PACHINKO

Nadie puede borrar nuestras raíces

Patria es un nombre, una palabra. Y es fuerte, tanto que ningún mago ha pronunciado hechizo mayor y ningún espíritu ha respondido a una llamada más fuerte”. Esta es la cita de Charles Dickens con la que Min Jin Lee, autora de la novela Pachinko (2017), decide abrir el Libro I (o capítulo primero) titulado Gohyang o “Tierra natal”. No es fortuita esta elección cuando, en el transcurso de la historia que la prosigue, esa palabra se mantiene en constante presencia. La patria como lugar que brinda esperanzas y nueva vida, la patria como espacio herido por una invasión enemiga, la patria como esa madre tierra que se ha de abandonar y que permanece en el corazón de aquellos que parten.

Pachinko (3) - Revista Mutaciones

Ese concepto permanece latente también en cada uno de los ocho capítulos que conforman la adaptación de la obra literaria por parte de Soo Hugh. Asimismo, la creadora de Pachinko (2022-) demuestra desde un inicio las dos caras de la moneda de esta historia: una ficción asentada en un crudo contexto real de  la historia de Corea y su gente, y el relato sobre una familia que emigra en busca de prosperidad, mejores oportunidades y esperanzas en un futuro mejor. Ambas propuestas se hilan desde un inicio y, en cada uno de los episodios, la intro a ritmo del «Let’s Live for Today» de The Grass Roots se ocupa de dejarlo claro. En ella, se produce un collage de imágenes y grabaciones documentales de principios del siglo XX, con fotografías de los protagonistas de la serie imitando retratos reales, fotografías de familias coreanas más recientes y secuencias con el reparto de la ficción bailando en una sala de pachinko al son de una letra que aboga explícitamente por un carpe diem.

Así pues, la identidad y la familia se acaban configurando como los dos pilares sobre los que se levanta la trama central y se refuerzan con otras secundarias (como la de la anciana a la que Solomon intenta convencer para vender su casa o la de Hana con su madre). La brillantez en el tratamiento de ambos temas es la forma como desde el guion se rehúye una verborrea aleccionadora en pos de poner el foco en pequeños detalles que se nutren de simbolismo y dimensión emocional. De esta manera, el arroz pasa a ser más que un mero alimento y se convierte en un motivo que nos habla de tiempos que cambian, expone una distinción de clases, recuerda al pasado y a la propia tierra, y, en el caso de Sunja (Kim Minha y Youn Yuh-Jung), también le remite a la figura de su madre.

Pachinko (2) - Revista Mutaciones

El acto de poner a dialogar tiempos alejados entre sí, en vez de realizar una adaptación cronológica a semejanza de la novela, es lo que eleva a Pachinko, lo que le suma capas de significación. A pesar de la distinción cromática de unos tiempos pasados bañados por colores sepia más cálidos y un tiempo presente de color más frío y grisáceo, ambos se van encontrando e hilvanando entre sí a través de un cuidado montaje. Esta sintonía se va construyendo mediante paralelismos que avivan el concepto de esa familia que perdura y los problemas que persisten, trascendiendo generaciones y épocas. Aunque no siempre unen grandes temas históricos  (herencia, linaje e identidad) sino que también remarcan motivaciones personales (los sueños o el amor imposible) y acentúan emocionalmente pequeños gestos como la forma de cortar una manzana, aparentemente sin mucha trascendencia.

Estas interacciones permiten dimensionar mejor a los personajes y mostrar el impacto de sus decisiones. La elección emerge como un leitmotiv subyacente que ofrece un porqué al devenir de la familia y de sus metas. Ante esto, Sunja es una protagonista que, en sus distintas edades, ejemplifica cómo las decisiones conllevan frecuentemente un sacrificio y, a la vez, estas son lo que humanizan a la propia persona, permitiendo entender las razones por las que uno es como es. Y, a través de ese montaje que dialoga entre generaciones, ese juicio sobre los actos individuales se hace desde el propio punto de vista del personaje. Cada uno deviene consciente de sus aciertos, sus errores y los momentos de inflexión en su vida.

No obstante las dimensiones de una producción que intenta emular la epicidad de la obra literaria, tanto Kogonada como Justin Chon logran encontrar la intimidad dentro de la grandiosidad que rodea a Pachinko. Ambos evitan dejarse llevar por el preciosismo de los paisajes que envuelven la peripecia y dan a entender que el motor de todo reside en los personajes, en lo que les impacta a ellos y en lo que los rostros se dicen mutuamente o aquello que revelan al espectador cuando en contadas ocasiones se rompe la cuarta pared. Y dos de estos instantes puntuales los protagoniza justamente Sunja, no solo transmitiendo unas emociones claras sino dejando claro su arco de transformación. Por ende, el primer plano mirando a cámara al inicio del primer episodio reluce de una felicidad que da pie al otro primer plano que cierra el último episodio, con una mirada llena de una madurez a consecuencia de las desgracias sufridas y una determinación, por encima de todo, para seguir adelante.

Pachinko (1) - Revista Mutaciones

Esa mirada al futuro se corta con un cierre de temporada que deja un final abierto con asuntos por resolver y se predispone para la extensión de una narración sobre la que tan solo parece haberse dado un pequeño vistazo. Sin embargo, Soo Hugh se niega a arriesgarse a no disponer de una nueva oportunidad para regresar a la obra de Min Jin Lee y realiza una dedicatoria a modo de epílogo documental antes de los créditos. En ella, el terreno de la ficción desaparece para dar voz a los testimonios de mujeres que vivieron los hechos históricos narrados. Situando al espectador en el Japón de 2021, la realidad trasciende a los acontecimientos y los datos apuntados en los intertítulos, provocando que la verosimilitud se convierta en verdad, esa que cada una de las ancianas entrevistadas puede contar.

Afirma Sunja en uno de los episodios que “no entiende por qué la gente se aferra al pasado, se resiste a dejarlo marchar cuando por más que queramos, no va a devolvernos a los muertos”. Y es innegable que los difuntos no volverán, pero Soo Hugh sentencia en ese cierre que el recordar no siempre comporta quedarse estancado en otro tiempo; recordar ayuda a avanzar para intentar mejorar y evitar cometer los mismos errores. La memoria es restauradora de una historia oriunda de una patria y sus gentes que, en manos de los vencedores, estaría destinada a desaparecer. La memoria hace imposible que unos puedan borrar las raíces de otros.


Pachinko (Soo Hugh (Creador), Justin Chon, Kogonada, Estados Unidos, 2022)

Creadora: Soo Hugh (basado en la novela homónima de Min Jin Lee) / Dirección: Justin Chon, Kogonada / Guion: Soo Hugh, Matthew McCure, Hansol Jung, E.J. Koh, Franklin Jin Rho, Lauren Yee, Ethan Kuparberg, Mfoniso Udofia / Producción: Canadá, Corea del Sud, EEUU; Media Res / Fotografía: Florian Hoffmeister / Montaje: Simon Brasse, Sabine Hoffman, Susan E. Kim / Música: Nico Muhly Reparto: Youn Yuh-Jung, Lee Min-Ho, Kim Minha, Jin Ha, Soji Arai, Kaho Minami, Jimmi Simpson, Steve Sang-Hyun Noh, Jung Eun-chae, Jeon Yu-na, Anna Sawai, Inji Jeong, Junwoo Han

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