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TU COLOR

Convertir los trazos en abrazos

If we are not supposed to dance,
Why all this music?
Gregory Orr

Con un prólogo que es una explosión de colores sobre un fondo blanco se sentencia la sensibilidad que atravesará Tu color (2024), la última película de la directora Naoko Yamada, que deja atrás su etapa en Kyoto Animation pero sin abandonar lo que caracteriza su cine: ser capaz de imaginar la ternura. En Tamako Love Story (2014), película que continuaba la serie Tamako Market (2013), la inestabilidad de nuevas emociones, el primer amor y el miedo a lo que deparará el futuro a los adolescentes protagonistas son captados a través de una animación que se tambalea, creando desenfoques y dejando que los personajes escapen del encuadre; y en Liz and The Blue Bird (2018) son los planos detalles de las manos sobre los instrumentos musicales y los ojos brillantes quienes contienen la carga de emociones que desborda el corazón desde lo incomprensible. Ahora, con Tu color, en un estilo de animación más abocetado, y explotando un color de acuarelas, muy presente también en porciones de Liz and the Blue Bird, es capaz de convertir las imágenes en abrazos.

Tu color Revista Mutaciones

Totsuko puede ver a las personas como colores, pero no el suyo. ¿Cuál podría ser su color? ¿De qué color es su aura? Y, ¿qué dice de su personalidad? En su búsqueda de la serenidad mientras vive en la escuela católica donde estudia, rodeada de normas y expectativas, Totsuko se obsesiona, nada serenamente, con su compañera Kimi, que un día abandonará la escuela.  Guiada por la determinación y el destino dará con ella acompañado por Rui, un futuro médico, con los que formará una banda de música. Sus colores son el azul y el verde respectivamente, y en ellos Tatsuko no sólo encontrará el suyo, sino que los tres serán capaces de crear algo nuevo.

La amistad, el amor y las emociones se apoderan del cuerpo y Naoko Yamada les da vida a través de un estilo que se sostiene en su propia inestabilidad. La animación de Tu color, como los cuerpos e identidades de sus protagonistas, es flexible. Permite, así, que su película materialice en lo más profundo la incertidumbre y dulzura de las emociones adolescentes. Lo hace sumergiéndose por completo en la naturaleza intrínseca de la animación, en su tactilidad, e impregnando la música, los gestos y los colores –pasteles que evitan ser contenidos en los trazos de su propia animación–  de un componente físico.

La animación, a diferencia de la acción real, permite superar la corporalidad, trascender las limitaciones físicas de la realidad, e imaginar posibilidades de existencia. Animar lo que habitualmente está quieto es la forma que tiene Yamada de dar forma a las emociones en películas en las que los diálogos pasan a segundo plano, pues sus personajes no encuentran las palabras correctas para expresarse. Era especialmente notable en Liz and the Blue Bird, donde da movimiento a la coleta de Nozomi, que ya de por sí no solo será la imagen que caracterice al personaje, sino que la película decida ponerse en el punto de vista de Mizore para mirar el movimiento de la coleta. El acto de decidir a qué darle el movimiento y desde qué mirada es lo que realmente hace visible el anhelo, y convierte el amor en algo tangible.

Yamada sigue trabajando en esta estela en Tu color al dar a cada personaje una acción física. Los movimientos de las manos de Rui al tocar su theremin inyectan a su personaje de personalidad e informan al espectador de la seguridad y la pasión que alberga por la música. El movimiento rítmico de los pies de Kimi le aportan seguridad y confianza, pero lo que hacen que estas acciones sean completas es el propio hecho de que puedan ser observadas no sólo por parte de los espectadores, sino por los personajes, que descubren paulatinamente los gestos, manías, y repeticiones de sus nuevos amigos. Y, por supuesto, quizás el acto más físico de la película sea el baile, el movimiento que pertenece a Totsuko. La memoria del ballet, las expectativas católicas de las monjas y su propia búsqueda de la serenidad, del control de los sentimientos, se entrelazan y explotan en unos momentos, cortos en duración, en los que el cuerpo de Totsuko se libera y, además, es observado, juzgado o comprendido. El montaje de la película, que sigue perfectamente los ritmos musicales –y unas canciones que contienen la inocencia, los miedos y la dulzura de los adolescentes siendo a la vez sorprendentemente pegadizas–, sobre todo en las secuencias finales en las que los amigos actúan en la escuela, permite crear lazos entre ellos sensibles a la mirada.

Tu color Revista Mutaciones

Yamada ha creado a lo largo de su carrera un estilo que, pese a variar sustancialmente en animación, se mantiene consistente en significados. En Tu color sigue dejando que la imagen se desenfoque como forma de dar sentido a la incomprensibilidad, deja que las miradas de los personajes, que miran a otros, se nublen en la imagen. Y, al igual que Tamako Love Story o Liz and the Blue Bird, Tu color es una película extremadamente física, sobre todo porque permite que sus personajes corran dejando que los planos se vacíen, escapando por sus bordes: deja que sean más rápidos que sus imágenes. Cada una de las acciones de los personajes les acercan los unos a los otros, convierten el amor en algo tangible, lo materializa en sus planos, en los trazos de su animación siempre cambiante y voluble. Y, como en el resto de películas de la directora, hay algo que se repite, un motif, el de una mano o un objeto alzándose al cielo, siendo el plano incapaz de capturar todo el cuerpo, el gesto, o el movimiento: el lanzamiento del “teléfono” de la infancia de Tamako, la mano sosteniendo la pluma azul de Liz and The Blue Bird o las cintas de colores soltadas en la despedida de Rui. Solo eso ocupan los planos. Lo insignificante, lo diminuto, lo transitorio flota ante la inmensidad. Naoko Yamada se eleva así en la animación japonesa prácticamente como una maestra de la más simple pero trascendental ternura.

https://www.youtube.com/watch?v=IRSSvVYH9kw


Tu color (Kimi no Iro, Japón, 2024)

Dirección: Naoko Yamada / Guion: Reiko Yoshida / Producción: Science SARU / Música: Kensuke Ushio 

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