Yrupẽ
La floración de la resurrección

El universo está nervioso. Luz filosofal. La historia hinchada de amor
-Jean Epstein
Para Jean Epstein, el cine es sobrenatural por esencia, su potencia reside en el animismo. En la pantalla no existe la naturaleza muerta, los objetos tienen actitudes, significan. Todo está vivo. El ojo humano, la lente que más puede acercarse a la “realidad”, es imperfecto a la hora de revelar ciertos procesos misteriosos de la naturaleza. El invento del cinematógrafo haría posible el registro de la obra voraz y poderosa que es la floración, a través de la aceleración de imágenes. Para Colette, esta herramienta era capaz de registrar «la germinación de un haba, el nacimiento de sus raíces perforadas, el ansioso bostezo de sus cotiledones de donde brota, como una flecha, su cabeza de serpiente, el primer tallo. Ante la revelación del movimiento intencional e inteligente de la planta, vi a niños levantarse, imitando el prodigioso ascenso de una planta que trepaba en espiral, sorteaba un obstáculo: «¡Está buscando! ¡Está buscando!», gritó un niño entusiasta. Soñó con eso esa misma noche, y yo también.» Filmar la germinación de una semilla supone encerrar todo su misticismo en la imagen, crear vida a través de la cámara inerte.

En este jardín brota la ópera prima de Candela Sotos, Yrupẽ (2025), que se propone filmar el proceso de plantación del yrupẽ, un nenúfar amazónico que solo florece una vez al año y de repente, por la noche. Este crecimiento se va intercalando con un trabajo de investigación y archivo fílmico en torno a la figura de Guillermo Fernández-Zúñiga, tío abuelo de la directora y pionero del cine científico del siglo XX. Exiliado después de la guerra civil, Fernández-Zúñiga empezó a desarrollar su obra durante las misiones pedagógicas de la Segunda República. Ante la desaparición de gran parte de sus películas, Sotos va en busca de la filmación que su tío hizo de este mismo nenúfar, rastreando los archivos familiares y registrando todos los testimonios de aquellos que le conocieron. En un ejercicio de recreación y memoria histórica, Sotos intenta salvar la distancia que existe entre las imágenes de su tío y las suyas propias. Quizá por eso la cineasta en ocasiones elige filmar con el móvil primero, porque le permite acercarse al oscuro enjambre de estambres que está cultivando, “entrar” en las raíces, aprehenderlas. Los testimonios hablados se imprimen sobre imágenes de microscopio, lo diminuto se convierte en universal, ocupando toda la pantalla bajo el rastro carnal de la voz. De nuevo, un mundo invisible a los ojos se revela a través de la cámara microscópica, en estas regiones de lo real a las que la ciencia solo puede acercarse de manera superficial. Para Henry Bergson, la ciencia “congela” los procesos vitales. «La intuición parte del movimiento, lo coloca o más bien lo percibe como la realidad misma, y sólo ve en la inmovilidad un momento abstracto, instantáneo, puesto por nuestro espíritu sobre la movilidad». En esta hibridación de arte y ciencia, es donde precisamente las imágenes cobran vida, respiran.

La película contabiliza los días que tarda la planta en florecer, y hace un seguimiento cronológico del proceso. Sin embargo, yrupẽ crece de manera rizomática, y el trabajo archivista de Sotos se va intercalando en el proceso de la misma manera, creciendo indefinidamente, entrando y saliendo de los arcontes para poder acercarse a una persona a través de las yemas de sus raíces, como su obra fotográfica o su registro epistolar. La aparición de las imágenes que Fernández-Zúñiga tomó durante la Guerra Civil asientan un poso en el fondo del relato, donde la fragilidad del nenúfar se carga de reivindicación política. La imagen se sumerge y avanza, abriéndose paso entre la turbidez del agua para revelar la parte de abajo del nenúfar que permanece oculta y a través del cual se cuela la luz. La planta se vuelve completa, lo archivado bajo el agua es revelado. Por fin, Sotos logra capturar la noche en la que se abre la flor de yrupẽ y la intercala con las fotografías que su antepasado tomó con su propio nenúfar en el mismo momento. Las dos flores se convierten en una, el presente y el pasado salvan la distancia temporal y quizá lo más importante, el olvido de la muerte es esquivado. Ambas están vivas y encarnan la presencia del cuerpo de quienes pulsaron el disparador. La resurrección es posible, sencillamente no es perceptible al ojo humano.
Yrupẽ (España, 2025)
Dirección: Candela Sotos / Guion: Candela Sotos / Producción: Catarina Boieiro / Fotografía: Candela Sotos/ Música original: Mercedes Dansey, Tomás Fernández Bonilla / Montaje: Juan Carrano, Caterina Monzani / Sonido: Dídio Pestana, Cora Delgado, Candela Sotos, Mercedes Dansey, Raúl Díaz
