WILD WILD WEST

Sin perdón

Will Smith pidió perdón en 2016 por Wild Wild West (Barry Sonnenfeld, 1999), e incluso intentó justificar su existencia alegando que podría haber sido mucho peor, porque si no la hubiese rodado, hubiera gafado a Matrix (Lana y Lilly Wachowski, 1999) siendo Neo. Pero Smith se equivoca de delito. Por lo que debería pedir perdón es por las películas rodadas con su hijo (su mini-yo maligno con nulas capacidades interpretativas), o por su faceta de cazador de estatuillas que han acabado en bodrios lacrimógenos dignos de los oscuros y retorcidos mundos de las sobremesas de Antena 3. Porque Wild Wild West es el neowestern más políticamente incorrecto, extravagante y entretenido en la frontera (como buen exponente del género) entre el siglo XX y el siglo XXI, con un Will Smith en estado de gracia (digno heredero de Eddie Murphy).

Warner Bros. confió en Barry Sonnenfeld para este proyecto, ya que tenía experiencia en la comedia y las adaptaciones televisivas (el díptico cinematográfico de La familia Addams es un clásico de obligado visionado) y venía de rodar con Will Smith un par de años antes la exitosa Men in Black. Y como en toda buena buddy movie que se precie, Kevin Kline funciona como contrapunto perfecto del protagonista, y la pulsión de Salma Hayek eleva aún más la temperatura del alocado desierto donde se desarrollan las aventuras de Jim West. Entre todos construyeron una especie de filme de James Bond en el Oeste, en el que no podía faltar el villano megalómano, interpretado por un Kenneth Branagh desatado. Todo ello, por supuesto, con toneladas de steampunk (hermano literario del cyberpunk donde la tecnología de vapor ha conseguido increíbles y futuristas avances en la época victoriana) aportando alegría y situaciones disparatadas con nitroglicerina, pistolas en miniatura, máquinas voladoras, tanques de vapor y una araña mecánica gigante que ha dado mucho de qué hablar.

La historia de Kevin Smith, la araña, el proyecto perdido de Superman y el productor Jon Peters (si no la conoces, pincha aquí ahora mismo), cubrió de polémica a una película ya denostada de por sí, pero lo cierto es que la serie original protagonizada por Robert Conrad estaba planteada para que todo pudiera pasar con tecnología steampunk como en las novelas de Julio Verne (al igual que en La liga de los hombres extraordinarios de Stephen Norrington, de 2003). Pero admitámoslo, menos mal que internet estaba en pañales en aquella época, porque el fandom no hubiese permitido que el montaje final hubiese llegado a los cines. Y no por las dosis de humor, acción o el steampunk imperialista… si no por su incorrección política. Los verdaderos “duelos al sol” entre el protagonista y el villano son los verbales, con chistes racistas y sobre minusválidos que en la actualidad serían considerados armas de destrucción masiva.

Wild Wild West es una coctelera épico-decadente digna del último verano del siglo XX, antes de que las máquinas, y lo políticamente correcto, comenzaran a conquistar a la humanidad.


Wild Wild West (Estados Unidos, 1999)

Dirección: Barry Sonnenfeld / Producción: Barry Sonnenfeld, Jon Peters (Warner Bros.) / Guion: Brent Maddock, S.S. Wilson, Jeffrey Price, Peter S. Seaman (Historia: Jim Thomas, John Thomas) / Música: Elmer Bernstein / Fotografía: Michael Ballhaus / Montaje: Jim Miller/ Diseño de producción: Bo Welch / Reparto: Will Smith, Kevin Kline, Kenneth Branagh, Salma Hayek, Ted Levine, Bai Ling, Musetta Vander, M. Emmet Walsh, Frederique Van Der Wal, Garcelle Beauvais, Buck Taylor.

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