LA POSGUERRA DE LAS GALAXIAS
Paracosmos, pero cosmos

El mundo son dos: el que existe fuera del cuerpo y, claro, el que no. También podemos decir que el “yo” son dos. El “yo de carne” y el “yo de rayo”. El que es movido por sangre y el que es movido por neuronas. El “yo de carne» trabaja, come, corre, se rasca y respira. El “yo de rayo» es memoria, moral, emociones, fantasías, fe, falacias, condicionales, chistes, anécdotas, deseos y ficción.
El Conde Dooku es tan real como Napoleón. La Batalla de Endor es tan real como la Batalla de las Termópilas. Las lunas de Tatooine son tan reales como Kowloon o Quintanilla del Pimporro. Y Obi Wan Kenobi es tan real como tu tía Maritrini, la del pueblo, a la que solo ves en Navidad. Uno se recuerda en el 11-S, uno se recuerda en la Orden 66. Uno se pregunta quién disparó primero.
George Lucas, como demiurgo, hace tiempo que entregó el testigo, no a Disney, Filoni o Abrams, sino al mundo. La escritura de las consiguientes películas, series o tebeos, se asemeja más a la interpretación, que a la creación. Uno no aborda los proyectos como quiere que sean, sino como cree que son. Uno hace hermenéutica, afrontando la producción como la exégesis de los textos sagrados; especulando sobre un paracosmos ya existente, que ha ido mutando de generación en generación. Cada nueva obra es un eslabón perdido que ayuda a ver con más claridad un infinito que nunca (y sin embargo) fue. Los nuevos directores se enfrentan a Star Wars con responsabilidad afectiva y honestidad, actuando el mundo de Jorge Lucas como némesis metafísica del pensamiento solipsista de algunos autores; irónicamente guiados por volantes emocionales, es decir subjetivos; no habiendo así nada más objetivo que lo subjetivo. Y los niños hablan de las Guerras Clon con la misma vehemencia y seguridad con la que los mayores hablan de la Guerra Civil. O de la Vieja República como quien habla del Antiguo Testamento. O de la Princesa Amidala como quien habla de Cleopatra. O del Senado como quien habla del Senado.
Cuando Yoda pasa por las manos de distintos autores deja de ser de alguien y pasa a ser alguien. Uno no es el mismo con su jefe, con su novia o con su hermano. Los múltiples puntos de vista actúan como un LiDAR, dando lugar a un objeto. Por el contrario, los espectadores practican una bella forma de dar forma: sobreintelectualizar un mundo que lo hace fecundo el propio acto de pensarlo. Creando, sin embargo, una curiosa cadena causal con la redondez de un uróboro. Y habrá gente que vea nubes con forma de tiburón y otra que vea nubes con forma de nubes. Pero hay ultramundos que no cicatrizan y dejan una huella indeleble en el imaginario colectivo. Es aquí cuando Han Solo se vuelve inmortal. Trasciende el soporte y las dimensiones del hombre. Nacen así los mitos modernos, viajando de boca en boca, de formato en formato, de actor en actor; surfeando relatos y leyendas por encima de montes y montañas
Star Wars, como analgésico del alma, te permite no ser cuando te asomas. Porque a veces llueve y conviene refugiarse de nuevo en la Caverna; pues, con sus luces y sus sombras, abriga. La realidad es que la irrealidad también existe. La verdad también se inventa. Todos hemos sido jedis. Star Wars camina sobre hombros de gigantes, no de molinos.
Cuando bien niño, tu madre te decía: “Sana, sana, culito de rana”, no te curaba. Pero vive Dios que te curaba. Y es que hay veces que la realidad debería ser más humilde.

Juegas muy bien con las palabras. Es un juego que enfocas con la realidad y la fantasía y que el lector permanece alerta con el desenlace. Me ha gustado, sigue por ese camino de lo real y lo anecdotico. Cada vez recibe mejor regalo tu pluma.