MAGALLANES (CARA B)
LA ETERNA INVERSIÓN ENTRE LOS FINES Y LOS MEDIOS
Simone Weil advertía en Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión (1934) de la inversión que se había producido entre los medios y los fines: «La historia de la humanidad no es más que la historia de la esclavización, que convierte a los hombres, tanto opresores como oprimidos, en meros juguetes de los instrumentos de dominación que ellos mismos han fabricado y rebaja así a la humanidad viva a ser la cosa de las cosas inertes». Sin duda, los cadáveres que pueblan los encuadres de Magallanes (Lav Diaz, 2025) dan testimonio de ello y constituyen una elocuente muestra de cómo operan esos mecanismos de dominación.

Lav Diaz destruye cualquier tentativa de mitificación de Fernando de Magallanes para devolverlo a su condición de hombre mortal. Para ello, se sirve de sus habituales elipsis, que relegan la violencia al fuera de campo; de diversos desplazamientos del punto de vista; y de unos encuadres dominados, en primer término, por cuerpos sin vida. El primer plano de la película muestra a una mujer indígena que se encuentra con el hombre blanco, situado fuera de campo. Ella avisa al resto de la tribu aludiendo a una antigua promesa de los dioses. Tras el título, las imágenes no muestran el enfrentamiento entre nativos y colonizadores, sino únicamente sus consecuencias: los restos de la batalla. Solo permanecen los cuerpos, las «cosas inertes» que han perdido toda función vital.
El segundo desplazamiento se produce cuando Fernando de Magallanes y sus hombres divisan tierra. A partir de ese momento, el relato se desplaza en gran medida hacia los nativos que la habitan. La película recoge sus rituales – esos cuerpos entregados al mar-, sus cantos de celebración -en esa secuencia final en la que logran liberarse de la opresión- o las estrategias mediante las que recuperan su propia fe, como la supuesta venganza del espíritu de Lapu-Lapu. Este cambio de perspectiva pone en evidencia la mirada colonial, que olvida o desprecia las vidas arrebatadas en nombre de un supuesto «bien mayor», cuando dicho bien no deja de ser un medio (la acumulación de riqueza) presentado falsamente como un fin.
Es precisamente esta inversión, alimentada por una ambición desmedida, la que articula la reflexión de la película sobre el poder. Magallanes intenta convencer al reino de Portugal de la validez de su ruta alternativa, pero es relegado cuando deja de ser útil: como juguete del poder, ya ha cumplido su función y deja de interesar a los mecanismos de la fuerza. La cámara lo muestra entonces aislado; ese plano medio que, por primera vez, se aproxima a su rostro hace visible dicha condición. En una conversación con un poeta, Magallanes responde con un puñetazo cuando este compara su codicia con la del rey. Es la misma violencia que ejercerá sobre los hombres de su tripulación mediante decapitaciones, abandonos en islas o torturas. La lógica del poder actúa aquí en dos direcciones: Magallanes necesita imponerse sobre sus subordinados y, al mismo tiempo, sobre los territorios y sus gentes a conquistar. Todos los participantes de dicha travesía, excepto algún cura o Enrique de Malaca quedan sometidos a una misma dinámica de dominación impulsada por una codicia que convierte los fines en simples medios.

La puesta en escena, construida a partir de largos planos fijos, en su mayoría secuencia, rehúye cualquier forma de heroicidad. Muchas de estas imágenes muestran la soledad que la propia desconfianza del conquistador termina por construir a su alrededor. Al mismo tiempo, Diaz dirige la mirada hacia aquellos espacios que la historia ha preferido ignorar: no solo el punto de vista de los pueblos indígenas, sino también el lugar marginal reservado a las mujeres, como en esa escena en la que esperan el regreso de sus maridos. Cerca del desenlace, el espíritu de la esposa de Magallanes contempla la batalla, relegada al fuera de campo visual y apenas sugerida por el sonido. El siguiente plano, inevitablemente, estará ocupado por nuevos cadáveres. ¿No confirma ese espectro la intuición de Simone Weil? ¿No queda la humanidad viva reducida a ser el sujeto de las cosas inertes? ¿Acaso no termina estando más vivo un fantasma que aquellos hombres convertidos en instrumentos de la fuerza?
Magallanes (Magellan, Lav Diaz, 2025)
Dirección: Lav Diaz / Guion: Lav Diaz / Producción: Joaquim Sapinho, Marta Alves / Fotografía: Artur Tort, Lav Diaz / Montaje: Artur Tort, Lav Diaz / Sonido: Emmanuel Bonnat, Cecil Buban / Reparto: Gael García Bernal, Dario Yazbek Bernal, Ângela Ramos, Amado Arjay Babon, Ronnie Lazaro.
