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DEL CIELO AL INFIERNO

Una cuestión de lentes

En la película El infierno del odio (1963) de Akira Kurosawa, el suspense de un secuestro se extendía a una meticulosa investigación que desembocaba en la caza del culpable. La puesta en escena teatral y metódica que había prevalecido a lo largo del metraje se rompe en los instantes finales cuando la narración desciende a los bajos fondos y revela una sociedad dividida: la sofocante diferencia de clases y la ausencia de dignidad humana. Ahí estaba el verdadero infierno.

Spike Lee, con unas intenciones mucho más ceñidas al género que aborda, un thriller puro y duro, abandona el subtexto social de la película de Kurosawa para, en cierta manera, crear espectáculo gracias a un montaje que prioriza la sucesión de escenas de tensión, persecución y el desempeño del plan policial. Una edición más espídica, relamida y sensual le permite crear una prosa sobre los ritmos de Nueva York y sus personajes, como si ellos persiguiesen a la cámara mientras la gran manzana se presenta como implacable a los deseos de sus transeúntes.

Del cielo al infierno Revista Mutaciones

Las lentes teleobjetivo que usó entonces Kurosawa aplastan la distancia entre los personajes y el espacio, creando un todo (familia, policía y empresarios) que actúa contra la nada, un sistema completamente roto que mira desde las alturas un océano de casas hechas con cuatro chapas, calles llenas de basura que se apila por encima de las viviendas y humanos drogándose como si de zombis se tratasen, atestiguando unas diferencias socioeconómicas agigantadas. No es coincidencia la relación de alturas entre la mansión y el barrio bajo que, pese a que persisten en la nueva versión, en la de Kurosawa era un claro señalamiento social mientras que en la de Lee es un símbolo del éxito.

Aunque en líneas generales los personajes se mantienen, Spike Lee abandona por completo el policial, otra decisión muy estadounidense en esa búsqueda de la justicia por cuenta propia, donde la decisión más interesante que toma es la relación entre David King (Denzel Washington) y Paul Christopher (Jeffrey Wright). En Kurosawa, el chófer era apenas un engranaje en la maquinaria de clase; en Lee, es uno más de la familia, intensificando a través de esa cercanía el drama de pagar el rescate de un hijo que no es tuyo. La amistad se vive con una intensidad mucho más palpable, aunque el filme renuncie al filo crítico del original.

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El director estadounidense decide separar a sus personajes del fondo y del resto, un individualismo muy occidental y especialmente estadounidense, que lleva la narración a ser un “one man show” donde Denzel Washington es el faro que guía el filme, incluso en la larga primera parte donde parece perdido en la tempestad de personajes y dramas que no desembocan en ningún lugar. Cada gesto mínimo del actor: rascarse la cara, titubear antes de hablar, la camisa por fuera de los pantalones cuando está en casa, la seguridad con la que ejerce su destino frente a la inseguridad de sus conversaciones frente a su primogénito, crean un personaje que, como es habitual en el actor, le da un nivel más de complejidad a la película que quizás no tienen los diálogos, mucho más enunciativos.

Por ello, aunque es una pena que se pierda el subtexto de Kurosawa, que podría haber sido aplicado con mucha más sarna y mala leche en una sociedad donde el capitalismo se ha adueñado de los términos y definiciones de todo lo que observamos, lo que queda de la cinta de Spike Lee es una buena dosis de thriller con un estilo que, -como en la escena de la entrega de dinero, un perfecto juego de relatos paralelos entre la policía, los secuestradores y el protagonista (más una fiesta cubana)- crean secuencias tan sofisticadas como entretenidas que se suceden a lo largo de la película.

Una cuestión de lentes es, en el fondo, un relato de miradas sobre contextos y estructuras socioculturales: cambiar el objetivo significa también cambiar el mundo que se retrata. Kurosawa veía un sistema roto y Spike Lee, un individuo en lucha. El primero mostraba el infierno de la colectividad, el segundo el brillo solitario de una estrella. Y, sin embargo, resulta más certero aquel que da un paso atrás para mirar con perspectiva el infierno del odio, mientras que quien se inclina hacia delante, señalando al individuo como motor del cambio, sólo puede ver a aquel que transita del cielo al infierno.


Del cielo al infierno (Highest 2 Lowest, Estados Unidos, 2025)

Dirección: Spike Lee / Guion: Alan Fox / Producción: 40 Acres & A Mule Filmworks, Apple Original Films, A24, Escape Artists, Mandalay Pictures, A/Vantage Pictures, Juniper Productions, Kurosawa Production Co. / Fotografía: Matthew Libatique / Montaje: Barry Alexander Brown, Allyson C. Johnson / Música: Howard Drossin, ASAP Rocky / Diseño de producción: Freyja Bardell / Reparto: Denzel Washington, Jeffrey Wright, Ilfenesh Hadera, A$AP Rocky, Ice Spice, Dean Winters, John Douglas Thompson.

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