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LA CHICA DEL CORO

Crecer entre contradicciones

Resulta difícil no relacionar algunas películas de 2025 interesadas en la experiencia de niñas y adolescentes frente a marcos morales que empiezan a resquebrajarse. En El sonido de la caída (Mascha Schilinski), ese proceso aparece ligado a la memoria y a la herencia familiar. Los domingos (Alauda Ruiz de Azúa) gira alrededor de una vocación religiosa desconcertante y el deseo de ingresar a un convento. El primer largometraje de Urška Djukić, La chica del coro, se emparenta con las mencionadas, pero desplaza el foco hacia los pensamientos de la protagonista, Lucija (Jara Sofija Ostan), una adolescente recién llegada a un coro femenino, confundida por el despertar de su sexualidad que entra en tensión con las voces de su madre, sus compañeras y las instituciones.

El preciso trabajo fílmico de la directora establece la temática desde una primera secuencia. Esta confronta una imagen medieval que muestra una de las heridas en el cuerpo de Cristo —aunque visualmente remite más a una vagina— con los primeros planos de ojos, bocas, narices y dedos de las niñas del coro, sus sentidos. Son las piezas de un puzle que la mente de la protagonista no consigue poner en orden y que se revuelven aún más con la presencia masculina.

La chica del coro Revista Mutaciones

La presentación de los hombres en pantalla se produce siempre detrás de obstáculos, plantas o cuerpos en planos subjetivos de Lucija. Su padre toma la siesta en el sofá con un brazo en la cara, el director del coro luce al fondo entre los cuerpos de las demás chicas; el cura será visto de cabeza en un estiramiento de clase y un obrero llamará su atención, completamente desnudo, avistado desde el autobús, entre plantas y objetos. Ninguno de ellos ofrece claridad a la joven, que tampoco encuentra certezas en sus aparentes redes de apoyo.

Apenas comparte encuadres con su conservadora madre, quien le aconseja no pintarse y no crecer demasiado rápido. En el extremo opuesto aparece Ana-Marija, la integrante más popular del coro, empeñada en liberarla del peso moral que carga sobre sus hombros. La directora la rodea con frecuencia de naturaleza y la presenta en forma de tentación, una Eva capaz incluso de ofrecerle uvas para expiar los pecados. Entre ambas influencias tampoco parecen ofrecer respuestas las distantes religiosas, a menudo fragmentadas por el encuadre, que resguardan un convento en reparación, cubierto por andamios que funcionan como una clara resonancia visual del crecimiento inacabado de la protagonista.

Esa misma inestabilidad alcanza incluso al título, cuyo sentido se desplaza de un idioma a otro. El original en esloveno es Kaj ti je, deklica (Qué te pasa, niña) y el oficial que ha elegido la directora en inglés: Little Trouble Girls (Pequeñas chicas problemáticas), mismo nombre que la canción de Sonic Youth que acompañará unos créditos finales hipnóticos. De hecho, la cineasta ha mencionado en entrevistas su fascinación por la canción de Kim Gordon, la cual adopta una voz que mira la adolescencia desde dentro y se emparenta con la experiencia de Lucija: “Until I found myself floating in the sky, I’m sorry mother, I’d rather fight than have to lie”.

La chica del coro Revista Mutaciones

La película evita los discursos explícitos y privilegia las sensaciones. El despertar sexual de Lucija atraviesa texturas, respiraciones y gestos que convierten la película en una experiencia corporal con planos cerrados y un diseño sonoro capaz de emparentar los sonidos mecánicos del cuerpo con los de la música eclesiástica. Djukić incluso encuentra formas poco habituales de filmar el deseo: una masturbación puede mostrarse mediante un primer plano de la hendidura entre las clavículas. Una imagen tan sencilla como reveladora de su apuesta por los sentidos.

Con apenas noventa minutos de metraje, La chica del coro se instala con naturalidad junto a algunas de las propuestas más destacadas del año. No alcanza la dimensión poética de El sonido de la caída, cuya ambición formal y temporal la sitúa en otro registro, pero toma fuerza en su atención al presente. Vista junto a Los domingos, incluso parece iluminar una zona que aquella prefería mantener a distancia. Mientras la película de Alauda Ruiz de Azúa mantenía una cierta opacidad respecto a los pensamientos y motivaciones de su protagonista, La chica del coro nos introduce de lleno en la experiencia de Lucija. Entendemos qué teme y qué conflictos atraviesa, de modo que sus decisiones no resultan tan enigmáticas. Quizá por eso Lucija se percibe como un personaje más cercano, tangible y comprensible que Ainara.


La chica del coro (Eslovenia, 2026)

Dirección:  Urška Djukić / Guion: Urška Djukić y Maria Bohr / Dirección de Fotografía: Lev Predan Kowarsi / Montaje: Vladimir Gojun / Producción: David Cej / Música: Kranjcan Lojze / Reparto: Jara Sofija Ostan, Mina Švajger, Saša Tabaković, Nataša Burger, Staša Popović, Mateja Strle, Irena Tomažin Zagoričnik y Saša Pavček.

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