BUGONIA
And we gonna let it burn, burn, burn, burn
En un momento de El sacrificio de un ciervo sagrado (2017), Kim (Raffey Cassidy) canta frente a Martin (Barry Keoghan) una estrofa de Burn (2013), de Ellie Goulding. Un instante que presagiaba la destrucción de la entidad familiar, ya que a continuación Steven (Colin Farrell) se vería obligado a tomar una drástica decisión: eliminar a su mujer o a uno de sus hijos. En Bugonia (2025), Lanthimos recurre nuevamente a la música pop -ahora a Chappell Roan y su Good Luck, ¡Babe! (2024)- como elemento que precede a la violencia injustificada e irracional que se desencadenará de forma inmediata sobre los personajes. Ahora, la víctima de este conjunto de atrocidades es Michelle (Emma Stone), una alta ejecutiva de una multinacional farmacéutica que es secuestrada por Teddy (Jesse Plemons) y su primo neurodivergente, Don (Aidan Delbis).

Como era de esperar, el desprecio con el que el cineasta trata habitualmente a sus protagonistas se repite en este remake del filme surcoreano Salvar el planeta tierra (Jang Joon-hwan, 2003). Al igual que en su quinto largometraje, un objeto se erige como muestra perfecta de los instintos más repulsivos del autor: la escopeta. Si en aquella Steven era obligado a matar con el arma a uno de sus descendientes, aquí Don, en un acto de lucidez al darse cuenta de que no podrá escapar de la soledad perpetua a la que está condenado, se suicida. Un momento exageradamente grotesco que Lanthimos convierte en cruel y supuestamente divertido -esa sangre espesa que brota a borbotones sobre el rostro de Michelle que parece sacada de una cinta de serie B-. Sin embargo, es solo la punta del iceberg de toda la problemática y falta de compromiso con el personaje. Y es que la neurodivergencia de Don es solo una excusa para potenciar la hilaridad y el absurdo de todo lo que le rodea -véase cuando antes de dormir visualiza únicamente vídeos relacionados con la astronomía como una vía de escape de la realidad en la que vive-.

Lo mismo sucede con Teddy, un paria del sistema que en sus instintos individualistas se cree capaz de salvar al mundo de una invasión alienígena. Aquí el ser desvalido y herido profundamente en términos emocionales y físicos -durante la infancia fue víctima de un abuso sexual cuando su madre entró en estado crítico por el consumo de opioides- es tratado por el cineasta como un iluso. Algo que llega a su máxima expresión cuando mata a su propia progenitora. Y es que, pensando ingenuamente que puede salvarla mientras le suministra un anticongelante para automóviles, Teddy exclama: “Mamá, despierta. Puedes hacerlo. Despierta”. Si a esto le sumamos el afán de Lanthimos por generar una sensación de extrañeza y comicidad ligada al realismo, lo que le lleva a dilatar la duración del plano y a romper el equilibrio compositivo, queda una secuencia cuyo resultado solo puede ser abyecto.
Queriendo ser metáfora de la relación destructora del ser humano con el medio ambiente, a Michelle, extraterrestre y creadora de la humanidad, no le queda más remedio que exterminar aquello a lo que ella misma ha dado forma. ¿Acaso no es un trasunto de la posición de un cineasta que se sitúa por encima de lo que filma? Porque a fin de cuentas Bugonia es sucesora de la drástica decisión que tomaba Steven en El sacrificio de un ciervo sagrado: el asesinato de la propia creación. “And we gonna let it burn, burn, burn, burn”.
Bugonia (Yorgos Lanthimos, EE.UU., 2025)
Director: Yorgos Lanthimos / Guion: Will Tracy / Reparto: Emma Stone, Jesse Plemons, Aidan Delbis, Stavros Halkias, Alicia Silverstone / Música: Jerskin Fendrix / Director de fotografía: Robbie Ryan / Montaje: Yorgos Mavropsaridis / Producción: Yorgos Lanthimos, Element Pictures (Ed Guiney, Andrew Lowe), Fruit Tree (Emma Stone), Square Peg (Ari Aster, Lars Knudsen), CJENM (Miky Lee, Jerry Kyoungboum Ko) / Distribuidora en España: Universal Pictures
