Chainsaw Man: Reze Arc
El amor, a veces, corta más que una motosierra
Alternando intimidad urbana —un café vacío, el semáforo ámbar parpadeando, un baño nocturno, repleto, un tejado cara a las estrellas… donde se dicen palabras bonitas (vacías)— con quiebres resquebrajados que destruyen aquello que parecía humano, el terror nunca emerge de los monstruos, sino de la posibilidad de que el amor sea real.
Chainsaw Man (Ryū Nakayama, 2022) está de vuelta, pero esta vez en la gran pantalla. La película dedicada al arco de Reze confirma que la saga de Tatsuki Fujimoto nunca ha sido —pese a la apariencia— una franquicia de acción o un slasher de terror fantástico, pese a sus semejanzas. Aquí, lo importante no es la sangre, sino la caricia que precede al corte, afirmando así que el núcleo de su debate fílmico es una tensión íntima: el romance como preludio del horror y dicho horror como elemento saboteador del afecto. Hermosa y destructiva yuxtaposición.

Desde el primer contacto entre Denji (Kikunosuke Toya) y Reze (Reina Ueda), se articula esta tensión coreografiando la rutina de lo íntimo con planos estáticos y microgestualidad —guiños, el temblor de una mano, el brillo en los ojos al emocionarse—. Cuando Reze sonríe, la paleta cambia a tonos cálidos; la cámara se acerca y todo parece a salvo… pero he ahí la trampa. El espectador experimenta la detonación emocional antes que la física. Denji, que solo desea una vida normal, encuentra en Reze el espejismo de aquello que nunca se le ha permitido disfrutar: una risa dulce, un lugar donde refugiarse, una mano tendida… Pero el film entiende que en esta historia el amor se encuentra como un campo minado.
Es el diseño cromático el que tiñe la película de representaciones gráficas para acompañar los espacios narrativos y la evolución de los personajes. En su primer arco, los momentos románticos se visten de rosas apagados y una luz anaranjada que simula el hogar; las transiciones a la violencia explotan en amarillos ácidos y negros que absorben… saturaciones que hieren.
Sin embargo, es cuando el film se detiene y deja de lado las explosiones estimulantes cuando mejor funciona. La sangre importa, sí, pero lo que amplifica el relato es la pausa que la precede; donde y cuando la cámara obliga a mirar los mínimos gestos.

En esta mecánica, Reze simboliza una figura trágica que merece tratamiento propio. No es una mera villana, es un cuerpo político. Su tragedia nace de la instrumentalización, la película la representa en dualidad y la sitúa en el umbral entre la autonomía y la carne militarizada. Reze es tragedia porque no puede elegir ni seguir su deseo, así como Denji, le han arrancado la posibilidad de ser completa. En términos políticos, su figura plantea la violencia de un estado que se apropia de una vida como recurso; en términos estéticos, plantea la imposibilidad de que el amor sobreviva en tu cuerpo cuando alguien te ha programado, justo, para querer. La película lo dice sin didactismo, lo sugiere por capas —movimientos ralentizados, miradas mecánicas—, pero, aun así, no la reduce a víctima, sino que mantiene la paradoja: ella se enamora (o simula enamorarse) y reconoce la huella de su voluntad en el acto de amor. Esta tragedia política se liga íntimamente al trabajo de color y luz. Cuando Reze parece más humana, la paleta se vuelve casi doméstica; cuando su arma surge, la misma paleta muta a toxinas cromáticas. Por eso la escena de la piscina recrea la esencia de este núcleo y sirve como clímax narrativo de los personajes: cámara en el corazón de la imagen, todo iluminado con una aureola cálida, prometiendo refugio, para poco después, la imagen se distorsione por flashes violáceos que prometen amargura y dolor.

Comparada con su propia genealogía (shōnen, action manga) y con referencias cinematográficas, véase Amor a quemarropa (True Romance, Tony Scott, 1993), Chainsaw Man invierte la escala afectiva, buscando la desolación que nace cuando aquello que amas se convierte en la única arma capaz de matarte. Esa idea es más potente que cualquier coreografía de combate y, por ende, aunque la animación sobresalga, la película gana cuando el montaje se repliega y todo se suspende en el gesto sensible que precede al corte de la motosierra. Reze Arc demuestra que el terror contemporáneo más eficaz puede alojarse en el gesto afectivo más que en el susto de bolsillo. Al final, el film, y la obra en general, cuestionan abiertamente… ¿qué sentido tiene buscar refugio en otro cuando este puede ser la mecha que incendie tu hogar?
Chainsaw Man: Reze Arc (Tatsuya Yoshihara , Japón, 2025)
Dirección: Tatsuya Yoshihara / Guion: Hiroshi Seko. Manga: Tatsuki Fujimoto / Producción: MAPPA, Shueisha / Fotografía: Animación / Música: Kensuke Ushio / Interpretación: Reina Ueda, Kikunosuke Toya, Fairouz Ai, Tomori Kusunoki, Natsuki Hanai…
