EL AMOR QUE PERMANECE
EL MISTERIO DE LA AUSENCIA DE CARIDAD

Hay en Juana de Arco (2025), de Hlynur Pálmason, unos muchachos que construyen una escultura de la santa patrona de Francia en medio de la naturaleza. Y lo hacen para, acto seguido, someterla a un asedio continuo de arcos y flechas. Todo esto es narrado en una única e inamovible posición de cámara, cuyas repetitivas elipsis nos dan cuenta del paso de las estaciones, y de las consecuentes inclemencias del clima. Estos ritornelos visuales, sustitutivos del verso, coinciden sorprendentemente con los monótonos cuartetos alejandrinos de Eva, tan ordenados por Charles Péguy como surcos en un campo. La coincidencia con estas formas de poesía no solo se halla aquí, sino también en los versículos rítmicos de El misterio de la caridad de Juana de Arco, donde la pequeña Jeannette podría responder categóricamente a los muchachos de Pálmason:
«Si es preciso, pues, por salvar del fuego eterno
Los cuerpos condenados que enloquecen de dolor,
Entregar mi cuerpo al sufrimiento humano,
Guardad mi cuerpo, oh Dios, para el dolor humano;
Y si necesita, por salvar de esa Ausencia
Las almas condenadas que enloquecen de Ausencia,
Abandona mi alma al sufrimiento humano,
Que permanezca viva en ese sufrimiento».
Estos muchachos, sus imágenes, son de nuevo ensamblados por Pálmason en su reciente El amor que permanece, también de este pasado 2025. Y su diana, cuyo orígen ya conocemos, aparece en varias ocasiones como una de las muchas impresiones que constituyen una película con un particular ritmo, que se aleja del relato más lineal, ese matrimonio que no acaba por reconciliarse, para abrazar la pincelada suelta. Porque los recursos expresivos del islandés son bastantes: en una breve y luminosa secuencia, la familia prepara mermelada entre juegos y risas mientras la cámara, contagiada de ese impulso jocoso, acompaña la escena con vivacidad. Aunque estos versos no son siempre optimistas. Porque, al igual que en su otra Godland (2022), su cine apegado, qué apegado, apegadísimo a la tierra, parece señalarnos como intrusos, aun cuando aquí la naturaleza no responda con la misma hostilidad que en su filme anterior. Hay una imagen en particular, tomémosla como ejemplo, de carácter tan onírico como irónico, en el que un gallo gigante se toma la venganza por su propia pata y ataca en sueños a su verdugo. Y quizás resulte en algo evidente de más, pero también es ciertamente ingenioso. Como podemos comprobar, Pálmason es capaz de abrazar la fantasía y el humor más surrealista como elementos desmitificadores, para alegrarnos un poco la velada, vaya.

La película, entonces, dedica una gran cantidad de imágenes a una Islandia preciosa, a su fauna y a su vegetación, a sus montañas y paisajes. Y aunque estos fragmentos de tiempo parecen filmados con amor, el cineasta no es Péguy, y la invasión de estos espacios por nuestra parte no parecen dar cuenta de una creación para el hombre. Porque batirse allá afuera parece igual de negativo que batirse en el corazón de la propia casa, según parece decirnos el cineasta.
«No hay nada más hermoso que un niño que se duerme rezando sus oraciones, dice Dios.
Yo os digo que nada hay tan hermoso en el mundo.
Nunca he visto nada tan hermoso en el mundo.
Y, sin embargo, he visto cosas hermosas en el mundo
Y las conozco bien. Mi creación rebosa bellezas.
Mi creación rebosa maravillas.
Hay tantas que ya no sabe uno dónde ponerlas».
Así respondería el poeta de Orleans, en El misterio de los santos inocentes. Porque, a pesar del tono cordial que bordea la cinta, existe también en ella una falta grave de caridad disfrazada de sugerente poesía. Y simpático sentido del humor, valga decir. En cualquier caso, el joven Hlynur, nacido según documentos civiles en el año 84, está construyendo una de las filmografías más interesantes del actual panorama europeo, y a una velocidad vertiginosa. Y esta es una prueba magnífica de ello. Pero ¡ay, Pálmason, cuánta falta echamos de esa pequeña Esperanza!
El amor que permanece (Ástin sem eftir er, Hlynur Pálmason, 2025)
Dirección: Hlynur Pálmason / Guión: Hlynur Pálmason / Fotografía: Hlynur
