuelve entre destellos. La cámara lo encuadra de frente, inmóvil, mientras detrás el entorno vibra, como si el mundo entero temblara ante su incapacidad de afrontar el cambio. Es el montaje de la propia escena el que lo corta con imágenes del pasado y de universos paralelos, reforzando la idea del presente perpetuo. Chris es un hombre atrapado en la danza del arrepentimiento y, así, se materializa en la narrativa de la serie el mismo gesto que mostraban en la intro, solo que, ahora, sin música, ni humor, ni salida. La coreografía del principio, entonces, deja de ser un simple número musical y se convierte en un espejo del alma de su protagonista y en una sátira sobre el poder del espectáculo como forma de adoctrinamiento emocional. Gunn filma la cultura pop como una ideología del cuerpo, un lugar donde la redención solo puede representarse, pero nunca alcanzarse del todo. En esta segunda y, ya confirmada, última temporada, los personajes siguen bailando, pero el ritmo ya no les pertenece.

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El final de la temporada lo deja todo más claro. Cuando Chris se enfrenta a su reflejo final y susurra “adiós”, lo que se quiebra no es solo la historia, sino la ilusión del libre albedrío. Todo estaba compuesto como la escenografía de una culpa estructural: la del héroe que mata por “paz”, pero dispara por órdenes; la del país que se redime con sangre, aunque siempre la de otros, la de los que menos les importan; y la del público, uno que aplaude mientras los cuerpos siguen moviéndose, obedientes, en los pocos espacios oscuros que deja libre el neón rojo y azul. Sin embargo, lo más inquietante es que Gunn parece consciente de su propia paradoja. Como creador, forma parte del mismo sistema industrial que satiriza. Sus Guardianes de la Galaxia (2014) o su Escuadrón Suicida (2016) ya exploraban la idea de que la redención de los monstruos no es sino otro producto empaquetado, otro espectáculo imperialista morboso. En El Pacificador, esa autoconciencia se vuelve más nítida: la crítica está atrapada dentro del propio mecanismo que denuncia. El héroe que baila al son de una bandera y de su culpa es, al mismo tiempo, el director que filma la crítica de un mundo que necesita ese baile para vender su identidad, su bandera, pero… es en esa dialéctica entre culpa, ironía y poder donde reside el logro y la genialidad de su creador: haber logrado que el espectador se ría… mientras reconoce, por un instante, que también está bailando.


El pacificador (Pacemaker, EE.UU, 2022-2015)

Dirección: James Gunn (Creador), James Gunn, Brad Anderson, Rosemary Rodriguez, Jody Hill / Guion: James Gunn / Producción: DC Entertainment, The Safran Company, Troll Court Entertainment, Warner Bros. Television. Distribuidora: HBO Max / Fotografía: Michael Bonvillain, Sam McCurdy / Música: Kevin Kiner, Clint Mansell / Interpretación: John Cena, Steve Agee, Danielle Brooks, Jennifer Holland, Robert Patrick.

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