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ENTREVISTA A ELENA DUQUE

Elena Duque Revista Mutaciones

En tu obra se percibe un cierto movimiento desde una imagen más real hacia la intervención del metraje. ¿Cómo entiendes tú esa evolución y qué lugar ocupa en tu proceso creativo?

No sería exactamente metraje intervenido. Tengo dos películas en las que utilizo esa técnica con la que la gente suele pensar que pinto sobre la película, pero no. Es como una especie de técnica de rotoscopia que lo que hago es digitalizar la película, vuelvo a imprimir los fotogramas, los intervengo y los refilmo. Utilizo esa técnica en Valdediós y luego lo retomé en Portales, solo que en Valdediós es super 8 el metraje filmado y luego en digital lo intervenido y Portales es todo en 16mm.

También queríamos incidir en este juego de formatos, nos interesaba especialmente el uso del single frame en digital en Pla y Cancela

Ha sido algo que ha ido naciendo en el momento. Mi primera cámara de Super 8 la tuve en 2013 y comencé a filmar cosas, pero de una manera más puntual. En el caso de Pla y Cancela me pilló en Coruña, en el mes antes en el que suelo ir al S8. Era un sitio que había sido la casa de alguien y era algo fantasmal con esas máscaras. Al ser un sitio con tanta presencia y pasar un mes ahí sola se me ocurrió hacer esto y lo que tenía a mano era una cámara digital. Por ejemplo, el metraje de Valdediós, aunque la película sea de 2019, lo rodé en 2013 o 2014.

Elena Duque Revista Mutaciones

Hay una idea en tu cine del choque entre el material propio y el recolectado, que de alguna manera respondería a una tensión entre la experiencia íntima y la colectiva ¿Cómo trabajas este concepto?

Es un concepto que tiene mucho que ver con el collage y con el encuentro fortuito. Aunque sean cosas ajenas, al tener cierto anonimato no acaban teniendo tanta diferencia porque al final en el encuentro está la cosa de qué es lo que te apela, lo que lo acaba convirtiendo en algo cercano. Por ejemplo, en Colección privada sí hay muchas cosas que son mías o recuerdos íntimos, pero hay otras que no tienen nada que ver. Me hace gracia que se desdibuje el límite entre lo que es mío y lo encontrada y hacer que lo encontrado acabe formando parte de mí.

 

A pesar de que haya un metraje ciertamente reactivo como en muchas de tus películas, Portales se construye desde el recorrido del río Guadalete, ¿Cómo nace la idea? ¿Cómo lo planificas?

El motivo por el cual elijo el río es porque estuve seis años viviendo en el Puerto de Santa María, que está en la desembocadura del Guadalete. Mis padres vinieron a vivir a Cádiz desde Venezuela en 2019 y donde terminaron encontrando una casa asequible fue en la sierra de Cádiz, donde nace el río. Entonces, yendo y viniendo desde el Puerto de Santa María y El Gastor, que es el pueblo, me di cuenta de que era el río lo que estaba presente tanto en uno como en otro. Me pareció bonita la idea de unir los dos puntos a través de una película. No porque sea una gran conocedora del río, es algo que fui investigando a raíz de la película y se forma de lo que me fui encontrando y me interesaba. Por ejemplo, la parte en la que salen las cigüeñas en la azucarera jerezana o algunos puntos que tenía más conocidos fue ir completando este recorrido. También la cosa de la película es que como la filmé pensando en los portales animados ya tenía claro algunos encuadres o composiciones que me iban a facilitar un portal para abrir.

Elena Duque Revista Mutaciones

Tu cine a pesar de ser muy personal y distinguible está plagado de referentes, pasando desde Breer a Svankmajer o Sherwin ¿Cómo trabajas con ellos?

Tiene mucho que ver. Al final llevo desde 2011 como programadora en S8. Para mí ha sido un aprendizaje tremendo el trabajo en el festival y está íntimamente ligado. Sherwin por ejemplo estuvo en esa primera edición del festival en la que trabajé e hizo la performance de Paper Landscape, que tuve muy presente para la mía. Por ejemplo, con Breer sí que fue algo que fui investigando más y sí me interesan esos conceptos del flicker, la continuidad discontinua… Igual yo he ido investigando más personalmente esas cosas de la animación experimental y no tanto a través del trabajo en S8. Aun así, mi primera cámara de Super 8 me la regaló Ángel Rueda, el director del festival, en 2013. Me la mandó por correo a Canadá, donde estaba en ese momento, y así empecé a filmar.

Volviendo a esta idea de la intervención sobre la imagen, la refilmación o pintar sobre el propio fotograma ¿Cómo dialoga esto con tu práctica performativa? En este caso entra una nueva dimensión en la que literalmente pintas sobre la imagen…

Al final uno no hace las cosas de una manera tan meditada pensando todo el rato cómo engarza esto con esto otro. Está muy presente la pintura y el elemento lúdico. Yo me sorprendí porque no pensé que iba a ser así pero casi siempre que he hecho la performance la gente se ríe de cosas que van pasando y a mí eso me complace. Por otro lado, también está presente la idea del trabajo manual, que me interesa mucho y suelo mencionar este concepto de “pensar con las manos”. Por ejemplo, las animaciones de Portales están muy improvisadas en un punto, sabía de donde partía y a donde tenía que llegar, pero cada animación se iba improvisando en función de los materiales que tenía y de lo que iba haciendo con las manos. Luego hay gestos que tienen importancia para mí. Mi padre es pintor, entonces hay pequeñas tonterías que me apelan a lo personal en la performance, que es como alguien que intenta pintar y no sabe, en el fondo por eso se llama Curso de pintura rápida para principiantes. El hecho de tener botes de conserva con pintura en el suelo es algo que también se liga como un recuerdo personal.

Tu obra conversa con un aspecto que suele ser común a gran parte del cine experimental o personal que es esa depuración de elementos accesorios que intenta acercarse a una dimensión más esencial de los objetos…

Creo que eso responde a las inclinaciones naturales de cada persona. Al final me gustan mucho los colores primarios, para mí tiene que ver con el estímulo visual propiamente dicho que produce el color en el ánimo y en el ojo. Yo a veces dibujo o pinto porque tengo ganas de ver el color que estoy aplicando sobre el papel. Y eso pasa un poco igual en las películas. Sobre la simplicidad de los elementos es algo que me atrae temáticamente. Al fin y al cabo, el cine experimental, o al menos lo que yo hago, te libera un poco de tener que irte hacia lo narrativo, o de esta idea de la que se habla siempre de que el cine es contar historias. A mí lo que me gusta del cine experimental es precisamente no tener que contar una historia y poder concentrarme en un motivo. En ese sentido igual me identifico más con las artes plásticas, en las que el motivo a lo mejor es una naturaleza muerta o es algo mínimo y al final puedes hacer toda una experimentación formal en torno a una cosa muy simple y esencial.

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