EL DIABLO A TODAS HORAS

La cruz de mi padre

El diablo a todas horas. Revista Mutaciones

Netflix ha cogido la costumbre de apadrinar películas por su reparto. Blockbusters propios de cadena de montaje como Bright (2017, David Ayer) y la más reciente Proyecto Power (2020, Henry Joost y Ariel Schulman). Siempre de dudosa calidad, pero con un reparto lo suficientemente atractivo como para colocarlo en portada. El diablo a todas horas  (2020, Antonio Campos) es larga y no cuenta nada que no hayas visto antes o que sea especialmente interesante o inteligente, pero ahí tienes a Tom Holland y a Robert Pattinson para compensarlo.

Antonio Campos, que comenzó su carrera en territorio indie y siguió dirigiendo series,  entre ellas The Punisher y The Sinner (ambas también distribuidas por Netflix), regresa al cine con El diablo a todas horas, adaptación de la novela homónima de Donald Roy Pollock. El particular american gothic de Pollock toma forma en Knockemstiff, Ohio, su tierra natal, y Campos desarrolla su narrativa de forma extremadamente literaria sobre la fe, la espiral de odio y la violencia generacional apoyada por un lustroso reparto y poco más. El mayor problema de El diablo a todas horas es lo mucho que juega a ser una trascripción del libro que está adaptando, haciendo que la huella de Pollock se note en demasía. A señalar, sobre todo, la presencia de esa incesante narración en off para la cual Pollock presta su voz, y en cuyos momentos de ausencia tiendes a enarcar una ceja por salir de su propia costumbre, no solo describiendo lo que ocurre en pantalla, sino subrayando los pensamientos de sus no pocos personajes de forma constante y reiterada, e incluso encuentra tiempo para autofelarse y decir lo que piensa (¡el narrador omnisciente!) sobre los villanos de la función.

El ritmo alocado y desenfrenado hace mella tanto en los personajes como en las propias actuaciones de las estrellas que lo pueblan. Actores y actrices del calibre de Robert Pattinson, Tom Holland, Riley Keough o Mia Wasikowska, que saltan con la película de escena en escena sin parar (rara aquella que dure algo más de cinco minutos), con un montaje que corta y corta, y que resuelve habitualmente con el comodísimo plano contra plano. Temáticamente recuerda a la mucho mejor película Cruce de caminos (2012, Derek Cianfrance), drama que también trataba la violencia y la venganza como “herencia”, como una cruz que pasa del padre al hijo. La película de Cianfrance consiguió una fluidez estructural encomiable gracias a su separación en tres actos muy marcados y diferenciados, en los que sus respectivos personajes protagonistas brillaban por cómo contrastaban los unos con los otros gracias a la caracterización que ofrecía cada actor.

Los convencionalismos formales terminan por convertir a El diablo a todas horas en un producto más que se perderá en el abultado catálogo de Netflix sin pena ni gloria, una obra olvidable que se sabotea a sí misma al no dejar respirar a sus actores, en especial Tom Holland, que en toda su seriedad consigue que su papel protagónico sea lo más salvable de la última película de Antonio Campos.


El diablo a todas horas (The Devil All the Time. Estados Unidos, 2020)

Dirección: Antonio Campos / Guion: Antonio Campos, Paulo Campos / Producción: Jake Gyllenhaal, Riva Marker y Randall Poster / Fotografía: Lol Crawley / Música: Danny Bensi y Saunder Jurriaans /Reparto:  Robert Pattinson, Tom Holland, Bill Skarsgård, Mia Wasikowska, Jason Clarke, Sebastian Stan y Riley Keough

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.