TOY STORY 4

Entre la nostalgia y un nuevo mundo

Desde la primera entrega de Toy Story, las inquietudes y la actividad de Andy marcaba el rango de actuación de sus juguetes. El conflicto de la primera se veía motivado por los celos de Woody sobre Buzz como el nuevo juguete favorito de su dueño; desde entonces, Woody no ha hecho más que crecer. En la primera entrega pudo enseñarle a Buzz su propio valor como el juguete de Andy mientras él mismo aprendía sobre humildad, trabajo en equipo y amistad. También superó el miedo a lo desconocido en la casa de Sid donde, pese a las circunstancias, terminaba viendo a los juguetes mutilados como compañeros y aceptándolos como resultado de la creatividad de un niño muy diferente al suyo. En la segunda, Woody aprendió que un juguete roto no tiene porque ser un juguete acabado, si no que puede tener muchas otras vidas en las manos adecuadas.

Toy Story 4 Revista Mutaciones 2

Hasta entonces, la simpatía y la ternura de Andy se veía reflejada en sus muñecos, que desarrollaron personalidades arrolladoras asentadas sobre la empatía y el sentido común de un niño (rabietas incluidas). En el caso de Woody la carga es mucho mayor, actúa como canalizador de las distintas etapas de Andy hacia la madurez y, al mismo tiempo, aprenden y crecen juntos. De esta forma, Andy no es el único que deja atrás su infancia al donar sus juguetes en Toy Story 3 (Lee Unkrich, 2010). Al mismo tiempo, Woody dice adiós a su “infancia” y a lo que él entendía como la razón de su existencia, a Andy. Lo que es curioso es que cada película plantea una cuestión que termina desarrollando la siguiente secuela y, aunque parecía que una cuarta entrega era innecesaria (también lo parecían la segunda y la tercera), es una excusa perfecta para darle al vaquero un final feliz, aunque este sea lejos de Andy.

La cuarta entrega presenta a un Woody seguro de su trabajo como juguete y objeto de diversión de Bonnie. Sin embargo, cuando antes era el primero en la lista de Andy, con Bonnie es un juguete más entre el montón, y parece no importarle mientras cumpla con su trabajo, algo muy típico de la vida adulta: rutina y responsabilidad. Al enfrentarse a esas labores, el vaquero empieza a cuestionar el motivo de su existencia en un mundo totalmente diferente al que había construido con Andy. Con la entrada de Forky, el tenedor endeble y gritón, se materializan todas las ideas planteadas en las entregas anteriores. En la primera cinta, Sid desmembraba sus juguetes y componía con los restos otros diferentes y ahora, aunque de distinta manera, Bonnie hace uso de su creatividad para crear juguetes nuevos. Pixar, irónicamente, utiliza a Forky para mostrar la amplia variedad de juegos que un niño puede crear sin necesidad de comprar un juguete. Y no solo eso, Forky también sirve de apoyo a Woody para elegir quién quiere ser, ¿es un muñeco o es basura? ¿Su vida sin un niño que juegue con él ha acabado? ¿Existen más reglas que cumplir por el hecho de ser un juguete? ¿Pueden romperse esas reglas? Si recordamos a Jessi, Perdigon y el viejo Pete, a Lotso, Sonrisitas y Peque desechados por sus dueños en Toy Story 2 (John Lasseter, 1999) y Toy Story 3, respectivamente, encontramos que todos han tenido una segunda oportunidad indiferentemente de su paradero final. Todos han tenido la posibilidad de elegir. Sin embargo, hasta Toy Story 4, Woody no visualizaba un mundo más allá de su niño.

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En este panorama, la dirección de Josh Cooley en Toy Sotry 4 entra en juego. Hasta entonces el universo planteado en la saga era enorme, las habitaciones y los espacios se volvían infinitos para los juguetes, también correspondiendo al tamaño de los niños. Sin embargo, pese a su tamaño, Cooley dibuja un punto de vista al nivel de sus personajes, que ya no están sobrecontextualizados por el entorno y sus dimensiones, si no que se encuentran al nivel de la cámara. Esta cercanía por parte de la puesta en escena salpica a sus personajes, en concreto a Woody, que empieza a pensar en él como un solo individuo con sus propias inquietudes, capaz incluso de renunciar a su caja de voz, una parte de él que le hace especial como juguete. Así la ficción cobra sentido a partir de las texturas y materiales de los personajes, que alcanza un detalle vívido y más directo con la concepción de la realidad adulta.

Este contexto terrorífico y a la vez purificador que plantea Cooley se apoya en el arco emocional de Woody y la autoconsciencia de otros personajes como Bo Peep para marcar la diferencia entre la infancia y la edad adulta, la necesidad de necesitar siempre a alguien que apruebe lo que haces y la de ser uno mismo sin limitaciones. La saga de Toy Story guarda la nostalgia por un tiempo donde los juguetes tenían valor sentimental. Toy Story 4 reserva un lugar para ellos en otro mundo, un mundo sin niños donde el poder de decisión y la madurez es un regalo que lleva cultivándose desde 1995.

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Toy Story 4 (2019, Estados Unidos)

Dirección: Josh Cooley / Guion: Andrew Stanton, Stephany Folsom (Historia: John Lasseter, Andrew Stanton, Josh Cooley, Valerie LaPointe, Rashida Jones, Will McCormack, Martin Hynes, Stephany Folsom) Producción: Pixar Animation Studios / Walt Disney Pictures / Montaje: Axel Geddes / Música: Randy Newman / Dirección artística: Laura Phillips/ Diseño de producción: Bob Pauley / Reparto: Tom Hanks, Tim Allen, Annie Potts, Tony Hale, Keegan-Michael Key, Madeleine McGraw, Christina Hendricks, Jordan Peele, Keanu Reeves, Ally Maki, Jay Hernandez, Lori Alan, Joan Cusack, Bonnie Hunt, Kristen Schaal, Emily Davis, Wallace Shawn, John Ratzenberg, Blake Clark

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