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LA DEUDA

La condena de clases

Desde que Daniel Guzmán ganase su primer Goya con el cortometraje Sueños (2003), se hizo un hueco en el panorama cinematográfico español –Un galardón que repetiría como mejor director novel por A cambio de nada (2015)–, pero su verdadero éxito no llegó hasta que interpretó a Roberto en Aquí no hay quien viva (Laura Caballero y Alberto Caballero, 2003-2006), donde el público mayoritario empezó a reconocerlo. En 2022 llegó su segundo largometraje como director, Canallas, y este 2025 su tercero, La deuda. Largometraje exhibido en el Festival de Málaga, donde participó en la sección oficial y que llegó a la cartelera el pasado viernes 17 de octubre. En este nuevo proyecto, donde Guzmán se ha volcado plenamente —ha sido guionista, productor, protagonista y director—, identificamos varios rasgos que ya empiezan a ser un clásico dentro de su cine.

La deuda Revista Mutaciones

A través de actores no profesionales e historias muy humanas, vinculadas con el cine social y con recuerdos al cine quinqui de los 80, el cineasta hace valer su arte, cada vez más asentado y personal en todos sus trabajos. En esta ocasión es la historia de una pareja de protagonistas que habita el centro de Madrid y que podría ser cualquiera.. Esto se refleja en cómo se nos presenta al dúo: una cámara aérea se pasea por el cielo y acaba aterrizando en ellos, personificando a estos dos rostros perdidos en un mar repleto de personas como es la capital. La pareja dramática demuestra una gran química en los silencios, en el humor y en las interacciones que comparten. Solo ha sido posible gracias al cuidadoso proceso de selección que ha llevado a cabo el cineasta para encontrar a su compañera ideal.

El dúo protagonista son Lucas (el propio Guzmán) y Antonia (Rosario García), un hombre que ronda los cincuenta años y una anciana ya adentrada en su novena década y muy castigada, que comparten un piso a pesar de no tener vínculos sanguíneos, pero sí un fuerte lazo sentimental. Ambos tratarán de mantenerse en su hogar a pesar de que un banco quiera desahuciarlos para hacer pisos turísticos. Situación que conducirá a una de las partes a un momento crítico que la llevará al límite, haciendo lo que haga falta.

Se convierte así en un thriller melodramático que da pie al desarrollo de la historia a través de errores y malas decisiones que debe tomar exclusivamente la clase obrera debido a la precarización de los servicios sociales y el estado de bienestar. El director ha asegurado en alguna entrevista que se inspiró en una vivencia junto a su abuela Antonia Guzmán—nominada al Goya como mejor actriz revelación en 2015 por su interpretación en la película su nieto— para hacer este trabajo.

La deuda es la producción más ambiciosa de Guzmán hasta el momento. En ella vemos desde persecuciones policiales hasta un elevado número de localizaciones. Sin duda, es un trabajo en el que tanto él como el equipo se han desfondado para traer una trama que, por momentos, resulta algo caótica, pero que rápidamente sabe reconducirse y reducir intensidad con la aparición de Antonia. La veterana actriz novel brilla y hace suyas las escenas en las que aparece, como si este no fuese su primer trabajo. A través de un humor mordaz, sus tajantes líneas de diálogo y una gesticulación destacable, teniendo en cuenta su situación, consigue emocionar al público y provocar risas en la audiencia especialmente emocionada por el resto del metraje.

La deuda Revista Mutaciones

Ibon Antuñano, encargado de la fotografía del largometraje, tiene la sensibilidad de mostrar a dos personajes que se encuentran superados por las circunstancias, sus decisiones y la ciudad. Lo consigue con planos donde se sigue a los personajes a través de las calles como si el objetivo de la cámara también fuese una prófuga de la justicia o una recadera de una delicada trama de mafias que se siente acosada y en constante peligro. Esto, acompañado de la música de Richard Skelton, añade tensión y angustia en las escenas exteriores, en los vehículos, o en el final de la obra, donde replica la secuencia inicial pero esta vez optando por cerrar con el plano amplio, que deja intuir el destino y la deuda del personaje hasta que los planes cambian de manera súbita. Contrasta con la planificación y montaje de las escenas de interior sostenidas en torno a planos-contraplanos.

La deuda recuerda a En los márgenes (Juan Diego Botto, 2019), película que supuso su debut en el largometraje y estuvo protagonizada por Penélope Cruz y Luis Tosar–quien repite en el cine de Guzmán–. Ambas son el reflejo de tramas comunes: la historia que no cuentan los matinales televisivos porque están más preocupadas por narrar el problema de “los okupas que le arrebataron la casa a la anciana que bajó a comprar el pan” o, adentrándonos en la ficción, la tragedia familiar que experimenta el personaje interpretado por Itziar Ituño. Esta actriz, junto a Rosario García y Susana Abaitua, ponen color al elenco que aparece a lo largo del largometraje,, alejándose de la escala de grises en la que parecen estar perdidos todos las figuras masculinas.

Guzmán estrena un largometraje plagado de realidad, emotividad y adrenalina —aunque muchas veces tanta agitación no juegue a su favor—, pero que plasma la realidad social del momento en un país donde el acceso a la vivienda, la gentrificación o los problemas laborales al llegar a cierta edad son más comunes de lo que se ve y quieren mostrar.


La deuda (Daniel Guzmán, España, 2025)

Dirección: Daniel Guzmán / Guion: Daniel Guzmán / Música: Richard Skelton / Fotografía: Ibon Antuñano / Productoras: Coproducción España-Rumanía; Aquí y Allí Films, El Niño Producciones, La Mirada Oblicua Producciones, Avanpost, RTVE, Movistar Plus+, Canal Sur y Telemadrid. / Reparto: Daniel Guzmán, Rosario García, Luis Tosar, Itziar Ituño y Susana Abaitua  

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