SUPERGIRL
Una verdad muy poco clara

El año pasado, James Gunn apostaba todo al traer de vuelta a los cines al rostro de los superhéroes: Superman. Una película que, pese a generar cierta división, conseguía asentar el renacer de DC en el cine y demostraba que el Hombre de Acero seguía siendo un personaje capaz de ofrecer más de lo que a simple vista podría parecer. No obstante, el reto que se planteó James Gunn con el siguiente proyecto de este universo era, sin duda, mucho mayor que el que afrontó con la primera entrega de esta nueva continuidad.
Más allá de tener cierto recorrido en series de televisión o videojuegos, Supergirl siempre ha sido un personaje al que le ha costado separarse de la imagen de Superman. No es de extrañar, pues nació como un complemento de su primo y no realmente como un personaje completamente independiente, por lo que incluso en cómics ha quedado relegada a un segundo plano. Esto también ocurrió en la gran pantalla con Supergirl (Szwarc, 1984), una película concebida para aprovechar el éxito del Superman de Christopher Reeve, pero que terminó siendo otro capítulo más de la etapa decadente del Hombre de Acero en el cine y quedó olvidada incluso por sus propios creadores (ni siquiera Christopher Reeve se dignó a aparecer en ella). Entonces, ¿está destinada la nueva versión de Kara Zor-El a volver a vivir bajo la sombra de su primo o James Gunn y Craig Gillespie consiguen establecer a Supergirl como un personaje con identidad propia?
De entrada, lo que mejor funciona en Supergirl (Gillespie, 2026) es la forma en la que se muestra el universo a través de los ojos de Kara (Milly Alcock), ya que este es el aspecto que mejor marca la diferencia entre los super primos. En la película de Gunn, gran parte del mundo se presentaba de forma colorida y vistosa; incluso los escenarios ligados a Lex Luthor mantenían la armonía visual del resto del filme, reforzando no solo el homenaje a la edad de plata de DC, sino también la postura de que el mundo humano resulta fascinante y hermoso para Clark Kent.
Esta construcción se invierte por completo en el mundo de Kara. Todos los lugares que visita mantienen una atmósfera de absoluta decadencia: maquinaria industrial pesada, humo y suciedad por todas partes. Incluso los habitantes de los distintos mundos resultan desagradables a simple vista, denotando todavía más ese carácter más cínico de Supergirl con respecto al entorno en el que se mueve. Mientras Superman convive con una sociedad civilizada, Kara debe enfrentarse constantemente a ladrones, borrachos o personas a hacer cualquier cosa por sobrevivir. En este sentido, la comparación entre ambas películas funciona y crea una sinergia perfecta que las retroalimenta, haciendo mucho más clara la diferencia entre Superman y Supergirl.

Esto también queda patente en la manera en que se plantea la acción. Una de las principales críticas hacia el Superman de Gunn era que el personaje parecía demasiado enclenque y no hacía justicia a la fuerza del Hombre de Acero. Gillespie toma esa supuesta debilidad y la convierte en una virtud al presentar a Kara mucho más agresiva que su primo. Esto queda reflejado específicamente en las escenas de acción, donde la cámara se detiene más en el impacto de sus golpes, potenciando tanto el efecto visual como el diseño de sonido para evidenciar que no se contiene tanto a la hora de afrontar un conflicto. El mejor ejemplo es el clímax de la película donde el personaje entra y sale de plano a una velocidad vertiginosa mientras derriba a sus enemigos sin ningún tipo de miramiento.
También en lo referente al pasado del personaje la película consigue ejemplificar quién es Kara. Aunque argumentalmente no termine de encajar la visión tan positiva de los kryptonianos que plantea Gillespie, la forma en que aborda la destrucción de su planeta natal da fuerza a la idea de que Kara es alguien que antepone la verdad a la esperanza. La grandeza de Krypton, representada mediante planos generales de un mundo exótico repleto de lujos y colores cálidos, como si se tratara de una civilización privilegiada, contrasta con la realidad que Kara termina viviendo: una cueva oscura donde se acumulan miles de cadáveres de aquellos a quienes consideraba su familia y amigos. Para ella resulta imposible aferrarse a la idea de un futuro ideal, porque comprende que la muerte siempre termina interponiéndose a cualquier sueño.
Sin embargo, esta construcción tan acertada del personaje y sus ideales no termina de reflejarse en el resto de la película, cuya narrativa es bastante desprolija. Tanto la introducción de Kara como Ruthye (Eve Ridley) resultan demasiado apresuradas, hasta el punto en el que apenas se presenta su contexto. Esto supone un problema especialmente para la coprotagonista, ya que toda su historia de venganza carece del peso emocional que debería tener al no haberse establecido previamente el vínculo que mantenía con su familia. Esta aceleración sería menos problemática si la película no dedicara tanto tiempo a momentos mucho más vacíos en comparación. La historia se detiene más en mostrar algunas de las capacidades de los kryptonianos que en profundizar en relación entre las protagonistas o en los ideales de Kara, que terminan quedando difusos al limitarse a repetir que la venganza no es el camino correcto, sin explorar realmente qué significa eso para ella y cayendo incluso en contradicciones con el desenlace.
Y ese es, en realidad, el gran talón de Aquiles de la película. No consigue construir una identidad plenamente definida para su protagonista ni para el mundo que la rodea. Todo aquello que acompaña a Kara se queda en la superficie, como ocurre con esta nueva versión de Lobo (Jason Momoa): un personaje carismático gracias a la interpretación del actor, pero que apenas aporta profundidad a la historia. Un caso muy distinto al de la Sociedad de la Justicia en Superman (Gunn, 2025), cuyos miembros, pese a ser personajes sencillos, servían para reforzar constantemente el mensaje central de la película.
No es que Supergirl falle porque su historia sea simple, ya que muchas películas del género lo son y aún así son referentes de lo que está bien con estas adaptaciones. Tropieza porque, a diferencia del Superman de Gunn, se queda en la superficie de lo que es el personaje: en su carta de presentación y poco más. Los aspectos que hacen brillar a Kara están relegados a su pasado, pero no construye nada a partir de ello. Ninguna escena construye la identidad de Supergirl haciendo que cuando aparece el símbolo que tanto la caracteriza a ella y a su primo, más que representar algo se sienta como un adorno más.
Está claro que Kara es un personaje que ve la verdad del ser humano; de hecho, su base lo deja todo asentado. Sin embargo, lo que la historia no termina de reflejar es qué significa la verdad para Supergirl.
Supergirl (EE.UU, 2026)
Dirección: Craig Gillespie / Guion: Ana Nogueira / Fotografía: Rob Hardy / Música: Claudia Sarne / Producción: DC Studios, The Safran Company, Troll Court Entertainment, Warner Bros. / Reparto: Milly Alcock, Jason Momoa, Matthias Schoenaerts, Eve Ridley, David Corenswet, David Krumholtz, Emily Beecham, Ferdinand Kingsley, Diarmaid Murtagh
