LOS ILUSOS 13+13
Genios o enamorados
«¿Por qué te vas?
Porque ya nada significa mucho para mí.
¿Por qué te vas?
No lo sé. Nunca lo he sabido.»

Un gran plano general que remite al paseo por la playa de Los inútiles (Federico Fellini, 1968). León (Francesco Carril), Bruno (Vito Sanz) y Lilian (Isabelle Stoffel) cruzan la plaza Mayor de Madrid. El zoom de la cámara revela poco a poco el vacío que les rodea. Sobre esta imagen se imprime la voz de Jonás Trueba, grabando un sonido ambiente del cielo de Madrid. Un Madrid vacío es un milagro que pocos han podido presenciar. El autor entra de pronto en la ficción como un personaje más. En otro momento, vemos a Trueba y al jefe de sonido, Victor Puertas, grabar una frase que Lilian ha dicho en la escena anterior, para captar el sonido más limpiamente. Estos wildtracks, objetos técnicos que se utilizan en montaje son un ejemplo de todos los restos que va dejando el cine a su paso. Es sobre estos retales que genera el proceso de creación cinematográfica sobre los que se construyó Los ilusos (2013) hace 13 años. Si hacer una película con los restos era el gesto, restaurar los descartes, los retales, colorearlos y por tanto darles una segunda vida es algo más. Concederles un espacio dentro del cine, hacer del proceso de hacer una película la película.
Lo contrario a la luz es la sombra. El ocultamiento es absolutamente necesario para poder ver. El cine es un trabajo de intervalos de luz y oscuridad. En Los ilusos 13+13 (2026), el color y el blanco y negro se van intercalando, saltando del uno al otro como en una especie de parpadeo. El cine es un trabajo de intervalos de presencia y ausencia
Montar una película en 16mm. El empalme permite que no haya espacio entre ambos, o al menos de manera perceptible. Un corte es una frontera entre dos fotogramas. La cinta de empalme y el pegamento permiten que se unan, pero dejan un espacio microscópico entre ambos por donde la luz del proyector aún puede colarse. Las claquetas, los momentos antes del “acción”. Los tiempos muertos del rodaje son las fisuras por donde se cuela la luz en el rodaje y donde aparece la verdad de los personajes. Una secuencia recoge este instante de miedo e incertidumbre de Mikele Urroz, que en ese plano es Marina también, justo a punto de saltar a la ficción. Actriz y personaje esperan mientras se dan las últimas indicaciones, mientras se mide el foco. Al colorearlo permite ver el tono rosado de su piel y la sombra que genera un mechón de pelo sobre su cara. El primer plano, como decía Jean Epstein, configura la fotogenia del rostro en imperativo (miren, no aparten la mirada), agrandarlo para revelar el alma del personaje.

«La experiencia nos enseña que la pérdida de la memoria es tan inevitable como la angustia ante el futuro». Para Cherchi, la existencia de la imagen cinematográfica pasa por su destrucción al ser visionada. Colorear una obra que ya fue estrenada supone un ejercicio de resurrección, de poner en diálogo una obra con un contexto distinto del que fue creada. «El creador de imágenes en movimiento elabora recuerdos o visiones de lo que está por venir, en la grata creencia de que existirán para siempre en un eterno presente». Los ilusos ha habitado durante años en la memoria del espectador que la vio hace trece años. ¿Acaso cualquier película que no está accesible en plataformas, en mediatecas o ni siquiera en las redes de piratería existe? Durante años solo han existido las versiones que recordaban aquellos que la veían, que no eran una única, sino tantas como espectadores.
«Desde que se inventó el cine, vivimos tres veces más»
El encuentro con el otro, como cuando León y Sofía (Aura Garrido) se encuentran por primera vez, es volátil. Así que León lo relata una y otra vez, lo vuelve a montar en su memoria, cambiando los ángulos de cámara, montando las acciones repetidas. Volver a vivir algo por primera vez. Cabría plantearse, entonces, cuántas vidas tiene una película, cuántas versiones existen de la misma y, por tanto, cuántas veces podemos habitar una película y que siga siendo la misma.
«Jugarán otros niños en el prado»
La pervivencia de las imágenes vendrá marcada por la conservación de las películas, pero también por aquellas personas que la vieron. En la última escena de Los ilusos 13+13, dos niñas (Violeta Rebollo y Malena Rebollo) juegan con cintas VHS. Tiene sentido que entonces la película empiece con unas manos anónimas que enseñan una colección de diapositivas, también obsoletas en lo que respecta al visionado de imágenes en movimiento. Las imágenes que se destruyen para dejar paso a unas nuevas, como dejar de amar para poder amar de nuevo, con más fuerza. Como esa copia de Los ilusos que será la que seguirá perviviendo en el recuerdo, como la primera vez, el primer beso. «Sé que nunca alcanzaré las cimas de la genialidad y, lo más abrumador, acongojante aún, sé que el momento del amor se escurrió entre mis dedos para siempre».
«El primer beso. Ella le pregunta si va a cuidarla. La pregunta flota, adquiere un significado involuntariamente grave, fuera de lugar. Pero él responde que sí».
Los ilusos 13+13 (Jonás Trueba, 2026, España)
Dirección: Jonás Truea / Guion: Jonás Trueba / Fotografía: Santiago Racaj / Producción: Los ilusos films /Montaje : Marta Velasco / Arte: Miguel Ángel Rebollo / Vestuario: Laura Renau/ Sonido: Victor Puertas/ Reparto: Francesco Carril, Vito Sanz, Aura Garrido, Mikele Urroz, Isabel Stoffel
