PEQUEÑO PEZ

Olvidar el olvido

Pequeño pez es una película de cine independiente americano dirigida por Chad Hartigan. Bajo el manto de la ciencia ficción, el filme está envuelto en un tupido velo de realidad. La cinta incita a reflexionar, a humedecer corazones de melancolía y de un sabor amargo. El guion parece estar escrito en versos. Con una lírica inundada de hastío y desasosiego que recuerdan a las poesías de Antonio Machado aclamando el paso del tiempo.

Pequeño pez - Revista mutaciones

La pareja protagonista Emma (Olivia Cooke) y Jude (Jack O’Connell) vive en un mundo futurista que hace frente a un virus que provoca la pérdida de la memoria. Un virus que más bien sirve de subterfugio para esconder la cruda realidad a la que se enfrentan. Olvidar el olvido, olvidar lo vivido, olvidar el motivo. Los personajes afrontan una dura batalla que por mucho más que la ganen, nunca lograrán conquistar la guerra. Una guerra que finge oler a felicidad, pero que poco a poco asoma la dureza de la situación. El recuerdo está ligado al tacto. La memoria háptica se alza con su protagonismo para crear una película sensorial, más preocupada por que el espectador conciba las emociones que en contar una historia. Desde el primer plano se siente la respiración amarga de Emma, frente a la quietud del mar con el sonido de las olas y gaviotas. Se puede oler el humo del cabello de Jude. Se puede sentir la felicidad, los besos y las risas de la pareja.

Una puesta en escena muy medida es la responsable de provocar estas sensaciones. Abundan los primeros planos y los detalles para acercarnos a los personajes, que se abren de pleno ante la cámara mostrando su interior. El director no se corta, es capaz de alcanzar una conformidad mezclando distintos movimientos de cámara, como travelling, con cámara en mano o foto fija. La fotografía parece una pintura, con una textura de ruido y granos que la dotan de personalidad. La composición de la imagen está bañada de líneas y puntos de fuga que marcan una dirección. Aunque esta concluya en la nada porque los protagonistas nunca consiguen encontrar su destino. La poca estabilidad que proporciona la obra son los planos perfectamente equilibrados, llenos de armonía y simetría. En contraposición a la inestabilidad de la trama que se trasmite con una cámara en mano presente en casi todos los minutos.

Los diálogos están muy bien pensados para lograr su objetivo: “Cuando estoy contigo me siento como un pez”, “no tiene ni idea de lo que está pasando en el mundo”, “solo puede nada y pasar un buen rato”. Además están cargados de simbolismo, la característica más conocida del pez es su corta memoria. Identificamos al pez con Jude que lucha contra ser un pez, pero que a su vez lo admira por su capacidad de ser feliz pese a las adversidades. Tras un viaje destinado a la búsqueda del recuerdo, la cinta termina como empieza: “Estaba tan triste el día que te conocí, no recuerdo por qué” dice Emma, con el marco de la playa y el rubor de las olas. Una narración con tiempo circular que sirve para dejar abierto un tema que es imposible de resolver o saciar: el dolor de ser olvidado.


Pequeño pez (Little fish, EEUU, 2020)

Dirección: Chad Hartigan / Guion: Aja Gabel, Mattson Tomlin / Producción: Coproducción Estados Unidos-Canadá;  Automatik Entertainment, Black Bear Pictures, Oddfellows Entertainment, Tango Entertainment / Fotografía: Sean McElwee / Música: Keegan DeWitt / Montaje: Josh Crockett / Diseño de producción: Wear Caitlin Byrnes / Reparto: Olivia Cooke, Jack O’Connell, Carmen Moore, Raúl Castillo, Chris Shields, Soko, Toby Hargrave.

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