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EXIT 8

Romper el bucle

Exit 8. Revista Mutaciones - 1

Genki Kawamura vuelve a la dirección con Exit 8 (2025), adaptación homónima del videojuego de terror independiente desarrollado por Kotake Create, que alcanzó el éxito internacional a partir de generar perturbación con lo mínimo: jugando con las repeticiones, el espacio liminal y a través del punto de vista en primera persona. El personaje en el juego se encuentra atrapado en un pasadizo del metro y solo podrá avanzar si es capaz de detectar las pequeñas anomalías que puedan aparecer. En caso de que surjan, deberá retroceder; de lo contrario, tendrá que seguir avanzando para intentar alcanzar la octava salida que da nombre al título y que permite finalizar la partida y llevar al protagonista a la superficie. Sin embargo, si comete un error, el contador de salidas se reiniciará y el jugador se verá obligado a comenzar de nuevo, quedando atrapado en un bucle infinito.

A primera vista, podría parecer que este nuevo filme poco comparte con las preocupaciones exploradas en Cien Flores (2022), su anterior película, que era además su debut como director. En aquella, planteaba una reflexión sobre el peso de los traumas generados por las ausencias familiares que establecía una cierta conexión directa con la filmografía de la cineasta japonesa Naomi Kawase. Cinta narrada en su mayoría a través de planos secuencia con suaves movimientos, que eran interrumpidos por breves fogonazos de la memoria de los personajes, donde se contaba la relación entre una madre que comenzaba a padecer alzhéimer y su hijo, incapaz de perdonar su ausencia en el pasado.

Exit 8. Revista Mutaciones - 2

En Exit 8, Kawamura retoma el tema de las ausencias paternas y sus posteriores cicatrices. El largometraje comienza con el trayecto en metro de un joven japonés, quien será presentado más tarde en los créditos como “el hombre perdido”. La cámara adopta su punto de vista, recordando al videojuego, en lo que será un largo plano secuencia: su exnovia lo llama para decirle que va a tener un hijo, pero él no se siente preparado porque sigue sin superar el abandono de su padre. Se refugia en sí mismo, en su música, como demuestra la escena inicial en la que un ejecutivo grita a una madre porque su bebé hace ruido y el protagonista simplemente se coloca de nuevo los auriculares. El Bolero (1928) de Ravel anticipa a través de sus repeticiones nunca iguales el infierno infinito que habitan los protagonistas: noticias en el móvil sobre destrucción que han perdido su gravedad, un subterráneo donde es imposible diferenciarse (todos visten trajes grises) y donde nadie hace nada por el otro.

Es en el trayecto hacia la salida cuando el protagonista queda atrapado en el bucle espacial mencionado anteriormente. Dentro de esta condena, el hombre perdido se acabará encontrando con un niño que, como él, estaba buscando la salida. De esta forma, ambos personajes encuentran en el otro alguien a quien aferrarse: el protagonista puede ejercer el rol del padre que nunca tuvo y el chico puede hallar la figura paterna de la que carece. Es esta unión la que provoca la única separación con el presente (bajo la amenaza de un tsunami como anomalía), para ir -en lugar de hacia la memoria, como en su debut- hacia la imaginación de los personajes. Allí, una fotografía desaturada vuelve a anunciar el desapego con la realidad, en una secuencia que muestra un futuro donde él es el padre del joven.

Exit 8. Revista Mutaciones - 3

Este loop en el que queda anclado el protagonista, y que da sentido al ocho del título, ya aparecía formalmente en su retrato de la demencia. Para poder transmitir el estado psicológico en el que se encontraba la madre del filme, Cien Flores recurría a una serie de repeticiones imposibles en la realidad, pero que, a partir del uso del plano secuencia -y, por tanto, de la unión espaciotemporal-, se volvían creíbles. Un ejemplo de ello era aquella escena donde, por mucho que subiera las escaleras, el personaje siempre acababa en el mismo piso. De una manera prácticamente simétrica, Exit 8 repite este recurso para potenciar la idea claustrofóbica que hizo tan popular al videojuego y obliga al espectador a ser consciente de los elementos que rodean al personaje. Esta herramienta formal, que se transforma en uno de los grandes aciertos de la propuesta de Kawamura, radica en la idea de que el mayor terror no proviene de las anomalías (ratas con orejas en el cuerpo, sangre que brota de los conductos o un hombre que interrumpe su trayecto habitual por el pasillo), sino en el hecho de estar condenados a la infinitud sin la posibilidad de ser conscientes del otro.

A pesar de ciertos elementos que abusan de los códigos del género (como los protagonistas observando las anomalías más tiempo del lógico o actitudes forzadas que parecen creadas solo para fomentar su aparición), Exit 8 encuentra una de sus ideas más interesantes cuando el personaje finalmente consigue hallar la salida. En lugar de subir a la superficie, como sucedía en el videojuego, tiene que volver a ingresar en el transporte subterráneo. En vez de ofrecer una solución, el filme apuesta por volver a adentrarse en el conflicto inicial. La misma situación se repite: ¿Existe realmente una posible evolución o estamos condenados a un ciclo sin fin? Todo permanece igual menos la cámara que ya no adopta su punto de vista, lo filma desde afuera. ¿Será entonces posible cambiar?


Exit 8 (Japón, 2025)

Dirección: Genki Kawamura / Guion: Genki Kawamura; Kentaro Hirase / Producción: Yuto Sakata / Fotografía: Keisuke Imamura / Montaje: Sakura Seya / Música: Yasutaka Nakata (CAPSULE); Shohei Amimori / Sonido: Masahito Yano/ Reparto: Kazunari Ninomiya; Yamato Kochi;  Nana Komatsu; Naru Asanuma;  Kotone Hanase

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