BREVE HISTORIA DE UNA FAMILIA
Metástasis doméstica

La madre de Wei está en la cocina, no puede dormir. La cámara la muestra en un plano general, enmarcada por las puertas de la habitación. Allí se ven las sombras de los peces del acuario, agrandadas, casi monstruosas. Este juego de sombras sugiere que el conflicto no proviene del exterior del acuario, sino de lo que ya está dentro: la familia. Las burbujas que salen de una pastilla disolviéndose en un vaso de agua anuncian que ese estanque está a punto de hervir. Jianjie Lin plantea así en su debut Breve historia de una familia (2024) una película en torno a las cicatrices que el pasado y el presente han dejado, y siguen dejando, en una familia china de clase media-alta.
En este contexto, los padres proyectan en Shou, un amigo de Wei, la figura del segundo niño que no pudieron tener por la antigua política del hijo único. Shou proviene de un ambiente cargado de violencia y, poco a poco, su presencia une a esta familia que se muestra mediante planos con espacios negativos, simetrías y líneas verticales que los dividen. También se utilizan diferentes espacios cinematográficos para remarcar la distancia entre ellos. Shou va atravesando las burbujas en las que se encierra cada miembro -la habitación del hijo, la cocina de la madre y el despacho del padre- y es el único que logra escucharles. Esto provoca el desplazamiento de Wei, quien se siente ahogado bajo los estrictos planes de futuro impuestos por su padre. Este último escucha música clásica y planea enviarlo a estudiar a Estados Unidos. En cambio, él escucha rap y su vida está ligada a la esgrima y a China.

Inicialmente, Shou es presentado de espaldas, en una barra de dominadas mientras se aferra con todas sus fuerzas, intentando cruzar la línea entre el suelo y el cielo. Cuando ve a la familia por primera vez, la cámara adopta su punto de vista. Lo hace con un zoom in que recuerda a una mirada a través del microscopio, con viñeteado incluido. Esta composición se repite a lo largo de la película; de ese modo, como ya se ha visto, el peligro no proviene de un virus externo sino de una célula del propio cuerpo que muestra que algo no funciona. Con el tiempo, la barra que lo separa comienza a desdibujarse. Shou va ganando espacio, orina en la ducha y marca su territorio, logrando desplazar a su amigo. En una de las últimas cenas, la cámara muestra a Wei de espaldas, borrando su rostro, tal y como retrató a Shou en su primera aparición.
Pero más allá del gesto individual, la película parece señalar una incomodidad mayor, que afecta a todos los personajes. Aunque Wei le dice a su padre que China será el país más importante en el mundo, el vacío que habita sus vidas es reflejado en los encuadres, el cual se nota en el espacio sobre sus cabezas y en la distancia entre ellos y la de la cámara. Todo esto habla de una sociedad que aspira a lo más alto y que tapa sus problemas sin mirarlos en su afán por aparentar. Una escena durante un paseo en coche resume esto perfectamente: el padre solo desea más y la cámara en dron no deja de subir mostrando la pobreza por primera vez hasta llegar a los rascacielos. Sin embargo, este vacío del que hablamos no es solo social, sino también íntimo. Todos sufren, y la casa lo percibe. En la escena en que la madre cura las heridas de Shou, después de que él se haya duchado, el vapor condensado cae del techo en forma de gotas. ¿No será acaso ese el llanto de la casa, que observa, impotente, el sufrimiento de la familia? ¿O quizás también el de Lin, que contempla el dolor de su país?
Breve historia de una familia (Jia ting jian shi, China, 2024)
Dirección y guion: Jianjie Lin / Fotografía: Zhang Jiahao / Producción: Lou Ying, Zheng Yue, Wang Yiwen / Montaje: Per K. Kirkegaard / Diseño de Producción: Xu Yao / Música: Toke Brorson Odin / Reparto: Zu Feng, Guo Keyu, Sun Xilun, Lin Muran.
