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APUNTES PARA UNA FICCIÓN CONSENTIDA

Una sonata en movimiento

Apuntes para una ficción consentida. Revista Mutaciones

Apuntes para una ficción consentida (2026) es, como su propio título anuncia, una ficción que se permite mutar constantemente. Ana Serret Ituarte indaga en ese territorio donde la ficción y la realidad dejan de ser dos estados opuestos para convertirse en un mismo movimiento. En ese juego aparece Isabelle Stoffel, actriz suiza afincada en Madrid, cansada de interpretar siempre a la extranjera o de participar en proyectos ligados a su expareja. Decide entonces crear su propia obra: una escucha con auriculares donde el público recorre distintos espacios mientras asiste a un ensayo de actores. El proyecto termina siendo rechazado, pero la película hace suyo ese dispositivo y lo convierte en su principio formal. Aquella obra imposible termina trasladándose a la ciudad: la escucha ahora acompaña el recorrido por Madrid, donde los sonidos ficticios se superponen a la experiencia del espacio real y lo que no puede existir como pieza escénica acaba encontrando su forma definitiva en el cine. Desde ese momento, la película habita una frontera constante entre el documental y la ficción. Isabelle y quienes la rodean interpretan una ficción consentida, mientras que Madrid, Basilea y todos los espacios que atraviesa permanecen irreductiblemente reales. Esa tensión provoca una mutación del propio metraje: la obra rechazada deja de pertenecer al escenario para desplegarse por las calles de Madrid, donde la ficción acaba contaminándose de las vivencias reales de Isabelle y de las historias que la ciudad pone a su paso.

Es entonces cuando la película encuentra su lenguaje. Los recorridos por La Latina y Lavapiés, filmados con una cámara ligera que parece seguir el ritmo del cuerpo, dejan de ser simples desplazamientos para convertirse en una forma de pensamiento. La mutación también aparece en un gesto recurrente: abandonarse a la corriente. Si antes Isabelle recorría la ciudad en bicicleta o se lanzaba al río en Basilea para avanzar más deprisa, ahora son los propios espacios los que comienzan a mover la película. Ya no solo acompañan la escucha colectiva de quienes descubren, a través de los auriculares, las historias de quienes habitan esos lugares, sino que también devuelven presencia a pequeños comercios y rincones de la ciudad. Una decisión formal que termina adquiriendo también un gesto político. La importancia del primer y el último plano resume toda la propuesta. La película busca que Isabelle dialogue con el entorno, y la puesta en escena nunca deja de recordarlo. Incluso en los interiores, los edificios de La Latina permanecen presentes al fondo del encuadre, con sus desniveles y fachadas asomando constantemente. En el epílogo, Isabelle sale al balcón rodeada de cajas de mudanza y con voz en off que cita: «Supongo que existo dos veces, y aquí soy más yo.» La cámara la encuadra en plano entero; detrás de ella, Madrid. Tras la frase, un corte a un plano general de la ciudad basta para cerrar el recorrido. Esa dualidad entre personaje y espacio termina condensándose en dos imágenes y una frase: no somos nosotros quienes atravesamos los lugares, sino que son ellos quienes terminan transformándonos y permitiéndonos  avanzar. Pero ese avance nunca se produce únicamente desde el relato. Isabelle necesita que la película encuentre continuamente nuevas formas para seguir caminando junto a ella. Ahí es donde la puesta en escena convierte la repetición y la música para piano en un auténtico dispositivo narrativo. Cuanto más irrumpe el instrumento, más parece avanzar la película, como si el movimiento no dependiera ya de la acción, sino de su propio ritmo interior. No es casual que la primera y única persona a la que vemos tocarlo sea quien le confiese que apenas habla. La película establece entonces un hermoso diálogo entre fondo y forma: allí donde las palabras se agotan, el piano continúa hablando. Su música termina diciendo más de lo que callan los personajes, envolviendo el metraje en una armonía silenciosa que acompaña, sostiene y empuja el recorrido hasta el último plano.


Apuntes para una ficción consentida (España, 2025)

Dirección: Ana Serret Ituarte / Guion: Ana Serret Ituarte / Fotografía: Almudena Sánchez / Montaje: Marta Velasco / Producción: Xesc Cabot, Cristina Zumárraga, Pep Garrido, Pablo Bossi, Atiende Films, Tandem Films / Dirección de arte: Aurette Leroy / Musica: Álvaro Silva Wuth, Pablo Rivas Leyva, Paloma Huelin Izquierdo / Reparto: Isabelle Stoffel, Violeta Rodríguez, Àlex Brendemühl, Javier Porro, Borjabao, Manfred Liechti, Francesca Piñón, Sigfrid Monleón

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