LOS MALDITOS
El tiempo de un wéstern sin horizonte

Todas las películas que se ambientan en el pasado, especialmente aquellas que lo hacen en un momento en el que todavía no existía el cine, se enfrentan a la cuestión de cómo representar aquellos tiempos que no compartieron con el arte que los va a mostrar. Aunque es posible que no todos los cineastas se planteen esta cuestión, todo parece indicar que Roberto Minervini, director de Los malditos (2024), sí que se ha hecho esta pregunta y ha construido su respuesta a través de las formas que adopta su último largometraje.
Por eso, la de Minervini es una película ambientada en 1862, y que, a su vez, es muy conscientemente una película de 2024. El director mezcla coherentemente los referentes pictóricos y fotográficos (de una fotografía que acababa de nacer) de la época en la que ocurre la ficción con la dicotomía de toda película de la imposibilidad de captar un tiempo ajeno a su presente. Así, la amplitud del formato (1.85:1) y las lentes utilizadas, que producen lo que se conoce como viñeteado, un efecto por el cual el centro de la imagen queda muy definido mientras que los bordes se difuminan y oscurecen, recuerdan a la vez a los paisajistas del luminismo americano como Albert Bierstadt y a las primeras fotografías o daguerrotipos. Si bien la película también cuenta con algunos grandes planos generales que muestran la amplitud de los paisajes de la Montana en la que transcurre la acción, gran parte de las imágenes que la componen son planos donde la cámara, cercana a los protagonistas y desde atrás, sigue al grupo de cartógrafos. Aunque estos encuadres donde la espalda de los actores ocupa gran parte del mismo y se interpone entre la cámara y el paisaje recuerdan a unas imágenes del ahora, las de los videojuegos en tercera persona, la relación de estas composiciones con el presente va más allá de este parecido formal. Al no independizarse de sus protagonistas y mantenerlos en la mayor parte de los casos dentro de la imagen, se genera una mayor asimilación del punto de vista por parte del espectador. La película se convierte así exclusivamente en aquello que ven los protagonistas. Lo que los personajes no pueden percibir tampoco lo percibe la película, queda en off o emborronado.

Cabe preguntarse por qué justamente un wéstern, el género que tradicionalmente se ha ocupado del horizonte, se acerca ahora a las figuras humanas, provocando que se pierda la perspectiva. Es relevante que Los malditos no es el único largometraje contemporáneo que a pesar de ambientarse en bastos parajes, abandona la amplitud para acercarse a sus personajes. Meek’s Cutoff (Kelly Reichardt, 2010) un film que puede llegar a considerarse antecesor directo del de Minervini, comparte con este algunos referentes visuales, pero, sobre todo, la ausencia de independencia de la cámara respecto de sus protagonistas. De hecho, Reichardt da un paso más allá, porque el punto de vista no corresponde a todos los colonos por igual, sino que es el de ellas, las mujeres de la caravana. La directora hace explícito el posicionamiento del film manteniendo inteligibles todas aquellas conversaciones de las que las mujeres son excluidas. Del mismo modo, la composición fotográfica y la lente, junto con el fuera de campo de Los malditos, tampoco revela nada que los cartógrafos no sepan. La película nunca avanza más allá de lo que avanzan ellos, por eso tampoco podemos saber si el final de la misma también es su final.
Paradójicamente, el wéstern moderno limita sus horizontes, atando la película a las vivencias de sus protagonistas. Pero esto no siempre ha sido así (más bien al contrario). Incluso en los tiempos en los que este género trataba a los nativos americanos como la otredad, otorgándoles únicamente la cualidad de ser los enemigos, el metraje de estas películas les entregaba algunas imágenes (pocas) que sí que correspondían a su punto de vista. La conquista del oeste (Henry Hathaway – John Ford – George Marshall, 1962) y su Ultra Panavision 70 mostraban a los nativos que observaban desde las alturas la caravana de los protagonistas. Cómo olvidar ese plano de La diligencia (John Ford, 1939), ese que Tag Gallager en el videoensayo Dreaming of Jeanie consideraba el más grande del cine hasta la fecha, que John Ford recupera más tarde para acabar con un paneo con el que muestra que quienes miran en realidad son los Apaches. Si bien es cierto que estas secuencias servían para subrayar la amenaza a la que se enfrentaban sus protagonistas y generar una anticipación dramática, suponían una independencia de la película respecto de sus personajes principales. Pero Los malditos no puede (ni aparenta querer) obviar que es hija de su tiempo. A pesar de retroceder más de 100 años en la historia, es una película sobre la angustia vital actual. La incertidumbre nos rodea y solo podemos ambicionar conocernos a nosotros mismos, por eso la película no pretende capturar más de lo que sus protagonistas experimentan. La imposibilidad de proyectar un futuro de los tiempos contemporáneos ha producido que el wéstern abandone una de sus características más esenciales. El horizonte paisajístico desaparece en un tiempo en el que es difícil trazar el horizonte de nuestro futuro.
Los malditos (The Damned, Italia-Estados Unidos-Bélgica, 2024)
Director: Roberto Minervini / Guion: Roberto Minervini / Reparto: Jeremiah Knupp, René W. Solomon, Cuyler Ballenger, Noah Carlson, Judah Carlson, Tim Carlson, Bill Gehring / Música original: Carlos Alfonso Corral / Director de fotografía: Carlos Alfonso Corral / Montaje: Marle-Hélène Dozo / Sonido: Bernat Fortlana Chico / Producción: Paolo Benzi, Denise Ping Lee, Roberto Minervini, Paolo Del Broco

Artículo muy interesante y muy bien escrito. Enhorabuena a la autora.
Tengo muy buenos recuerdos de tardes en familia viendo en TV wésterns americanos, y también rodados en España e Italia. Un wéstern actual atrae mucho por ver el enfoque del director y por revivir una época histórica y unos personajes y paisajes anclados en la memoria de personas nacidas en los años 50 y 60, como yo.
También mis hijos mucho más tarde han disfrutado en familia de los buenísimos e inolvidables wésterns que yo veía de niña. Clásicos e historia del cine para siempre .
Por eso me interesa mucho ver esta película que tan bien describe Ione Monje.
Enhorabuena por el artículo.
Buen análisis desde la perspectiva del cine actual. He visto la película y md ha llamado la atención esta firma de enfocar la atención más en los personajes que en la acción típica del western. Una mirada introspectiva sobre el western. Interesante y recomendable.
Gracias por la recomendación.
Me parece interesante la historia contada con un enfoque diferente del wéstern
La descripción de la técnica de la fotografía me ha dado pistas para poder saborear mejor esta película.
Muy buen artículo