SPIDER-MAN: BRAND NEW DAY
La piel que habito
Hay algo profundamente significativo en que Spider-Man: Brand New Day comience cuando Peter Parker ya no sabe demasiado bien quién es. Han pasado casi cuatro años desde que desapareció de la memoria de quienes amaba y, en lugar de reconstruir una vida después de la pérdida, ha escogido la solución más sencilla y autodestructiva: convertirse plenamente en la araña trepamuros. No ser Peter Parker es, para él, una forma de no tener que volver a serlo. La película de Destin Daniel Cretton convierte esa herida en una cuestión física: cuanto más se entrega Peter al héroe, más difícil resulta distinguir dónde termina Spider-Man y dónde comienza el muchacho que lo sostiene. Por eso, el traje funciona como la piel en la que habita alguien que lleva demasiado tiempo escondiéndose en sí.

Quizá por eso, mientras veía la película, me resultaba imposible entender ese traje únicamente como una decisión de diseño. Hay algo incómodo en verlo puesto sobre Peter durante tanto tiempo, como si cada aparición de Spider-Man fuese también una pequeña renuncia a Peter Parker. No creo que Brand New Day necesite decir constantemente que su protagonista está solo, basta con observar cuánto tiempo permanece dentro de esa segunda piel —siendo la película del cabeza de red que más minutos lleva las mallas puestas—. La máscara que antes representaba responsabilidad empieza a parecerse demasiado a una forma de esconderse. Ahí la película encuentra su imagen más triste, ya que Peter no lleva el traje porque haya encontrado quién quiere ser, sino porque todavía no sabe cómo volver a ser quien era.
Que Cretton quiera devolver al personaje una fisicidad más palpable tampoco es una decisión meramente estética. El director explicó para la revista Inverse que quería hacer la película lo más grounded posible y capturar “as much in camera as possible”, incorporando además a Peng Zhang, coreógrafo de Shang-Chi y la leyenda de los 10 anillos (2021) para que los efectos visuales ampliasen aquello que ya existía físicamente delante de la cámara, devolviéndole peso al cuerpo: cables, especialistas, vehículos, calles y un traje que vuelve a sentirse como algo que se mueve con una persona y no simplemente alrededor de ella.
Ahí aparece la verdadera importancia del uniforme. El nuevo traje puede parecer una recuperación estética del Spider-Man clásico, pero su significado es distinto. Ya no existe Tony Stark, ni Los Vengadores, ni una infraestructura tecnológica que le diga a Peter cuánto puede ser. Queda el cuerpo y, sobre él, una tela. Después de Spider-Man: No Way Home (John Watts, 2021). Es una depuración: quitar todo lo que sobraba hasta dejar al personaje enfrentado a sí mismo. La película entiende así el traje como una extensión de su aislamiento. Cada vez que Peter se lo pone puede volver a ser útil, necesario e imprescindible. Puede salvar a alguien y evitar pensar en May, en MJ, en Ned o en todo aquello que perdió. El uniforme no solamente le permite ser Spider-Man… le permite no ser Peter Parker. La máscara no oculta su identidad ante el mundo; la oculta ante sí mismo. Por eso la escena de la tumba de May adquiere una importancia mayor que la de un simple momento de duelo y aceptación final. En una conversación con Deadline, Cretton afirmó que fue una de las primeras escenas dramáticas que rodaron, a pesar de su aparición tardía en la película, y que Holland improvisó allí una frase que terminó convirtiéndose en la north star de toda la película, la cual gana entendimiento y completa toda la lectura del film: “You’d be happy to know that I’ve decided I’m not going to do this alone anymore”. Peter no necesita abandonar el traje para volver a ser él, necesita dejar de utilizarlo como sustituto de vida.
La película, aquí, casi en su cierre, toca de una manera que el resto de su maquinaria superheroica no siempre consigue. No tanto por recordar la muerte de May —una herida que Peter lleva consigo desde hace años— como sí por lo que significa que vuelva a hablarle precisamente ahora. Peter sigue acudiendo a la tumba de la persona que le enseñó qué significaba ser Spider-Man, pero ya no quiere, ni necesita, recordar la responsabilidad de serlo —eso es un hecho de su forma vital— sino que acude para materializar su necesidad de serlo, pero no serlo solo. Después de tres películas construidas alrededor de lo que Peter debe sacrificar para ser Spider-Man, quizá esta sea la primera que empieza a preguntarse qué tendría que permitirse conservar.

Y es aquí donde la película puede leerse dentro de una conversación más amplia del nuevo UCM. Thunderbolts* (Jake Schreier, 2025) y Guardianes de la Galaxia Vol. 3 (James Gunn, 2023) ya habían construido relatos alrededor de personajes definidos por el abandono, el trauma y la incapacidad para pertenecer. Los Thunderbolts encuentran una familia precisamente porque son individuos que habían aprendido a sobrevivir solos; los Guardianes convierten a un grupo de criaturas heridas y desplazadas en una comunidad capaz de llamarse familia. Brand New Day lleva esa misma operación hasta Peter Parker, quien después de haber perdido incluso el recuerdo que los demás tenían de él, descubre que la verdadera forma de superar el duelo consiste en aceptar que todavía les necesita. De los marginados de los Thunderbolts a los huérfanos cósmicos de los Guardianes, y ahora a un Parker que ha aprendido a vivir sin ser recordado, el nuevo UCM parece estar construyendo una misma respuesta a una misma herida —la soledad no se vence aprendiendo a sobrevivir solo, sino encontrando con quién sobrevivir acompañado—. Quizá sea precisamente eso por lo que esta película me interesa más cuando deja de hablar de Spider-Man y empieza a hablar de algo mucho más sencillo: la necesidad de tener a alguien al lado. Junto a Thunderbolts* y Guardianes de la Galaxia Vol. 3, aparece una conversación más interesante que cualquier conexión entre universos o personajes. Las tres películas hablan de personas que han aprendido a sobrevivir desde la herida. Personas que convierten el aislamiento en una forma de identidad porque resulta menos doloroso necesitar a alguien que aceptar que pueden volver a perderlo.
La diferencia es que Peter llega a esa conclusión después de haber convertido la soledad en identidad. Su Spider-Man es ahora más físico porque también es más corporal su dolor. Cretton ha señalado que quería que la acción pudiera sentirse realmente registrada por la cámara. El cuerpo de Peter se convierte así en el lugar donde colisionan sus dos identidades: cuanto más intenta vivir como Spider-Man, más difícil resulta mantener separado al hombre de la máscara. La evolución física que atraviesa durante la película radicaliza esa contradicción. El cuerpo comienza a cambiar cuando Peter ha reducido su existencia al héroe. Lo que podría parecer una simple mutación superheroica adquiere entonces una dimensión simbólica: intenta separar quirúrgicamente a Spider-Man de Peter Parker y su propia biología se niega a aceptar esa división. El cuerpo recuerda aquello que la memoria de los demás ha olvidado.
Ahí está también la conexión con la forma en que Cretton entiende la acción. La experiencia de Shang-Chi y la presencia de colaboradores como Peng Zhang hacen que el movimiento tenga una fisicidad distinta: Spider-Man no flota sobre el espacio, lo atraviesa. Se golpea, cae, se estira, gira, se balancea. El traje se arruga y se tensa con él. Cuando la cámara captura realmente parte de ese movimiento, la tela deja de ser un elemento de diseño y adquiere una dimensión casi anatómica. Spider-Man parece un cuerpo humano intentando sobrevivir dentro de un símbolo que le queda demasiado grande.
Por eso el traje funciona como la verdadera línea de continuidad de esta etapa. En Spider-Man: Homecoming (John Watts, 2017) fue una puerta de entrada a un mundo mayor; ahora es una piel que Peter tiene que aprender a habitar sin desaparecer dentro de ella. El traje ya no representa cuánto poder puede acumular Spider-Man, sino cuánto de Peter Parker está dispuesto a conservar mientras lo lleva.

La ironía es que Peter ha conseguido aquello que parecía imposible: ser Spider-Man sin que nadie sepa quién es. Pero el precio de esa anonimidad es empezar a olvidar que ambas identidades siempre fueron inseparables. La película no necesita que Peter se quite la máscara para encontrar al hombre que nunca dejó de estar debajo. Además, hay una idea profundamente arraigada en Spider-Man que a veces olvidamos: su grandeza nunca estuvo en poder hacerlo todo, sino en seguir intentando hacerlo a pesar de saber que no puede salvar a todo el mundo —“Siempre me levanto” (Spider-Man: Un nuevo universo, 2018)—. Brand New Day parece llevar esa contradicción un paso más allá después de perderlo todo y a todos. Peter confunde durante demasiado tiempo la fortaleza con la soledad. Ahí reside la pequeña tragedia del personaje: no se ha vuelto más fuerte porque esté solo; se ha convencido de que necesita estar solo por miedo a perder a alguien otra vez.
Por eso la película funciona mejor cuando deja que esa contradicción aparezca en el cuerpo, en el traje y en los silencios entre grandes escenas de acción (como esa en la que descansa en su cama, solo). Spider-Man puede seguir balanceándose por Nueva York, seguir recibiendo golpes y levantándose, pero nada de eso resuelve la pregunta que Cretton coloca debajo de la máscara: ¿qué queda de Peter cuando ya no necesita demostrarle nada a nadie? Quizá, simplemente, necesita de alguien que quiera quedarse a su lado y chocar los puños.
Y es donde aquella frase improvisada junto a la tumba de May termina funcionando como el verdadero destino de la película. Si Cretton la convirtió en su north star, Brand New Day puede entenderse como el camino hacia una conclusión sencilla: Peter no necesita volver, no puede regresar a ser lo que en su día dejó de ser. Lo único que Peter necesita es dejar de creer que para seguir siendo Spider-Man tiene que permanecer solo, ya que Spider-Man nunca fue una identidad que Peter Parker pudiera sobreponer, nunca fue una piel en la que habitar para olvidar; siempre fue una parte de él, siempre fue él… esa es su mayor responsabilidad. Quizá ese brand new day que envuelve la película no sea que Peter consiga finalmente separar al héroe del hombre, sino descubrir que nunca tuvo que hacerlo para ser amado y seguir siendo él.
Spider-Man: Brand New Day (EE.UU, 2026)
Dirección: Destin Cretton / Guion: Chris McKenna, Erik Sommers, Justin Kuritzkes / Dirección de fotografía: Brett Pawlak / Producción: Disney + / Música: Michael Giacchino / Reparto: Tom Holland, Zendaya, Sadie Sink, Jon Bernthall, Jacob Batalon
