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RENOIR

Mirar al pasado

En un vagón de tren, Yuki (Fuki Okita), una niña de 11 años, y su madre, Utako (Hikari Ishida), se miran mientras se sostienen las manos. La joven intenta que su madre adivine la carta que ella ha escogido. Bajo esta imagen Chie Hayakawa dialoga en Renoir (2025) con su infancia. Cineasta y pasado se enfrentan en busca de verbalizar una niñez atravesada por lo inexplicable.

Yuki en el verano de 1987, mientras que Japón se sumerge en el apogeo de la burbuja económica, se enfrenta a la posible pérdida de su padre, Keiji (Lily Franky), el cual padece una enfermedad terminal. La infancia idílica es atravesada por la muerte de forma transversal. La cinta comienza con una serie de imágenes en VHS de bebés llorando, bajo un sueño en el que la protagonista es asesinada. Al mismo tiempo, las noticias que llegan del telediario solo anuncian asesinatos, y Yuki, a través de hipnotismo, escucha a una señora contar el suicidio de su marido.

Renoir. Revista Mutaciones

Hayakawa explora el relato cuestionando el concepto de la realidad y, para ello, es vital centrar el punto de vista en un personaje tan joven. Al igual que las ondulaciones de la cortina, el relato se despliega en una mezcla de sueños, anhelos, imaginaciones… Así, reta la supuesta objetividad y, en ocasiones, fuerza levemente momentos de belleza inesperados -véase cuando Fuki posa la mano sobre la camisa de la madre movida por el viento; cuando observa junto al padre el suspiro de otro paciente, o cuando la maestra de inglés rompe a llorar- apoyados en una fotografía entregada en su mayoría al agrado estético.

El filme se compone así de breves secuencias cotidianas sin dirección aparente. La cámara casi siempre cercana a Fuki muestra la ausencia de refugio emocional al que se enfrenta y cuando no es separada de su madre por líneas verticales, lo es por el espacio cinematográfico. Su padre interrumpe el juego con el objetivo de encontrar una cura, mientras la joven es abandonada al espacio televisivo o a la escucha de una serie de contestadores de una línea telefónica para citas. En busca de cierta comprensión terminará quedando con un joven pedófilo, sin ser consciente del peligro al que se expone.

Renoir. Revista Mutaciones

El auge de la cultura pop -ese joven que dice que se parece a Tom Cruise por el contestador, los talleres de gestión emocional promocionados por Estados Unidos…- y la supuesta riqueza del país (la familia de la que se hace amiga Yuki que tira el pastel al no ser de su agrado) son contrapuestos por la individualidad y soledad. En una de las secuencias más interesantes la voz en off del canal de citas se superpone a una serie de imágenes cotidianas: un hombre cerca de una fuente, una mujer esperando, gente charlando… La voz interna se desliga de una presencialidad superficial y evidencia la imposibilidad de expresión de una sociedad totalmente aislada. Y, bajo esta indefensión, la directora de Plan 75 (2022) vuelve a centrar la mirada en la vulnerabilidad. Si en aquella cinta eran los ancianos, aquí es esta joven -la propia directora de pequeña- que con el tiempo en Renoir permite experimentar (verbalizar) ese vacío.


Renoir (Chie Hayakawa, Japón, 2025)

Dirección: Chie Hayakawa/ Guion: Chie Hayakawa/ Producción: Eiko Mizuno-Gray, Jason Gray, Keisuke Konishi, Christophe Bruncher, Fran Borgia / Fotografía: Hideho Urata / Montaje: Anne Klotz / Música: Rémi Boubal / Sonido: Philippe Grivel, Yves Servageant / Reparto: Yui Suzuki, Lily Franky, Hikari Ishida, Ayumu Nakajima, Yuumi Kawai, Ryota Bando

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