NINO
Pensar en el ahora

«El tiempo es una ilusión. Solo existe cuando pensamos en el pasado y el futuro. En el presente, aquí y ahora, el tiempo no existe». La frase de Marina Abramović atraviesa Nino (Pauline Loquès, 2025) incluso antes de ser mencionada dentro de la propia película. La irrupción de una noticia inesperada en la vida cotidiana altera de forma precisa nuestra percepción del tiempo. La película sigue a un joven parisino de 28 años que, tras acudir al médico por un dolor de garganta aparentemente inofensivo, recibe el diagnóstico de un cáncer provocado por una transmisión sexual contraída años atrás. A partir de ese momento, acompañamos a Nino durante los tres días posteriores a la noticia, construyendo una experiencia del tiempo suspendida, cercana a la que proponía Cléo de 5 à 7 (Agnès Varda, 1962) donde el relato comprimía unas pocas horas de vida en el tiempo de una película, Nino traslada esa misma atención al presente a lo largo de tres días. Sin embargo, lo hace desde una sensibilidad contemporánea, encontrando una frescura particular en la manera de filmar los cuerpos, las conversaciones y los encuentros fortuitos que terminan dando forma a la experiencia del personaje.
Durante apenas tres días, el diagnóstico obliga al protagonista a abandonar cualquier proyección hacia el futuro y a habitar únicamente el presente. El tiempo deja de ser una línea continua para convertirse en una materia del ahora. Incluso el propio dispositivo narrativo insiste en ello: la urgencia médica que rodea a Nino le recuerda constantemente que su situación requiere atención inmediata, alterando por completo su relación con el mundo. La película encuentra así su fuerza en la vulnerabilidad de su personaje. Loquès filma la incertidumbre, la inexpresión y el desconcierto de intentar comprender qué hacer con una noticia que transforma de golpe toda percepción del mañana. Sin embargo, en medio de esa fragilidad también emerge un profundo deseo de vivir. La cámara rara vez abandona a Nino, le persigue en sus idas y venidas, entre amigos, casas, fiestas y mercados; permanece cerca de su rostro, de sus silencios y de la forma en que observa lo que le rodea. Esa proximidad encuentra uno de sus momentos más bellos en el diálogo que establecen dos secuencias separadas en el tiempo pero filmadas de manera semejante: una junto a su madre y otra junto a Zoe, la mujer con la que se encuentra por azar en un bar y que, desde entonces, parece encarnar la posibilidad de una vida futura para Nino. En ambas, las manos se convierten en el primer gesto de contacto. La madre acaricia el rostro de Nino, que más tarde será quien traslade esta acaricia a Zoe. A través de esas caricias, la película convierte el tacto en una afirmación de la vida, un pequeño acto de resistencia frente a la incertidumbre y al miedo que atraviesan el presente.
En el contacto se expresa aquello que Nino es incapaz de verbalizar. Ocurre también en la escena en la que ayuda a su amiga a inyectarse las hormonas para la conservación de sus óvulos durante una fiesta. El cuidado vuelve a manifestarse a través del gesto, prolongando ese mismo patrón de afecto que recorre toda la película. La secuencia establece además un delicado eco con la situación del propio Nino, inmerso a su vez en un proceso de conservación de esperma. Ambos cuerpos quedan atravesados por una misma conciencia del tiempo y de la fragilidad del futuro. Así, el vínculo que comparten no nace de las palabras, sino de una cercanía espontánea que la cámara observa con una sensibilidad extraordinaria, convirtiendo cada roce, cada mirada y cada gesto de cuidado en una forma de amor posible. En esos momentos el tiempo deja de avanzar y la película se contagia de esa suspensión. La cámara ralentiza su marcha, se demora en los cuerpos y parece resistirse a abandonar los instantes compartidos. Como Nino, el film aprende a habitar el presente, encontrando en la fugacidad del ahora un refugio frente a las incertidumbres del futuro.
Nino (Francia, 2025)
Dirección: Pauline Loquès / Guion: Pauline Loquès y Maud Ameline / Dirección de Fotografía: Lucie Baudinaud / Montaje: Clémence Diard / Producción: Sandra da Fonseca / Blue Monday Productions, France 2 Cinéma / Dirección de arte: Aurette Leroy / Musica: Thibault Deboaisne, Gael Rakotondrabe / Reparto: Théodo
