FIRST MAN

Soy Damien Chazelle y soluciono problemas

¿Cómo abordar la conquista del espacio? Muchas películas recientes se han hecho esta misma pregunta con desastrosas consecuencias. Se podría decir que First Man viene a corregir uno por uno los errores de todas ellas en busca de una película perfecta. Sin embargo, la obra del genio Chazelle acaba por resultar más similar a la del también genial Doctor Frankenstein. Por muchos rayos que nos golpeen salimos del cine sin gritar eso de “¡It’s alive!”.

¿Por qué? Chazelle afronta con esta película su primer proyecto sin guion propio, un encargo del mismo Spielberg, este de adaptar la biografía de Neil Armstrong, cuyos derechos tuvo antes Clint Eastwood. El cineasta de Whiplash recoge el guante del héroe americano, por lo tanto, tras pasar por los autores de Lincoln (2012) o Sully (2016), respectivamente. Cómo aspirante a nuevo Rey Midas de Hollywood, el cineasta de 33 años resuelve esta película como si realizara una lista imaginaria de tareas para salir airoso del examen, como quien sabe que todos están ansiosos de verle fallar. A continuación las respuestas de Chazelle al examen:

Figuras ocultas (Theodore Melfi, 2016): como en esta película, Chazelle tenía que narrar los años de experimentos, ensayos y errores previos a la conquista de la luna, concretamente desde 1961 a 1969. Sin embargo, al contrario que la película de Melfi, Chazelle no utiliza la consecución de estos avanzas tecnológicos y matemáticos como un logro de sus protagonistas sino como un paso necesario hacia un objetivo con final conocido por todos. No hay heroísmo en el desarrollo, tampoco mérito, solo la exposición narrativa de un camino que ya conocemos.

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Foto de Daniel McFadden/Universal Pictures © 2018

Gravity (Alfonso Cuarón, 2013): en su momento la película de Cuarón se anunció casi como un simulador espacial gracias a su tecnología. Un realismo que nos informaba incluso de que en el espacio no hay aire (¡gracias!). También nos machacaba constantemente con el peligro del espacio y las escasas probabilidades de supervivencia que tiene en él un ser humano. Sin embargo, al espectador se le situaba en un lugar privilegiado la mayor parte del tiempo, el de la cámara, una que no dudaba en realizar espectaculares planos secuencia flotando en el mortal espacio mientras nos anunciaba un falso realismo digital. Chazelle, sin embargo, nos mete en la cabina junto con el protagonista, en un espacio tan angosto que la cámara no puede apenas girar. Vivimos el espacio precisamente como un ser humano, sin ver bien, sin poder girarnos, dentro de una especie de microondas de dos metros cuadrados lleno de clavos que chirrían, aguantando la presión por reventar. Los accidentes (mortales) tampoco suponen un espectáculo, llegan con la rapidez de una chispa que se enciende y se van con la misma tras realizar su tarea. Como con el proceso de investigación, con la exploración del espacio, es decir, con la práctica, tampoco hay espectáculo. De nuevo, sabemos que Armstrong no muere y lo consigue. Por tanto, coherencia, hay información y una exposición clara y concisa del viaje espacial.

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Interstellar (Christopher Nolan, 2014): Nolan convirtió un viaje a través del tiempo y del espacio mediante un agujero negro en la lacrimógena historia de separación de un padre y una hija. Es decir, recurrió a una herramienta habitual, la de narrar grandes acontecimientos y heroicidades a través del elemento íntimo y personal, para dotar de cuerpo y alma la hazaña universal. Todos sabemos lo que hizo Armstrong en la luna, lo que nos quedaba entonces por saber era precisamente esta parte. Ryan Gosling encarna al personaje de forma extremadamente introvertida, como un astronauta que es incapaz de expresar sus sentimientos ni con sus amigos, ni con su mujer e hijos ni, por supuesto, con la cámara. Es decir, Ryan Gosling interpreta, a su vez, a un personaje inexpresivo. El resultado es tan extremadamente frío que solo el desarrollo de guion (la historia que mueve) da cierto drama al protagonista. Comenzando por que su hija muere de cáncer nada más comenzar la película. Desde entonces, el padre de familia mirará poco o nada a sus otros dos hijos y a su mujer para centrarse en el trabajo que le llevará a la luna. Mientras, Claire Foy, en el papel de la mujer de Armstrong, enciende continuamente sus lacrimosos ojos azul cielo, abiertos a más no poder, demandando, más que a su marido, al propio Chazelle un personaje de mayor relevancia en el guion a través del que poder canalizar las emociones que solo la dejan insinuar. En consecuencia, la película se encarga de boicotear conscientemente cualquier atisbo de lágrima y emoción en el espectador. Pocas historias de Hollywood sobre un padre intentando honrar a su hija fallecida son tan desprendidas de la búsqueda de la lágrima fácil, pero son también pocas las que rechazan de primeras la búsqueda de “lágrimas difíciles”.

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La La Land (Damien Chazelle, 2016): Tras el éxito y el encanto romántico-musical de su anterior película, pero también tras las acusaciones de refrito de otros clásicos y de reprimendas a su ideología (eso del sacrificio humano en pos del éxito), Chazelle busca dar un paso más. Armstrong no ignora a su familia para llegar a la luna. De nuevo se perjudica sentimentalmente para conseguir su objetivo pero lo que le importa no es el éxito sino honrar la memoria de su hija, no hay superación sino duelo y expiación. Por primera vez un personaje de Chazelle no triunfa por pragmatismo, sino por futilidad poética, por un gesto romántico. En cuanto al estilo, lejos de imitar formas de éxito, las corrige y adecua a un realismo coherente con una narración que pone la historia por delante del ego de su autor. Así mismo, el tufo ideológico republicano o nacionalista que suele verter cualquier relato de heroísmo patrio yanqui es suprimido de bruces. La bandera de los Estados Unidos desaparece, así como el éxito del protagonista o de la NASA frente a, por ejemplo, la URSS. First Man es justo lo que su título indica, el relato exacto del primer hombre, inexpresivo cual estatua, que conquista en post de TODOS los demás, el espacio.

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¿Qué queda entonces de todas estas tareas efectuadas por Chazelle y que acaban formando First Man? Un relato claro, exacto y cristalino del viaje espacial y que, sin embargo, consigue añadir a lo histórico un drama familiar con el espacio justo, sin abusar de la lágrima. Empezando por el intento de vuelo inicial hasta llegar al alunizaje final, la película logra transmitir con su puesta en escena uno de los mejores dispositivos para narrar un viaje espacial de los últimos años. Un realismo tecnológico digital que te hace sentir el material y su fragilidad, que consigue intrigar sin exagerar o espectaculizar frívolamente. Todo, sumado a una belleza astronómica transmitida sin la ambición de adornar nuestros fondos de escritorio.

Sin embargo, el cine no nace de aprobar un examen, de solucionar con nota ciertas tareas pendientes. Lo que diferencia la ciencia del arte, las matemáticas de la poesía, es lo que diferencia First Man de una gran película. Eso que buscan los ojos de Claire Foy cuando la dejan y niegan los de Gosling, sepultados en un guion al servicio de su personaje. Llegamos a la luna, pero no hay vida.

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First Man (Estados Unidos, 2018)

Dirección: Damien Chazelle/ Guion: Nicole Perlman, Josh Singer (Libro: James R. Hansen) / Producción: Marty Bowen, Damien Chazelle, Kevin Elam, Wyck Godfrey, ames R. Hansen, Jeffrey Harlacker, Isaac Klausner, Adam Merims, osh Singer, Steven Spielberg / Fotografía: Linus Sandgren / Montaje: Tom Cross / Diseño de producción:  Nathan Crowley / Reparto:  Ryan Gosling, Jason Clarke, Claire Foy, Kyle Chandler, Corey Stoll, Patrick Fugit, Lukas Haas, Pablo Schreiber, Brian d’Arcy James

2 comentarios en «FIRST MAN»

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