HAMNET
La vida renacida sobre el escenario

La idea del renacer está presente desde los primeros planos de Hamnet. La cámara desciende de entre los árboles, cuyas raíces se entrelazan en la tierra y, entre ellas, en un hueco -a modo de vientre que pincela esa especial sensibilidad de la protagonista con la naturaleza- se cobija Agnes en posición fetal. En ese primer paneo Chloé Zhao parece anticiparnos un viaje de inmersión a las entrañas de lo humano, a esas historias que fundamentan las raíces de nuestra propia existencia.
A partir de este planteamiento, Zhao y Maggie O’Farrell alteran la estructura original de la novela para ordenarla en un avance más cronológico, tan solo con puntuales flashbacks, y centrar así sus energías en configurar el núcleo familiar y romántico que posteriormente será sacudido por la tragedia. Sin embargo, desde el principio, Zhao introduce una sugerente idea que el propio Shakespeare apoyó con el monólogo de uno de sus personajes: “el mundo entero es un escenario, y todos los hombres y mujeres son meros actores; tienen sus salidas y sus entradas” (Cómo gustéis (As You Like It) – Acto II, Escena VII). Con esta noción, la directora va configurando sus imágenes y sus espacios en pos de reforzar ese tópico de “la vida como un teatro” (o como una película, en este caso) y el intento de cualquier disciplina artística de volver sobre los pasos de la vida misma para comprenderla y reconciliarse con sus momentos más difíciles.

No solo es una cuestión de decorado, como por ejemplo ese bosque del inicio pintado sobre el telón de fondo de la representación de Hamlet que cierra la película. El motivo literario se traslada a lo visual tanto a nivel estructural como espacial en un ejercicio de simetría. Por un lado, el uso de cortes a negro resuena con el apagado de las luces o el cierre de cortinas que en el teatro marca el fin de un episodio o de un acto. Por otro lado, los interiores -allí donde tiene lugar la mayoría de las interacciones familiares- son enmarcados en planos abiertos que configuran las habitaciones como escenarios y tanto las puertas como los propios límites del plano devienen los márgenes de entrada y salida a esos mismos. Es como atender a una grabación de una función en directo que se nutre de los propios sucesos de la vida de sus personajes. En contraposición, encontramos esa secuencia final donde se representa Hamlet. Ahí el escenario queda evidenciado con la diferencia de altura respecto al patio donde se encuentra Agnes y el resto del público: la elevación del arte que bebe de la propia vida. En ese momento, el mundo de Agnes queda representado y su duelo encuentra el eco -y el consuelo- en la unión afectiva de aquellos a su alrededor.
En el desenlace, Zhao mantiene esa “vida como teatro” desde otro lugar, en el que los rostros cobran mayor protagonismo y donde primeros planos –que, en los momentos cruciales del argumento, hablaban de intimidad– pasan a sostener un reconocimiento. El de una mujer y su marido, con Agnes susurrando a William que la mire desde el backstage, en un gesto que reniega del mito (el de Orfeo y Eurídice) y apela a la persistencia del amor como único sostén para sobreponerse ante la pérdida. Y, al mismo tiempo, el reconocimiento de una madre y un hijo, una despedida ficticia que dota de consuelo a la protagonista en el último instante. Así pues, la directora decide filmar ese adiós que no existió en vida buscando sanar mediante la reformulación de lo artístico y cerrar, como hace la novela, desde lo humano, a través de un contraplano conectado por una mirada: la del hijo que se despide antes de cruzar la última puerta y salir del escenario, y la de la madre que, por primera vez, cesa el llanto y sonríe.

La idea del renacer se mantiene viva en esa despedida que libera a Agnes del dolor y la congoja, mezclando las lágrimas y la sonrisa como parte de la vida misma. En la observación de aquello interpretado, la revisión de su tragedia, el reencuentro con su hijo a través del teatro y la comprensión de los silencios de su marido para dar vida a todo eso, Agnes se libera e inicia una nueva fase de ese doloroso duelo en el que se había visto envuelta. Si el primer plano nos hablaba de un nacimiento simbólico, en el último plano la liberación de lo gestual apela a un renacer emocional.
Hamnet (EE.UU., 2025)
Dirección: Chloé Zhao / Guion: Chloé Zhao, Maggie O’Farrell / Producción: Chloé Zhao, Laurie Borg, Nicolas Brown, Nicolas Gonda, Pippa Harris, Kristie Macosko Krieger, Liza Marshall, Sam Mendes, Maggie O’Farrell, Julie Pastor, Caroline Reynolds, Steven Spielberg / Dirección de fotografía: Łukasz Żal / Montaje: Affonso Gonçalves, Chloé Zhao / Música: Max Richter/ Reparto: Jessie Buckley, Paul Mescal, Emily Watson, Joe Alwyn, Jacobi Jupe, Bodhi Rae Breathnach, Olivia Lynes, Noah Jupe
