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ADORABLE

¿Cuándo volverás a ser quién conocí?

Frédéric Beigbeder teorizaba y estudiaba en su novela El amor dura tres años la fecha de caducidad de los sentimientos de los amantes. El escritor defendía la idea de que, a partir de ese tiempo, la monotonía y el hastío acababan con la vida conyugal, y que las parejas que continuaban lo hacían porque se dedicaban a esconder la suciedad debajo de la alfombra. Zahara, en Guerra y paz, canción perteneciente a su disco Astronauta (2018), planteaba una idea parecida: relataba la relación de una pareja que, aunque ellos no lo sabían (o no querían saberlo), hacía tiempo que había roto, por mucho que ninguno lo verbalizase. Esto mismo parece querer mostrar Lilja Ingolfsdottir en su debut cinematográfico, Adorable (2024).

Adorable Revista Mutaciones

En este largometraje, la directora noruega plasma cómo la normalidad de Maria (Helga Guren) se ve abruptamente alterada cuando su esposo (Oddgeir Thune) decide solicitarle el divorcio. A lo largo del metraje, se observa cómo ella ha entregado su vida y ha abandonado sus aspiraciones laborales a favor de las de su marido, un hombre cuyo éxito profesional lo obliga a pasar muchas jornadas fuera del hogar. Una dinámica poco sostenible que acaba eclosionando en una fuerte pelea, donde Sigmund, cansado de las formas de su esposa, decide pedirle el divorcio. Algo que no deja de ser llamativo, ya que la película hace uso del recurso narrativo de la elipsis para dar un gran salto en el tiempo: del inicio de la relación, donde la velocidad de los primeros momentos y las noches cortas nos envuelven, pasamos —tras un cartel que indica una diferencia de siete años— a los fríos abrazos, los besos forzados y las caricias vacías.

La canción de Zahara, mencionada al principio, representa la ruptura de sus enamorados como algo causado por la distancia y el paso del tiempo: dos personas que se enamoraron de lo que un día fueron, pero que ya son tan solo ecos de un pasado, basando su amor en recuerdos cada vez más borrosos y difíciles de evocar. Una nostalgia que estructura sus rutinas, mientras se dan cuenta de que ya son dos desconocidos, faltos de complicidad, de lo que fueron algún día. La directora copia esta tesis y la replica a través de sus protagonistas, pero añadiéndole más capas y dificultades con la aparición de cargas familiares.

Este largometraje no presenta villanos ni víctimas: escenifica la crudeza y las asperezas que sobresalen cuando una relación se acaba y cada uno decide tomar su camino, a través de una fotografía sobria y cuidada al detalle. Es difícil no empatizar con los dos personajes, porque la cordura parece pertenecer, por momentos, a uno y, por momentos, al otro. Noah Baumbach dirigió en 2019 Historia de un matrimonio, una cinta que, como esta, simboliza que existen muchas formas de afrontar una ruptura, pero todas igual de dolorosas, porque el sufrimiento y la tristeza son inevitables.

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El duelo consta de varias fases, y Guren se encarga de mostrarnos todas y cada una de ellas de una manera muy destacable. La actriz se enfrenta al que probablemente sea el papel más importante de su carrera y a través de su gestualidad y lenguaje corporal consigue hacer que cada escena en la que aparece sea suya. Esta interpretación que atraviesa al espectador gracias a la contundencia de sus frases se observa el amplio abanico de sentimientos, contradicciones y realidades que experimenta una enamorada rota de dolor cuando su interés romántico, en torno al que tiene estructurada su vida, corta los vínculos con ella y conmueve al público con su monólogo final.

Albert Camus escribía en La muerte feliz: “Créeme, no hay gran dolor, grandes arrepentimientos, grandes recuerdos. Todo se olvida, incluso los grandes amores. Esto es lo triste y a la vez lo bonito de la vida”. Porque, por doloroso que sea, de todo se acaba saliendo: no hay un dolor que sea eterno ni una pena que dure para siempre. Tan solo hay momentos poco digeribles, imposibles de acompañar de música, como es el caso de esta película, que no cuenta con ella ni en los títulos de crédito. Tan solo el silencio y el eco de los pensamientos de la protagonista.

El debut de Ingolfsdottir sorprende, ya que, tras ver su primer largometraje, da la sensación de que ha tardado demasiado en llegar y podría haberlo hecho mucho antes por la manera que tiene de contar y rodar. La cineasta presenta este filme que se siente como el diario de una ruptura, en el que podemos ver todas las estancias y el paso del tiempo tras la temida despedida: desde los “¿Cómo era el amor? ¿Qué sentías por mí? No consigo recordar”, a los reproches y los “Tú eres lo que nunca dijiste ser”; de las dudas y los “¿Qué voy a hacer con todos los abrazos que hice a medida para ti?” a los “Iba a ser imposible salir ileso”.


Adorable (Elsklingak, Lilja Ingolfsdottir, Noruega, 2024)

Directora: Lilja Ingolfsdottir / Guion: Lilja Ingolfsdottir / Fotografía: Øystein Mamen / Productoras: Amarcord y Nordisk Film / Distribuidora: a contracorriente films / Reparto: Helga Guren, Oddgeir Thune, Maja Tothammer-Hruza.

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