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LA HIJA PEQUEÑA

¿Basta la libertad de conocerse?

Fátima (Nadia Melliti) se observa en el espejo, pero el encuadre inicial nos niega su rostro; lo único indistinguible es su dorso sobre el lavabo del baño aún con el esfuerzo del zoom-in. Es la pequeña de las hijas de una familia musulmana de origen argelino que reside en Francia. En las mañanas primero reza y después fuma; una calada inspirada por cada oración espirada. Consciente del asma que padece y de todo lo anterior, lo que desconoce Fátima es su identidad sexual.

La hija pequeña Revista Mutaciones

En su tercer largometraje, Hafsia Herzi (Francia, 1987) recorre el primer año de adultez de Fátima encuadrándola bajo una serie de restricciones que ningún varón caucásico heterosexual en su edad —varios de sus amigos— debe asumir. El elemento visual generado por la cortina de tiras de la cocina se transmuta en una suerte de barrotes verticales. Esas tiras desenfocadas sugieren una celda para su madre y entre ellas rebotan los comentarios de sus hermanas mayores al respecto de dominar ese espacio llamado cocina, para ganarse el favor de un hombre. Mientras, su padre no se moverá del sofá. Fátima desafía las formas de las restricciones y por ello no solo no aprende a cocinar, sino que traspasa esa cortina siempre que puede para sabotear la preparación de los platos. Esta geometría opresiva escenificada en los elementos en pantalla se replica en la la red desenfocada de una portería de fútbol que la retiene en torno a la homófoba reflexión de su grupo de amigos. Solo cuando desaparece ese recurso formal (cuando las imágenes avanzan sin restricciones) ella comienza a comprenderse evidenciando su desafío hacia las normas de ese conjunto de planos.

Su homosexualidad, rechazada por ella misma —de espaldas a la cámara en su apertura— despierta progresivamente; tímida, tapada como la propia Fátima por su gorra y encuadrada en la noche primaveral a través de los escenarios que marcan sus primeras citas. Un coche en un descampado o la barra de un pub (localización cerrada) escuchan en su diálogo de presentación hacia otras mujeres un nombre y un origen inventados. El progreso en su autodescubrimiento se percibe en la confianza de renunciar a la gorra durante una cena en una terraza abarrotada. La llegada del verano marca un nuevo capítulo. “Soy Fátima. Mi familia es de Argelia” pronuncia el personaje. Su reflejo en cristales se fragmenta a medida que su orientación sexual se define narrativamente. La inaccesible imagen de sí en el espejo del lavabo del baño queda para el inicio del film. Esa a la que se obligaba mientras lavaba sus brazos en un ritual islámico. El prisma cultural que contenía su destino como joven soltera y musulmana se ha roto y las posibilidades se liberan en la fragmentación de sus reflejos.

La hija pequeña Revista Mutaciones

A pesar de que durante las mañanas haya cada vez menos rezos, las escenas con cigarrillos permanecen en el montaje. El asma visita a Fátima entretanto que perdura su fe. El inhalador aparece para prestar su bocanada cada vez que su cuerpo lo exige durante la confrontación con su orientación sexual; no por los efectos del tabaco. El agua que supuestamente purificaba su alma mediante el lavado de sus brazos intenta ahogarle en una pesadilla en el momento de mayor crisis teológica. Como si la culpa por su fe le asfixiara, revelando en esa deuda impuesta la causa de la enfermedad respiratoria. Las rejas de una valla —de nuevo el recurso del desenfoque— encierran entre ellas a la mezquita que habitúa junto a su familia. Aunque de dimensiones incomparables a las anteriores restricciones Fátima tampoco obedece, desentendiéndose del islam y sus normas. ¿Es inconcebible que una mujer musulmana sea abiertamente lesbiana? Pese a esconderse en los matorrales de un parque, Fátima no cede su derecho.

¿Cómo progresar en esa búsqueda cuando aun suprimiendo la práctica de la religión que te rechazaba queda todavía una figura maternal en la cocina esperando que algún día ocupes ese espacio? Al menos en la mañana se imponen hábitos que no impiden esa exploración. Al menos los toques con un balón de fútbol se imponen tras el fundido a negro al sonido del agua del lavabo que se escuchaba antes de que el plano inicial mostrara la espalda de la protagonista. Pero ¿cuál es el consuelo de descubrir quién eres con 18 años y vivir disfrazada para los restantes? Ser consciente de poder dar toques con el balón, de cara al encuadre y a la vez desconocer que te deja atrapada tras otra de sus restricciones, sentenciando una permanente prisión para esa identidad que tanto ha costado aceptar.


La hija pequeña (La petite dèrniere, Hafsia Herzi, 2025)

Dirección: Hafsia Herzi / Guión: Hafsia Herzi, Fatima Daas / Fotografía: Jérémie Attard / Montaje: Géraldine Mangenot / Música: Amine Bouhafa / Reparto: Nadia Melliti, Park Ji-min, Amina Ben Mohammed, Mouna Soualem.

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