LA CASA DE JACK

La belleza del arte a partir del horror y la muerte

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¿Cuál es la diferencia entre un ingeniero y un arquitecto? ¿El primero es más un matemático, un geómetra, en tanto el segundo un artista? El tema de la creación artística es la piedra angular sobre la que Lars Von Trier ha erigido el edificio de su última obra, La casa de Jack (2018), una sátira en torno a un ingeniero psicópata devenido asesino que funciona como excusa argumental para elaborar un polémico discurso sobre la libertad en el arte y los tormentos del creador.

Parafraseando el viaje al infierno de Dante en compañía de Virgilio descrito en la Divina Comedia, el film presenta una estructura circular, donde el comienzo a modo de prefacio es en realidad el epílogo final, y en el que los cantos que estructuran la obra del poeta florentino han sido sustituidos por el relato de los asesinatos de Jack a través de un diálogo en “off”. Las muertes que jalonan la carrera criminal del protagonista (denominadas incidentes) otorgan una estructura episódica al film, constantemente trufado de digresiones de carácter estético, histórico y moral, donde se citan desde los arcos apuntados que sostienen las catedrales góticas hasta el denominado descaste en la caza, pasando por el siniestro alarido que provocaban los aviones Stukas al caer en picado durante la IIGM. El director danés recurre al inserto de imágenes pictóricas, de lienzos y grabados, además de imágenes de archivo para ilustrar su polifónico discurso, al tiempo que aquellas prefiguran algunas de las más sugestivas y bellas composiciones que ofrece el film (la escena de la familia asesinada enmarcada entre cuervos, auténtica “naturaleza muerta” anticipada por una sucesión de cuadros con escenas de caza).

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En La casa de Jack Trier se muestra decidido a la hora de subvertir los clichés propios del género de psychokillers, a través de situaciones imprevistas y diálogos hilarantes, donde el papel de las víctimas es directamente ridiculizado, casi jibarizado, convertidas así en mero objeto de parodia, en el que lo que importa son las vicisitudes del asesino en cada episodio y la justificación artística que se esconde tras sus actos. La teoría del desecho, de cierto grado de corrupción de la materia a partir de la cual alcanzar la belleza del arte aparece recogida en el film (la podredumbre de la uva para la elaboración de vino dulce o el valor de las ruinas de los antiguos monumentos), reformulada aquella en la mente del asesino-artista a través del rígor mortis de los cadáveres que le permite modelarlos a su antojo o de piel femenina para la confección casera de marroquinería. Las imágenes nerviosas, angulosas y cortantes de la cámara aparecen festoneadas al ritmo de David Bowie o con interludios musicales a cargo de Glenn Gould interpretando a Bach, en un constante juego contrapuntístico que contrasta con la crueldad de lo exhibido en aquellas, remarcando así el tono burlesco que domina el film.

Frente a la innegable fuerza plástica de las imágenes  (la escena final en imitación al lienzo de Delacroix La barca de Dante, con un Jack en el centro vestido con una bata roja al estilo de la túnica que lucía aquél) y la brillantez alcanzada en algunos episodios (el incidente Uma Thurman y el de la caza de la familia al compás de El otoño de Vivaldi), el resto del metraje pierde fuerza por momentos en un ejercicio repetitivo y autocomplaciente, desde donde Trier parece revindicar a voz en cuello su propia libertad como artista a lo largo de toda su anterior obra (así lo atestigua el collage de imágenes procedente de sus propias películas en el tramo final) a partir de un discurso irreverente y donde lo políticamente correcto acaba con aquella libertad creativa. Finalmente, el asesino Jack logra alcanzar su condición de artista-arquitecto desde el uso de una materia para el arte que no es otra que la proveniente del horror y la muerte, de su interés por el negativo de la fotografía y no por su positivado, para ser a continuación devorado por las fauces del infierno ante la incomprensión de su talento creador. O puede que el del propio director.

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La casa de Jack (The house that Jack built, Dinamarca, 2018)

Dirección: Lars Von Trier/ Guion: Lars Von Trier, Jenle Hallund/ Producción: Louise Vesth Fotografía: Manuel Alberto Claro, DFF / Montaje:  Molly Malene Stensgaard/ Dirección de arte: Simone Grau Roney / Reparto: Matt Dillon, Bruno Ganz, Uma Thurman, Siobhan Fallon Hogan, Riley Keough.

 

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