EstrenosSAN SEBASTIÁN 2025

MASPALOMAS

La belleza de la crudeza, la dureza de la nueva normalidad

Vivir una vida que no se siente tuya es triste y complicado, esta es la historia de Vicente (José Ramón Soroiz), el protagonista de la película Maspalomas (José Mari Goenaga y Aitor Arregi, 2025),un hombre que, después de estar décadas en el armario, decide dejar atrás su matrimonio a los 50 años y poder ser él de una vez. En las dunas del archipiélago canario se encuentra a sí mismo, soltero por fin tras una larga relación de la que no guarda buen recuerdo. Tratando de evitar a toda costa su regreso a San Sebastián, la ciudad que habitó tanto tiempo, pero que no llegó a vivir.

Maspalomas Revista mutaciones

Los planos que abren Maspalomas nos muestran la impersonalidad, la falta de rostros, del espacio que da nombre a la película. En una presentación que recuerda bastante a Mamántula (Ion de Sosa, 2023), tan solo observamos la inmensidad de las dunas a través de planos muy abiertos que presentan a personas pequeñas, que no son nada al lado de la aridez del paisaje que los rodea. Así continúa hasta que, de todas las figuras que exploran el lugar, encontramos una en especial: la de Vicente. Este se encuentra agazapado y medio escondido en los matorrales, como si tuviese miedo a ser descubierto o identificado en ese espacio lúdico-sexual.

José María Goenaga y Aitor Arregi, los directores de otros trabajos como Flores (Loreak, Jon Garaño y José Mari Goenaga, 2014), La trinchera infinita (Jon Garaño, Aitor Arregi y José Mari Goenaga; 2019) o Handia (Jon Garaño y Aitor Arregi, 2017), nos presentan este particular coming of age, donde los protagonistas están lejos de vivir los años de crecimiento y maduración a los que el género acostumbra y que en este nuevo trabajo recuerda bastante a otro largometraje de esta pareja de cineastas: 80 egunean (En 80 días, José Mari Goenaga y Jon Garaño, 2010). En aquella ocasión,Itziar Aizpuru interpretaba a, Axun,una mujer de 70 años que descubría su sexualidad tras reencontrarse con su amiga de la adolescencia Maite (Mariasun Pagoaga). En ese caso, la pareja de ancianas no tuvo que marcharse a ningún lugar para poder disfrutar de su libertad y pudo hacerlo en San Sebastián. No es el caso de Vicente, quien siente la capital donostiarra como una cárcel donde no podrá seguir viviendo la vida que tanto le ha costado construir. Y no se equivoca.

La película se divide en dos partes muy marcadas: una en Canarias y otra en el País Vasco. La primera de colores y sonidos saturados debido a la eclosión y felicidad que siente el personaje, y una segunda donde estos se perciben más apagados y apáticos cuando es ingresado en una residencia en la cual no le queda más remedio que volver al armario para evitar problemas, renunciando a su condición junto a la privacidad, algo que le resulta incómodo. Con una primera parte del filme con escenas muy explícitas, se genera, de esta manera, un enorme contraste con la segunda. Una decisión justificada para poder llegar a entender y sentir el giro que Vicente experimenta en su vida.

Maspalomas Revista mutaciones

La cámara también se encarga de plasmar estas diferencias. Mientras en Maspalomas Vicente es acompañado por una fotografía ágil y fluida que logra empaparse de la vitalidad del protagonista y de la noche canaria, en San Sebastián parece que también se impregna de la imposibilidad de desplazarse de manera natural y nos encierra en el marco junto a los fantasmas del personaje, frustrado desde su silla de ruedas. Esto no solo supone el cambio de escenario que Vicente experimenta, sino también todos los sentimientos que se le agitan al ver cómo su libertad se le vuelve a escapar, ya que debe de regresar al armario que tanto le costó abandonar en la última etapa de su vida.

Soroiz comparte pantalla con Nagore Aranburu, como ya hicieron en la adaptación de la novela de Fernando Aramburu Patria (Aitor Gabilondo, 2020), Amama (Asier Altuna, 2015) o En el bus de la vida (Ibon Cormenzana, 2024). La química que ambos muestran en pantalla, como padre e hija, es notoria y la complicidad de ambos es notable por la complicidad demostrada. Arrojan luz en esa relación paternofilial, que se intuye que no ha sido la ideal, y aportan aire fresco en cada una de las escenas que comparten de esa prisión que supone para Vicente la residencia de ancianos, sobre todo en esa época tan turbia y donde la atmósfera se sentía más densa y pesada en los primeros compases de la pandemia o en la simple soledad de ese espacio, especialmente acosado en aquellos tiempos. Kandido Uranga también muestra un gran nivel siendo el compañero y amigo de Soroiz en su estancia en el asilo.

Su miedo a regresar a San Sebastián estaba más que justificado y Goenaga y Arregi presentan una historia tan dura como bella, que podría llegar a considerarse su mejor trabajo hasta la fecha. La muestra de que el deseo sexual no se apaga con la edad y que plantea temas como la discriminación y el maltrato que todavía experimenta la comunidad al llegar a la tercera edad. Un relato donde la dignidad y la fuerza cobran un papel fundamental en una narrativa tan cuidada y mimada, reflejando la impotencia y el miedo de volver a donde no se fue feliz, o a donde nunca se llegó a ser.


Maspalomas (José Mari Goenaga y Aitor Arregi, España, 2025)

Dirección: José Mari Goenaga y Aitor Arregi / Reparto: José Ramón Soroiz, Nagore Aranburu, Kandido Uranga y Zorion Eguileor / Guion: José Mari Goenaga / Música: Aránzazu Calleja / Fotografía: Javier Agirre Erauso / Productoras: Irusoin, Moriarti Produkzioak, Maspalomas pelikula, ETB y RTVE.

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