CRÓNICA DIARIA SAN SEBASTIÁN #3 (SECCIÓN OFICIAL Y PERLAK)
Corazonadas
Tercer día del festival de San Sebastián. Robándole horas al sueño, seguimos con la cabeza sumergida en la programación de la sección oficial. Asistiendo al pase de The Fence, de Claire Denis, ¿habremos visto ya una de las películas destinadas a figurar en el palmarés? En Mutaciones creemos que merece ser reconocido el trabajo de dirección de Denis, que firma una obra hipnótica.
The Fence adapta la obra teatro de 1979 de Bernard-Marie Koltès. A un lado de la valla está Horn (Matt Dillon), jefe de un vasto y altamente protegido complejo de construcción en medio de la nada. Al otro encontramos a Alboury (Isaach De Bankolé), que ha venido a reclamar el cuerpo de su hermano, un obrero asesinado. Como francesa que pasó gran parte de su infancia en África Occidental, Denis no es ajena a las tensiones sociales y raciales que dejó el colonialismo como muestran su ópera prima Chocolat (1988) o Beau Travail (1999). Pero aquí Denis deja de lado el lirismo visual de sus trabajos anteriores, recogiendo más influencia del texto teatral, y son esos diálogos y esa presencia tan artificiosa de los actores lo que tal vez lastre el material, que no casa con la propuesta atmosférica. Y, sin embargo, es precisamente ese extrañamiento que surge de esas actuaciones y conversaciones tan largas lo que ayuda a conformar ese no-tiempo y no-lugar donde la tensión se vuelve asfixiante. Encerrados en un espacio opresivo, los personajes se enfrentan a una pugna que escala hasta el clímax, mientras Denis desvela los mecanismos de poder —entre blancos y negros, hombres y mujeres— con apenas unos planos contra planos y una puesta en escena austera pero demoledora.

Couture, de Alice Winocour, ambientada en plena vorágine de la Semana de la Moda de París, entrecruza las trayectorias de varias mujeres (Angelina Jolie, Anyier Anei, Ella Rumpf) que afrontan batallas externas e internas. Winocour articula así un mosaico de vidas, con un guion en el que las historias fluyen y van de manera orgánica, en un buen ejercicio de escritura y transiciones narrativas. Sin embargo, esa maestría a la hora de pasar las páginas, al abrir y cerrar secuencias se queda en la mera anécdota por lo superficial de la propuesta. Incluso parece que la frivolidad del mundo que retrata ha empapado la manera en la que la película muestra las emociones.
Decíamos que The Fence se llevaría algún reconocimiento, y le sigue a la zaga Maspalomas, de Jose Mari Goenaga y Aitor Arregi, retrato de Vicente (José Ramón Soroiz), un hombre de 76 años que tras un ictus debe abandonar la libertad hedonista de Canarias para regresar a San Sebastián y reencontrarse con su hija (Nagore Aranburu), a la que abandonó 25 años atrás. Obligado a ingresar en una residencia, afronta la necesidad de ocultar su orientación sexual y preguntarse si todavía hay tiempo para reconciliarse consigo mismo, con su hija y con el mundo. Esta película destaca, además de por su sensibilidad y mirada política, por las poderosamente frágiles actuaciones de Soroiz y Aranburu.

“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé.” tal vez es sea uno de los inicios más famosos de la historia de la literatura. Eso es lo que dice el protagonista de El extranjero, de Albert Camus, que de François Ozon traslada a la pantalla. Ambientada en Argel en 1938, la narración sigue a un hombre aparentemente indiferente y apático cuya vida se transforma tras un asesinato en una playa. Y es esa actitud del protagonista lo que choca con las convenciones sociales y le conduce a su propia sentencia de muerte. Una adaptación que busca captar la frialdad existencial y la densidad moral del texto original.
En la sección Perlak, el clasicismo estuvo presente con esta propuesta del director francés y con otro gran nombre del cine europeo. Pero mientras Ozon ha hecho una película vieja, anclada en el pasado – ¿lamentando que las adaptaciones originales no fueran tan fieles tal vez? – pero que no casa ni con aquella época ni con la actual, Paolo Sorrentino ha hecho una obra absolutamente nueva, contemporánea, y ya veremos si eterna.
En La Grazia, el director italiano se centra en Mariano De Santis, brillante Toni Servillo, un presidente de la República ficticio, viudo y muy católico, que en el ocaso de su mandato debe tomar decisiones de implicaciones éticas sobre dos indultos y una nueva ley de eutanasia para Italia. Dialogando con sus obsesiones sobre el poder, la fe y los secretos íntimos, Sorrentino ha puesto nuevas piezas a su universo cinematográfico que no hace si no crecer y crecer.

